domingo, 14 de septiembre de 2008

La matriz del capitalismo

Si todo se vende y hasta las santas patronas exigen su colaboración y Santa Rosa su sencillo y la virgen de Fátima sus emolumentos en forma de suvenires y cuchés, ¿por qué diablos no podrá venderse el himen?
Eso es lo que ha pensado la universitaria estadunidense que se hace llamar Natalie Dylan, una chica de 22 años que jura no haber sido penetrada sino por las ideas liberales y que ha puesto en subasta la pérdida de su virginidad en internet.
“Vivimos en una sociedad capitalista. ¿Por qué no puedo capitalizar mi virginidad?”, ha dicho esta discípula espiritual de Maritornes.
Y tiene toda la razón. Matando a su propio perro del hortelano, Natalie Dylan ha decidido volar alto -espera que alguien llegue a pagar hasta un millón de dólares por desmembranarla-, ha puesto en valor piernas, pechuga y encuentro y, acompañada de una foto que la muestra como una chica agradable, ha lanzado su desafío.
El problema es que e-Bay, el supermercado virtual, no ha aceptado incluirla en su menú de ventas.
Pero Natalie no se anda con rodeos. De inmediato ha buscado una vitrina aparente y la ha encontrado en la página web del comercio “Moonlight Bunny Ranch”, de Las Vegas.
Ese es un comercio especial porque se dedica –como diría un Góngora de Surquillo- al alquiler de plazas de garaje sexuales. Vamos, que es un burdel a todo meter y hasta con faroles rojos en sus búngalos trepidantes. Y allí ha terminado la foto de Natalie, como el bocado de cardenal más apetecible de todo Nevada. Un bocado que se entregará ante el cheque más gordo, prescindiendo de la apariencia de quien lo banque. Porque esas son las leyes del mercado.
Ahora bien, ¿cómo puede una chica que estudia en San Diego, California, y tiene 22 sólidos años haber conservado su virginidad?
Natalie jura que su castidad es producto del heroismo abstinente y de la autosatisfacción prudente. Y dice estar dispuesta a someterse al polígrafo y al médico legista que designe el hombre que quiera inaugurarla.
Lo que quizá juegue en contra de los intereses de la señorita Dylan es la escasa cotización que tiene actualmente en bolsa el valor de la virginidad. Excepción hecha de los pederastas y de algunos duques, pocos son los hombres que, a estas alturas de la historia de los sentidos, consideren la primera noche de una mujer como algo más que un molestoso hecho de sangre. Es que Miss Natalie quizás ignore la terrible frase de Paul Morand: “Era bella como la mujer de otro”.
Es probable que en el siglo pasado la puja por la virtud de esta estudiante -que quiere obtener un máster con el dinero que le rinda lo que asegura jamás haber usado a plenitud- habría originado un tumulto de angurrientos.
Y ya no digamos lo que hubiera significado en el siglo diecinueve.
Cuando Napoleón III se enamoró de la española Eugenia de Montijo no faltaron los que le dijeron que la tal dama ya había sido pasada por las armas. El emperador que tan mal terminaría quiso hablar del asunto, y sin tapujos, con Eugenia. Esta, que era de veras casta hasta parecer de mármol, terminó la defensa de su reputación con estas palabras: “Verdad es, Sire, que he amado, pero sigo siendo la señorita de Montijo”.
Napoleón III la obtuvo en matrimonio.
Pero esos eran otros tiempos.
En resumen, dudo mucho que algún desflorador, entre anacrónico y desdichado, pague un millón de dólares por incursionar en la señorita Dylan.

2 comentarios:

Aldito M. dijo...

En primer lugar la libertad es uno de los pilares junto a la dignidad humana sobre las cuales se asienta el estado Constitucional Y Democrático. Es así que cada uno de nosotros podemos hacer, pensar, escribir y decir lo que nosotros queremos sin vulnerar el derecho de los demás. Al ser un derecho fundamental la libertad debe ser garantizada por Estado como los particulares quienes.



La libertad guarda estrecha relación con el derecho a la Intimidad entendida como la esfera de decisiones netamente personales sobre las cuales no puede entrometerse ni el Estado ni los particulares.. Es decir, nadie puede interferir en cada una de las decisiones que tomamos, así como tomar conocimiento de las mismas, sin que se pruebe y alegue que se está vulnerando el derecho de otro. Es por ello que en casi todas las Constituciones sólo en casos excepcionales se permite el levantamiento de las comunicaciones, del secreto bancario y tributario. E incluso en algunas jurisdicciones en EEUU se ha alegado la intimidad para justificar el aborto.



Lo que Nataly Dylan subasta es su “primera vez” entendida ésta como un servicio personal que puede ser valorizado por el mercado. Se asemeja al servicio que ofrece un peluquero o un entrenador de gimnasio que ofrece sus servicios a cambio de una contraprestación dineraria.



¿Subastar la virginidad afecta un interés público? En los países donde la prostitución es un delito claro y expreso que sí, y por ende no podrá ser transado en el mercado al tratarse de un contrato con vicio de ilegalidad. Sin embargo, en los Estados donde la prostitución es permitida, es perfectamente factible poder realizar esa clase de transacciones sin ninguna clase de inconvenientes.



¿Cualquiera puede subastar su virginidad? No, debemos cumplir el requisito de capacidad sexual. Es decir dentro de la legislación local se establece una edad predeterminada para hacer ejercicio de nuestra libertad sexual. Por ejemplo en el Perú uno puede decidir con quien tener relaciones sexuales a partir de los 18 años. Y es precisamente a esa edad en donde uno puede hacer con su vida sexual lo que le plaza como ofertarla al mejor postor. Pero hay otros países en donde la libertad sexual es ejercida con ciertas limitaciones hasta cumplir la mayoría de edad. Esto ocurría en el Perú hace cinco años en donde a los catorce años uno podía decidir tener relaciones sexuales sin consecuencias penales para su pareja, sin embargo no podía ejercer la prostitución hasta que cumpla los 18 años de edad , que es la edad en la que un peruano obtiene la mayoría de edad.



Personalmente pienso que los principios morales de conservación de la pureza y la virginidad deben ceder frente al principio de libertad y el derecho a la intimidad. Una de las formas de desarrollo es obtener la mayor libertad posible para decidir sobre mi presente y futuro. Si recortamos el ámbito de decisiones de los hombres sencillamente afectamos su Dignidad como personas. En este caso no deberíamos permitir que la tiranía de las mayorías prime sobre la Dignidad de las personas. Si acaso llega a producirse alguna clase de daño moral a unos cuantos, pues que se aguanten, en pro de la Libertad.



Además, como decía Natalie Dylan vivimos en un país capitalista en donde los bienes son valorizados monetariamente y son transados libremente a través del mercado. Entonces ella tiene el derecho de poner precio a su virginidad y subastarlo públicamente al mejor postor. Los perjuicios como la reducción de puntos en el mercado de noviazgos y la mala imagen frente a sus compañeros y familiares han sido plenamente calculados por ella y contrastado con los beneficios que obtendrá del mejor postor. Es ella, y únicamente ella, ala que está en mejor posición para hacer estos cálculos y legitimada para tomar esta decisión en uso de su derecho a la intimidad y libertad.



¿Qué es la virginidad?



Como sostenemos, la virginidad puede ser transada en el mercado. ¿Pero qué vamos a transar? Esa es la gran interrogante.



Para no extender el texto les diré que en el caso de subasta de virginidad debe establecerse en la invitación a oferta pública específicamente a qué se obliga quien se califica como virgen. Es decir en qué consiste su virginidad. Es muy probable que se establezca que la posesión del himen es prueba irrefutable del mismo



De no detallarse este tema sencillamente nos someteremos a la interpretación caprichosa y cucufata que hagan los jueces de esa cláusula contractual. En ese escenario puede sostenerse el mero hecho de tener himen no es prueba suficiente, que debe probarse que no ha tenido novio. O si lo ha tenido, no ha pasado de los besos. O incluso pedirse algún medio probatorio para llegar a la convicción que nunca ha obtenido un orgasmo con lo cual se complica la cosa



¿Y por qué la gente ofrece tanto dinero?



Sencillamente Machismo puro. Aún se mantiene aquella clasificación de Hombre-público-líder vs. Mujer-pura-virginal-sometida. Además aún se mantiene aquella creencia medieval de que la mujer debe entregar su virginidad al Hombre de su Vida, su esposo con el cual formará un hogar. Es en aquella época en donde también los padres decidían con quien debía casarse su hija y en donde además se le prohibía toda clase de intervención en la vida pública.



Al parecer en el siglo XXI aún permanecen estos rezagos con gente que no duda en ofrecer fortunas con tal de hacerse de tan preciado tesoro femenino, y de chicas que tratan se sacar provecho del mismo.

Pepe Derteano dijo...

aldito m.

Me encantó lo que escribió y sobre todo lo que dejó de escribir, temática infinitamente superior.

La pregunta sería;

Estaría ud. dispuesto a colocar en plaza su virginidad anal, aunque esto suponga que un caballero de color serio pueda pagar lo que su estado mental, constitucional y democrático, tenga a bien solicitar, haciendo la salvedad que el precio mo incluiría besito ni descarga del glutinoso color y textura tropical.

Espero respuesta estimado aldito m.