miércoles, 13 de mayo de 2009

La fiesta inolvidable

En Valencia, España, este fin de semana, un hombre ha asesinado a su vecino con una katana.
¿El motivo? El ruido fiestero con el que el vecino torturó a quien terminó matándolo.
A mí lo que más justo me parece en todo este percance es lo de la katana, ese instrumento claro y limpio que también se usa para el arbitrio de las diferencias.
Y en cuanto al homicidio, no es que lo justifique. Es que envidio su autoría.
Ya hubiera querido tener el valor de este ciudadano ejemplar que, a las 2 de la mañana, impotente después de haber llamado a la policía, decidió que más vale la cárcel que el deshonor de vivir al lado de un insomne atorrante.
Y como del honor se trataba, ¡la katana! ¡Justicia Meiji!
Mi miedo a la cárcel y al escándalo, mi vil cobardía cívica me impedirán –ya lo sé- actuar de un modo tan drástico. Pero cuántas veces –debo confesarlo- he soñado tener un mortero de 105 milímetros y lanzar con él, en parábola perfecta, una granada israelí de uranio empobrecido o fósforo blanco sobre una de esas fiestas con las que la vulgaridad proclama su contento.
Vivo en una zona relativamente vivible y, sin embargo, cada cierto tiempo, debo tolerar, entre llamadas al serenazgo y delusiones homicidas, que un animal y su fauna próxima me digan, con tambores y voces, cuántos años cumple la compañera babuina, el hijito que devora bananos, el matrimonio de alfas que festeja.
No he conocido a un imbécil que no ame la estridencia. La estridencia de la voz que saluda, la del coche que trepida con el estéreo, la del grito que reconoce, la de la fiesta del cumpleaños, la del televisor que sacude la sala.
Siempre imaginé que el paraíso –si existiera- tendría que ser una comarca de gente considerada y amante del silencio. ¿Qué es la felicidad, al fin y al cabo? Pues la felicidad consiste en no tener que gritar.
Por razones obvias, el infierno tiene que ser una gran fiesta animada por Los Cinco, sudada por una provincia entera, respaldada por doscientos parlantes, interrumpida brevemente por la rifa de dos pasajes a Punta Cana.
He huido de muchísimas cosas. Pero de nada he huido con más espanto que del sonido de los borrachos decididos a hacerse notar. Y nada puede ponerme más cerca del crimen que el silencio de la noche violado por una recua.
Aprecio tanto el silencio que hasta huí de Wagner, que, siendo genial, prefirió muchas veces las cumbres del sonido y no las complejidades de la moderación. Y no necesito decir con qué palidez salí corriendo de Yma Sumac, esa estalactita pendiendo sobre el tímpano. O de Bárbara Streisand, esa trepadora de registros.
No hay nada procaz que se diga en voz baja. No hay vocerío en la fineza. La persuasión discurre: el odio grita. La muerte aparece en los estruendos. La vida es un agradable sonido de fondo de pájaros y grillos. Antes del estéreo fue el estornino.
Cuando González Prada habló de acabar con el pacto infame de hablar a media voz, le hizo un enorme daño al Perú. Porque la mayoría pareció no entender que este gran hombre hablaba de la hipocresía y la complicidad. Y como no entendió, supuso quizá que en el estrépito estaba el secreto y que despepitarse era vivir. Igual que el ruidoso de Valencia, pobre hombre.

7 comentarios:

Patricio Lynch Solo de Saldivar dijo...

Gildebrandt el Ollantista, partner de Martin Belaunde, Sofista rentado de Chavez, sucede que aveces me da pena...

aldito m. dijo...

La contaminación acústica (ruidos y vibraciones) no son sólo los ruidos propios y típicos de vecinos incívicos o de locales molestos, sino también de los originados desde la vía pública. El impacto sonoro que produce el transporte urbano, las obras públicas o las sirenas de vehículos de emergencia son fuentes sonoras revestidas de una cierta legitimación social de la que carecen los ruidos de vecinos irrespetuosos, pero no dejan de ser fuentes, igualmente, de contaminación acústica. El ruido no significa progreso en ningún sentido, sino todo lo contrario, y las fuentes de ruido, por muy legitimadas que estén socialmente y por muy necesarias que parezcan, deben controlarse y disminuirse en la medida de lo posible. Sólo en las sociedades más permisivas con las agresiones al medio ambiente (como la nuestra) son las más dañadas psicológicamente y las menos inteligentes para alcanzar cierto grado de civismo urbano.

Patricio Lynch Solo de Saldivar dijo...

Deben de aprender de los chilenos los naciInalista que somos miren



VER COMO SE HONRA A LA BANDERA EN CHILE DA CLICKyo personalmente como paquetes para todo el año

Humano 666 dijo...

No me parece digno de usted Señor Hildebrandt que piense en el silencio nacido de la brutalidad de cegar una vida, es verdad que el imbécil gusta de hacerse notar con el ruido y la cargada de los decibeles que anuncian un pequeño o grandioso logro, pero eso no es razón para matar y ahí no entra la cobardía o la valentía, ahí solo entra el deshonor.

En cuanto a la "bandera de Chile" me parece una muestra de arte mediocre y ofensiva, hay formas de protestar contra un sistema político, pero no se puede manipular el símbolo de ningún pueblo para conseguir el fin de la comunicación artística, "una bandera" simboliza muchas cosas y en el caso de la "bandera de Chile" esta también simboliza cultura sin fronteras, es la bandera de Claudio Arrau, de Violeta Parra, de Victor Jara, de Pablo Neruda, de Salvador Allende, etc, por lo tanto no se debe tratar de esa manera a la bandera de Chile como si Chile fuese solo la tierra de Pinochet y otros enfermos, no es ser pro-chileno, es solo sentido común y algo de empatía, ¿se imaginan la bandera del Perú como toalla higiénica o un letrina con los colores patrios?¿cabría decir que "eso no se hace con la bandera peruana" habiendo hecho algo similar o peor y con un idioma tan directo como son las artes plásticas? la respuesta es no. Que pena que en estos tiempos eso sea llamado arte.

Fio dijo...

Lo 1ro que hacemos cuando venimos al mundo... no es gritar con toda la fuerza de nuestros pulmonsitos?

La Academia Popular de Ciencias "José María Arguedas", dijo...

Siempre Hildebrant hace dde algo sencillo una buena columna, un buen reportaje. Basta leer su columna de hoy (14.05.09) para comprobarlo. Además, sabe introducir la crítica en esos sucesos sencillos de la realidad, que se ven todos los días, pero que los dejamos pasar porque nos parecen naturales.

Es un blog muy interesante.

Los invitamos a visitar nuestro blog, de seguro van a encontrar algo interesante:

http://apcarguedas.blogspot.com/

Saludos.

El Viejo dijo...

Igualmente no comparto siquiera el pensar asesinar a otro ser humano.