miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cuando el Chino era Luis XVI

El ingenio nunca se acababa cuando de defender al Chino y a su banda se trataba. Un fino intelectual, hoy reivindicado a su manera, inventó allá por junio del año 2000 la peregrina teoría de que la Edad Moderna había sido enterrada en el Perú de Fujimori. De lo que resultaba que Laurita Bozzo se convertía en Madame Pompadour y Gustavo Mohme Seminario era el asesinado Marat y este columnista equivalía a Hébert, el provocador. De esos y otros daños colaterales de lo más divertidos trata esta columna.
Estoy maravillado. Ayer leí a un señor llamado Ricardo Vásquez Kunze, cuya teoría es, simplificada, la siguiente: la Edad Moderna ha muerto en el Perú. ¿Qué?
Sí, como lo oyen: la edad Moderna, la de la Revolución Francesa, ha sido victimada en estas tierras históricas donde el indómito indio prefiriendo morir, etcétera...
Y cito al tal y portentoso Vásquez Kunze: “Pero el pueblo del Perú, más sabio en estas lides que el de Francia, le ha dado un golpe mortal al fanatismo...los han dejado hablando solos como corresponde a los patéticos hijos de esa locura llamada Modernidad”.
Lo que quiere decir es que el mensaje robesperriano de la oposición (todo invento suyo, claro) ha sido desoído por el pueblo.
O sea que el chino que reencauchaba llantas B.F.Goodrich (muy dignamente) es Luis XVI ¡Y no nos habíamos dado cuenta!
Y Laurita es María Antonieta, la pobre (con razón solicita –profética- collares para su cuello ya dodiciado). Y Robespierre es el cholo de acero inoxidable Alejandro Toledo, ¿no lo ven? Y Jaime de Althaus dirige a los girondinos. Y Marat será Mohme. Y el que escribe estas líneas -dice el monárquico de Expreso-, es nada menos que “la viva reencarnación de Hébert, periodista incendiario de lenguaje penetrante, obsceno y vituperativo”.
Mira tú. O sea que el tal monsieur Vásquez -o sea Vasqués-, el tal marqués imaginario, el tal duque de Feria y el tal barón de los Geranios, dice que el Perú reencauchado del Chino cochino es como el escenario de la Francia amenazada por la plebe piojosa.
Pero -esta es la diferencia, estúpidos- aquí la chusma no tomó la Bastilla, no tomó los Inválidos, no irguió guillotinas para la santa nobleza empelucada ni juzgó a los que durante años se habían creído el Estado en nombre de Dieu.
No, burros, aquí, en el Perú, la chusma fue vencida, los cuellos nobles protegidos por las bayonetas y el veneno de la igualdad disuelto en las aguas del Sena (o sea del Chillón nomás).
Aquí, en el país de las y los Madame Pompadour, ha vuelto Versalles -o sea una impetuosa imitación, pero vamos- y las turbas están en su sitio, donde debe ser, siempre a la espera de la caedura.
Y si el tiempo pasa y si este Luis XVI jalado nos sigue reinando retrocederemos, para gusto de Vasqués, y llegaremos a encontrarnos con el herbolario rosquete de “En nombre de la Rosa” y con los Papas que tenían sífilis, hijos, cardenales emponzoñados, y mataban sarracenos con sus propias y santas manos. Ah, qué épocas tan lindas.
Vasqués, ¿qué fumas?