sábado, 7 de noviembre de 2009

La derrota de Lima

La presencia del presidente de la República en Guadalajara quizá no fue lo más contraproducente para la candidatura de Lima pero sí jugó un cierto papel.
García, que se reserva el populismo para el exterior y que aquí parece hermano menor de Milton Friedman, habló de países pobres y ricos y de igualdad de oportunidades para todos y añadió que la jornada no tenía que ver con una competencia de dineros y de infraestructura sino que era un capítulo del espíritu deportivo y de las ganas de hacer las cosas bien y de fraternizar.
El problema es que la jornada sí era una competencia de dineros y de infraestructura. Y en cuanto a eso del derecho de todas las ciudades a presentarse como aspirantes a sedes de torneos importantes, lo primero que a uno se le ocurre, ante tanta demagogia, es pensar en Puerto Príncipe, sumergida en su enésima anarquía, o en La Paz, donde la muerte se ensañaría con los corredores de fondo, o en Ciudad Juárez, donde las plusmarcas vienen de los sicarios que huyen de la policía.
No, pues. No se va a Guadalajara a decir que el Perú es la mamá de Tarzán, como quiso decir García. Ni a ofrecer como sede central –y escenario de la inauguración y la clausura- un estadio nacional construido en los años cincuenta del siglo pasado y mejorado con 13 millones de dólares en obras.
Nada tenía que ver la batalla de Ayacucho con la decisión de la Odepa (Organización Deportiva Panamericana). Esa mención presidencial quizá hizo recordar a la delegación colombiana lo remolona, monárquica y realista que era aquella Lima manejada por el señoritismo y lo extraño que era aquel Perú que tuvo que ser liberado por tropas extranjeras.
El asunto era entender el desafío y portarse a la altura de las circunstancias.
Y la delegación peruana lo primero que hizo al llegar fue meter la pata ofreciendo, en un tríptico, la transmisión satelital gratis para los países del Caribe que no pudieran pagarla, algo que la Odepa le había prohibido expresamente hacía pocas semanas.
Y se lo prohibió porque esa ganga violaba el reglamento de la convocatoria y los derechos de transmisión que se reserva Odepa.
Ante la llamada de atención del organismo que debía decidir, la delegación peruana, con el inefable Iván Dibós como estratega, pidió disculpas y dijo que el reparto de ese folleto “había sido una distracción atribuible al descuido de un funcionario”.
Nadie creyó eso, desde luego. La “viveza criolla” nos había vuelto a costar.
No es cierto, además, que las sedes de eventos famosos estén reservadas a una aristocracia internacional. Eso fue lo que insinuó García y esa fue –estoy seguro- una de sus frases más rechazadas.
Es cierto que Chicago y Winnipeg han acogido los Juegos Panamericanos. Pero también es cierto que Cali (1971), Caracas (1983), La Habana (1991), y Santo Domingo (2003) fueron sedes del mismo certamen.
Lo peor de todo es que un fracaso que debería limitarse al ámbito deportivo parece ahora una derrota política y diplomática.
Y eso porque, tal como lo reseñaba un despacho de la agencia Efe, “el Ejecutivo consideraba que los Panamericanos serían el espaldarazo que necesita Perú para confirmar su sólido crecimiento en América Latina”.
Es que cuando se mezclan papas con camotes lo que sale es una yuca.
Y quien coronó con una frase histórica la triste aventura de ayer fue el alcalde de Lima.
La agencia oficial “Andina” lo resumió así:
“Castañeda destacó el que, al final, Lima haya quedado segunda, después de Toronto...”
Todo un aporte a la cultura vernacular.
Quedamos segundos y éramos tres.
A Castañeda habría que decirle que hay maneras menos brutas de consolarse.

7 comentarios:

Salvador Núñez dijo...

Pero es bueno que haya pasado, ahora es momento de pensar si realmente se ha invertido lo necesario en infraestructura y en maestros para el deporte, desde mi óptica los grandes logros deportivos, como la de Kina Malpartida o de los hermanos Cori en ajedrez, son logros individuales, estamos muy lejos de la política de Cuba en lo que se refiere al deporte y ellos son una prueba que aún en la pobreza se puede actuar con eficiencia a favor de la juventud virtuosa.

Anónimo dijo...

LO UNICO QUE PODRIAMOS ORGANIZAR ES UNA POLLADA CON EL PAYASO DE LA PRESIDENCIA Y SU COCHARCA MATUSALEN DEL IPD, PAR DE DEMAGOGOS, ¿SE ACUERDAN QUE QUERIAN ORGANIZAR UNA OLIMPIADA?
DECIAN "DEJENOS JUGAR EN LAS GRANDES LIGAS Y ELLOS QUE SE QUEDEN EN SEGUNDA" POBRE ENFERMO MENTAL ALAN GARCIA

Edgar dijo...

Aún podemos organizar una paraolimpiada, tenemos un presidente que representa lo que un retrasado mental puede conseguir en esta vida.

cecilia dijo...

Que tendrian que ver las garras preparadas de muchos empresarios con una sola idea, por ejemplo cuando esperaban que Madrid sea la sede de los juegos olimpicos de 2016, y solo dispuestos con un solo espiritu y todos....a anos luz de la intencion con que fueron creados estos juegos.
Y que bien que se diga en este caso: " que la jornada no tenía que ver con una competencia de dineros y de infraestructura sino que era un capítulo del espíritu deportivo y de las ganas de hacer las cosas bien y de fraternizar."
Creo que esta bien como lo dice y le pega, lo malo es que cuando reparte el Peru, se cree tambien que los que se acercan al Peru es con este espiritu e idea de fraternizar....
Osea que esta en suenos , y en este caso le cae a pelo su discurso.
saludos.

El Braca dijo...

No habia seguido mucho el tema y tampoco sabia de la presencia de Garcia en Guadalajara. Como muchas veces un lamentable Garcia en ambientes desconocidos para el. Porque mejor no trata el Gobierno de construir una infraestructura deportiva importante, para candidatear con posibilidades reales?... planificacion por favor, no entusiasmo populista.

MAURICIO DIEZ CANSECO dijo...

- GRAN POLLADA BAILABLE:
- ORGANIZA EL PODER EJECUTIVO
- LUGAR PALACIO DE GOBIERNO
- CONTARA CON LA ANIMACION DE LOS HENANOS YAIPEN Y LOS ARRASTRADOS DE SIEMPRE.
- COSTO: TU DIGNIDAD
NO FALTES.

Rolando dijo...

Una vez más se ha demostrado improvisación, falta de planificación, falta de liderazgo, poca imaginación, ninguna habilidad y demasiada soberbia.