jueves, 7 de febrero de 2008

Heroínas de papel

La heroína en veremos. Ese podría ser el título de la fiscal Luz Loayza, una distorsionadora compulsiva que parece trabajar para la DEA y el holding periodístico que decide cuál es la agenda de sus segundones y el miedo del día de sus amedrentados.
Después de revisar alguna documentación que considero clave, puedo decirle a mis lectores que detrás del lloriqueo de Loayza está la aspiración de la DEA de dirigir a la Dirandro y el sueño de una corporación de las comunicaciones de influir decisivamente en algunas investigaciones, no sólo para embarrar a quien se le antoje, sino –ojo, mucho ojo– para salvar eventualmente a algún allegado que pudiera haberse metido en el tráfico de drogas. Sí, señor. Como lo oye.
Pero ese no es el tema de esta columna. El tema de hoy es esta actriz amateur digna de un Goya que se llama Luz Loayza y que hace fuerza, junto a sus inventores periodísticos, para enlodar a todo el ministerio público y tumbarse a la Fiscal de la Nación.
Y si para demostrar su musculatura, el holding mencionado tiene que construir “historias”, pues las construye.
Por ejemplo, construyó la historia de que “una fuente policial” les dijo que en la computadora de Fernando Zevallos, (a) Lunarejo, habían encontrado una resolución del fiscal Eduardo Castañeda Garay, dando a entender que el tal Castañeda tenía relación ­epistolar con el narco condenado a 20 años de prisión.
Tengo ante mis ojos el informe 28-04-06 de la Dirandro en el que se niega haber entregado alguna información o haber conversado siquiera con alguien de El Comercio. Y donde se señala que lo encontrado en la casa de Zevallos es “una copia del Parte N°005-09-03-DIRANDRO-PNP-DOTAD-TJ del 10SET03 instruido por personal policial de la DOTAD-PNP-Tarapoto, que transcribe el Oficio N°43-2003-2° FETID-MP-FN y la Resolución Fiscal del 27ENE2003 expedida por el Dr. Eduardo Castañeda Garay remitiendo al Dr. Néstor Padilla Romero, Fiscal Provincial de Tarapoto, la Denuncia 008-2001 sobre la comisión del delito de Tráfico ­Ilícito de Drogas imputado a Fernando Melciades Zevallos González y otros…”
Eso es lo que dice el parte policial. Pero El Comercio, en combina más o menos pública con la DEA (que quiere mandar en el Perú a pesar de su nauseabunda corrupción mundial), ya salpicó de lodo al doctor Castañeda. ¿Quién lo limpia ahora? Será Moya, porque el diario de marras no publica verdaderas cartas de rectificación.
Con sus canales N y M y sus diarios dirigidos por ex fujimoristas que hoy se creen Robespierre, las FARC del odio miroquesadista también construyeron la historia de que la fiscal Adelaida Bolívar saboteó la pericia que la fiscal Loayza hizo en trece naves que pertenecieron a “Aerocontinente”.
Pura mentira. La fiscal Loayza, “la heroína”, no encontró nada en esos aviones. Así lo informa el Dictamen Pericial de la Dirección de Criminalística de la policía:“
Las muestras M-1, M-2 y M-3 (recogidas de la aeronave OB-1780-P) fueron sometidas al proceso de extracción y purificación de solventes, luego ­analizadas por métodos químicos: colorimétricos, cromatográficos en capa fina y cromatográficos por gases, obteniéndose como resultado NEGATIVO para adherencias de COCAINA”.
En los otros aviones no se encontró ni la caspa de algún tripulante y las bodegas “estaban llenas de fierros y objetos”. Es que había que ser mensa para suponer que la coca que “Lunarejo” fabricaba por arrobas podía haberse “derramado”, como la lisura, en unos aviones que empezaban a oxidarse de puro desuso. Había que ser mensa o teatrera.
Pero hay más en esta farsa. Cuando al día siguiente de su primera inspección la “valiente” Loayza debía terminar el operativo, se desapareció. Así consta en la llamada “Acta de Suspensión de Diligencia” del 31 de mayo del 2006:
“La presente diligencia se suspende en razón de que a horas 09:50 de la fecha, el instructor recepcionó una comunicación telefónica de la sede central Dirandro-PNP, mediante la cual hacían conocer que por motivos de salud la Dra. Luz Hortensia Loayza Suárez…no participaría en la misma”. (Firman los peritos, el Instructor y el Procurador José Huerta).
¿Cuál había sido ese problema de salud? ¿Una neumonía? ¿Una apendicitis? ¿Una diarrea incontenible? Nada de eso. La doctora Loayza usó el día para ir donde el oculista Oscar Aguinaga Oliver a tratarse una vieja úlcera corneal –para la que el doctor Aguinaga recomendó “completar el tratamiento con antibiótico” y ponerse un apósito sobre el ojo afectado–. ¿Y por eso suspendió una diligencia clave en la búsqueda (según ella) de rastros incriminatorios en los aviones de “Lunarejo”?
Loayza, además, debió realizar la inspección de esos ­aviones del 1 al 15 de mayo del 2006, cuando llegó a Lima haciendo uso de solicitadas vacaciones. La hizo, sin embargo, el 29 de mayo. ¿Qué hizo entre el 1 y el veintitantos de mayo? Se fue de viaje a descansar.
Una de las cosas más sorprendentes en este asunto es que la “valerosa” doctora Loayza se moría de miedo aun antes de que Zevallos González “fuese a prisión” por sus investigaciones.
Habría que aclarar que Zevallos no está preso gracias a esta heroína de papel. Está preso por el trabajo realizado por otra fiscalía a cargo de ­una tocaya de apellido: la doctora María Lourdes Loayza Gárate, que estuvo a cargo de sostener la acusación del ministerio público en el tramo decisivo del proceso. La investigación que concierne a Luz Loayza está en marcha, es por lavado de dinero y será materia de ­otra condena (menor, sin duda, a la de 20 años ya impuesta). Y, sin embargo, nadie ha escuchado a la doctora María Lourdes Loayza Gárate –la Loayza que es valiente de verdad– anunciar que su fin está próximo y que la persiguen en coches sacados del cine policial.
El miedo de la Loayza miedosa convertida en “heroína” por la prensa que quiere tumbarse a la Fiscal de la Nación como demostración final de su inmenso poder, no es de ­ahora sino que está registrado en fecha tan temprana como agosto del 2006, cuando le pide a la Fiscal de la Nación que la traslade de inmediato a Lima por lo que le puede pasar en Maynas. Y esto que sólo había rozado el tema de “Lunarejo” en una investigación preliminar, dado que el encausado principal del caso que ella llevaba era Ramiro Pérez Córdova (alias Gato).
La “valentía” de la doctora Loayza sigue emocionando a quienes la leyeron:
“…los hechos descritos han creado un ambiente de peligro permanente para mi salud y mi vida, pues me generan un delicado e intenso estado emocional de estrés que repercute en contra del normal desarrollo de mi vida personal, laboral y familiar, que interfieren (sic) gravemente en el normal desarrollo de la investigación…” ¡Pedía que la sacaran a mitad de la investigación! Y esto que no se había metido a fondo con Zevallos.
¿Y por qué estaba tan tocada de nervios la fiscal que debía de ser nuestro equivalente al Jim Garrison del caso Kennedy? El único incidente ocurrido hasta ese momento en torno a la doctora Loayza había tenido como escenario su casa en Lima del jirón Sevilla, Miraflores, y había consistido en el ingreso al domicilio de una gavilla misteriosa de merodeadores que usaron una pata de cabra para forzar la puerta. Pero eso había ocurrido en Lima, no en Maynas. Y, sin embargo, la fiscal Loayza exigía su inmediato traslado a la capital.
Es muy fácil construir reputaciones (o destruirlas) en base a exageraciones o desinformación. El ejemplo de la doctora Loayza no es el único. La procuradora Sonia Medina se ha vendido como la Terminator con rímel de la banda de Zevallos González. No le conviene recordar que siendo jueza penal liberó, en agosto del 2001, nada menos que a Jorge Chávez Montoya (a) Polaco. Con argumentos esforzadísimos y más que sospechosos, aludiendo a retroactividades benignas incompatibles con la magnitud del delito juzgado (por el que Polaco había sido sentenciado a 15 años de cárcel en 1997) Sonia Medina demostró en ­ese caso una generosidad difícil de explicar y soltó al sujeto que hoy se carea con su antiguo jefe de pandilla. Sonia Medina es, sin embargo, otra de las heroínas de cartón-piedra fabricadas en los estudios de la televisión controlada por la corporación.