martes, 31 de marzo de 2009

Sobre la imbecilidad

Hace poco apareció en una página web inglesa un aviso que decía: “Bronceado gratis, por radiación UV, para que luzcas envidiablemente tropical en tu trabajo. Sin aparatos: lo hacemos a través de la pantalla de tu PC o laptop”.
El aviso, que entusiasmó a millones, remitía a un rectángulo brillante que titilaba lanzando los UV que darían el tono caribe necesario para que te miraran de reojo en la oficina. De inmediato, sin embargo, aparecía un letrero vergonzoso que decía:
“No crea en tonterías: los rayos UV pueden matar”.
Se trataba de una campaña en contra del cáncer de piel, que en el Reino Unido mata a cinco personas por día según cifras oficiales.
Los millones de internautas UK que cayeron en la trampa, ¿eran, además de ignorantes, idiotas? ¿No les bastaba con no saber que UV es ultravioleta sino que, además, creyeron que de sus pantallas de computadora podían salir ondas de calor suficientes para broncearse?
Quienes piensan que la estupidez tiene bandera, himno, denominación de origen y hasta patriotismo, se equivocan: la estupidez es universal. Y, por lo tanto, también puede ser británica.
Basta recordar a la señora Thatcher hablando del nuevo mundo que estaba creando para comprobarlo. Y si eso no bastara, deberíamos asistir al espectáculo de sir Alex Ferguson, entrenador del Manchester United, masticando el mismo chicle de toda la vida mientras dirige a sus pupilos.
¿No están en esa cara de mandíbulas férreas la mirada de Jack el destripador, la crueldad del marqués de Queensberry y la tartamudez del todo ágrafa del príncipe Carlos?
Yo me convencí de que en Inglaterra también había imbéciles el día en que un guía turístico, perfectamente inglés, empezó a decir tonterías sin término en torno al fantasma más rentable del reino: el inexistente Rey Arturo.
Estábamos en un viaje por un extremo de la isla y el guía pretendía hacernos creer que esos muñones de piedra que apenas se asomaban entre la maleza había sido uno de los castillos en la ruta de los caballeros de la mesa redonda, con el dueño de la Excalibur a la cabeza.
Claro, dirán ustedes, no es que el guía fuese un imbécil: es que el guía creía que sus oyentes eran imbéciles de capirote y cirio. Y eso es cierto. Pero es que la primera característica de un imbécil es suponer que los demás se le parecen.
Y uno se pregunta: si en la supuestamente educada Inglaterra puede haber millones de burros que se ponen frente a su pantalla para tostarse, ¿qué se puede esperar de aquellas masas que no pasaron por la escuela y que creen que Dios habla cuando el cura murmura?
A veces tengo ganas de inscribirme en el Club de los Pesimistas Sin Remedio, que, como se sabe, no existe pero que preside, para todos los efectos, don Marco Aurelio Denegri.
Denegri es uno de los más firmes convencidos de que el mundo no tiene arreglo, de que la inteligencia es un don de poquísimos y de que la estupidez es la única pandemia que no está en los registros de la Organización Mundial de la Salud.
Lo que sí es seguro es que la estupidez se administra por los medios de comunicación y se contrae por contagio. Hagan la prueba: escuchen ciertas radios domésticas más de dos horas consecutivas y empezarán a sentir una falla de San Andrés en su cerebro, un colapso sináptico en el lóbulo frontal, un holocausto en la zona occipital vinculada al lenguaje.
En ese estado, “El Comercio” les parecerá un gran periódico, la selección peruana de fútbol “un equipo que conserva esperanzas matemáticas de clasificarse” y Alfredo Bryce el más original de los columnistas.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

lo que caracteriza y diferencia a los seres humanos de los demás seres vivos, es que nosotros le agregamos un peso adicional: este peso le llamamos estupidez.
El tema de la Estupidez humana ha sido muy tratado a lo largo de los siglos. ¿ Por qué será? ¿Quizás porque a los estudiosos les costaría admitir que padecen de este mismo lastre y podrían deprimirse y así nublar su genio con esa realidad?
Y quién sabe esto puede ser así, como lo dice el mismo Cipolla en una de sus Leyes Fundamentales de la estupidez humana, ésta es independiente de cualquier otra característica del ser humano, dicho en otras palabras, tan estúpido puede ser un científico como un ignorante, de allí se podría desprender, lo poco estudiado que ha sido el tema, puede ser que el orgullo científico haya pesado en ello.
Según Cipolla, las 7 Leyes fundamentales de la estupidez humana son:
PRIMERA LEY
• Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.
SEGUNDA LEY
• La probabilidad de que una persona
determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.
TERCERA LEY
Ley Fundamental (ley de oro), eje
esencial de su teoría. Esta ley afirma lo
siguiente:
En efecto, Cipolla distingue cuatro
grupos de personas dependiendo de su comportamiento en una transacción, es decir, atendiendo al beneficio o daño que generen sus acciones; así, una persona podrá ser:

Inteligente
Aquél cuya acción tiende a generar beneficios tanto para él mismo como para los demás.

Incauto
Aquél cuya acción genera beneficios a los demás y daño o pérdida para él mismo.

Malvado
•Aquél cuyas acciones proporcionan beneficio o enriquecimiento para él mismo, generando daños o pérdidas a los demás.

Estúpido
•Aquél cuya acción proporciona daños, pérdidas, maleficios..., tanto para él mismo como para los demás.

CUARTA LEY
• Las personas no estúpidas subestiman
siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

•QUINTA LEY

La persona estúpida es el tipo de persona

más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado

Con razón Einstein dijo:

"HAY DOS COSAS INFINITAS: EL UNIVERSO Y LA
ESTUPIDEZ HUMANA. Y DEL UNIVERSO NO
ESTOY SEGURO"
Albert Einstein (1879-1955)

• Algunos estúpidos causan normalmente sólo
perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.

La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de dos factores principales:

• Algunos individuos heredan dosis considerables del gen de la estupidez, y gracias a tal herencia pertenecen, desde su nacimiento, a la élite de su grupo.

• El segundo factor que determina el potencial de
una persona estúpida procede de la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad. Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el porcentaje de estúpidos más exquisito fundamentalmente estúpidos cuya capacidad para hacer daño al prójimo ha sido (o es) peligrosamente potenciada por la posición de poder que han ocupado (u ocupan).

Este ensayo es excelente porque como se dijo el tema ha sido muy poco estudiado y la estupidez humana, la individual y la colectiva ha sido la causante mayor a través de la Historia, del sufrimiento personal del ser humano y sus desastres sociales.
Personalmente identifico a un estúpido de muchas maneras, una de las que más acostumbro es cuando veo a una persona que se queda estupefacta mirando a alguien que no conoce porque se impresiono por su apariencia, sea que le gusto su rostro o no.
Ese estado catatónico de estupor identifica al estúpido que se impresiona fácilmente por una imagen, y se queda absorto sin poder hacer nada mas durante varios minutos incluso, a veces segregando saliva en exceso o babeando. Con razón la palabra estúpido viene de “estupor”. El estúpido no puede hacer otra cosa porque su capacidad para actuar de otra manera está bloqueada, se ha acostumbrado tanto a su estupidez que lo ve como algo natural y es capaz de hacer daño cuando determinadas circunstancias presentan las condiciones.
Para salir de esta maldición que es nuestra propia estupidez, hay que admitir que la tenemos en alguna medida, sólo así nos desprenderemos de ella, es una cuestión de ser sinceros consigo mismo, ¿Cuántos actos estúpidos hemos cometido y cometemos, aun sin darnos cuenta conciente de ello?.
Una manera de combatir la estupidez está claro es identificarla en nosotros, la otra es no perder el tiempo en riñas con los auténticos estúpidos, para los cuales “todo está bien”. Reñir con un estúpido es una tarea indigna para alguien que se considere inteligente, el estúpido contagia su idiotez y maldad por doquier. Como dijo Cipolla, el estúpido puede ser más peligroso que el malvado.

German S.P. dijo...

La carencia de la capacidad minima para asimilar información aunado a un total desinteres por dejar de ser ingnorante, demuestra con mayor facilidad la estupidez mundial del ser humano, o como le llamo habitualmente demuestra con facilidad a quienes pertenecen al 95%. El otro 5%?, no se puede asegurar que en algun momento no lo halla sido o lo sea, pero al menos tiene estadisticamente menor probabilidad.

German S.P. dijo...

Sr. Hildebrant le rogaria, tuviese la amabilidad de poder colocar las fuentes de sus revisiones en la medida de lo posible. Buenas noches.

Anónimo dijo...

DIME CESAR, POR FAVOR, DETECTAR A UN IMBECIL, LO CONVIERTE AL DETECTOR EN IMBECIL? YA QUE LA IMBECILIDAD ES CONTAGIOSA... POR EJEMPLO, SOMOS UN PAIS DE IMBECILES YA QUE HASTA AHORA ALAN GARCIA CONTINUA GOBERNANDONOS, O NO?

Anónimo dijo...

cuHablando de imbéciles... por que comentan dirigiéndose al chato Hildebrandt si este blog no es de él (lean la aclaración arriba a la izquierda) y más que seguro no lo lee, sarta de Imb...

Anónimo dijo...

mmmmm......acomplejadito resulto el chato, ¿Porque suponia que en Inglaterra no habia imbeciles....?

Anónimo dijo...

La imbecilidad ha sido bien descrita por el Sr. cesar Hildebrandt ,siempre con un analisis muy acertado ,Soy muy frecuente leedor de sus columnas de Cesar Hildebrandt siempre lo encuentro sus articulos que escribe muy interesantes,original y divertido,siempre utilizando la ironia ...me divierte.