domingo, 28 de diciembre de 2008

Ratas rojas

Como se sabe, la rata es un animal que suele pasar del albañal a las redacciones de algunos periódicos.
Allí roerá lo que pueda, mordisqueará lo que sobre y permitirá lo que su odio de rata y su corazón de rata le aconsejen.
Ratas hay para todos los gustos, por supuesto. Pero a mí las que más me divierten son las ratas estalinistas.
Esas crecieron al calor de la agencia de viajes del PCUS, se alinearon con el que mandó a matar a sucesivas muchedumbres del campo y la ciudad -o sea el camarada Stalin-, exportaron sus métodos a donde pudieron, y crearon en el Perú una sucursal mental lo suficientemente depravada como para creer que los equivocados eran siempre los otros (o sea, las víctimas del paredón de la verdad, los ejecutados por el balazo de la revelación en plena nuca).
Fueron esas las ratas amables que le dijeron sí señor a los asesinatos en Berlín (1953), a los de Budapest (1956), a las purgas dignas de Gengis Khan que ocurrieron en los años de espanto del primer estalinismo soviético.
Fueron las ratas que chillaron de alegría cuando los tanques rusos invadieron Checoslovaquia en 1968 y las que se callaron en siete variaciones de chillido cuando al pobre (y gran poeta) Heberto Padilla el estalinismo cubano le arrancó, junto con el alma y la autoestima, una autoconfesión de estirpe soviética y casi como un homenaje a Arthur London.
Fueron esas las mismas mordedoras criaturas que aplaudieron la invasión de Afganistán en 1979 (ocupación sanguinaria que crearía, como contrapartida, el extremismo talibán).
Esta manera bubónica de entender el socialismo tuvo en el Perú a sus embajadores criollos. Fueron los que se alinearon con Moscú aun después de saberlo todo, y con la RDA aun después de saberlo todo, y con la Hungría de János Kádár precisamente por saberlo todo.
Y los que se alegraron cuando la revolución cubana llegó a ser esa arterioesclerosis monopartidaria, monoideológica, monoperiodística y monótona hasta la desesperación.
En fin, el gorilismo de izquierdas que le dicen. Sólo que ese gorilismo de gulag tuvo y tiene aquí sus nostálgicos y sus asilados y sus rabiosos agentes.
A mí me divierten mucho los estalinistas que sueñan con la restauración de su paraíso. Hay sirvientes del estalinismo, en versión “Tropicana” con trago gratis, que siguen creyendo que la simpatía que Cuba despierta en muchos círculos es simpatía por su dictadura fracasada -tan fracasada como las que la derecha yanqui impuso hasta 1959 en la isla-.
No, comisarios: es simpatía por un pueblo que jamás se mereció a Batista pero que tampoco se merece que Raúl Castro herede borbónicamente el trono vacante.
A mí los estalinistas peruvianos siempre me han parecido una fuerza dormida a la espera del nuevo príncipe que los reanime. Y siempre me ha sorprendido que no lean el ABC de Madrid, cuando ese buen periódico -donde trabajé cuando Fujimori me hizo la vida imposible en 1991-, es tan monárquico como ellos.
Y es que en ambos casos se cree en los derechos hereditarios, en las noblezas transmitidas y en la serenidad de los cambios que no son cambios sino siempre sucesiones. En ambos casos, además, y por distintos motivos, los derechos de sangre tienen un tratamiento especial.
Se acercan los 50 años de revolución cubana. En realidad, deberían celebrarse sólo doce. Porque la auténtica revolución cubana, la que le puso los pelos de punta a los yanquis, terminó tras el fracaso de la zafra de 1970 y la instauración alegre y plena del modelo soviético a partir de 1971, “el año del deslinde” estalinista.
Castro tuvo veinte años más para sus experimentos sombríos, hasta que en 1991 la URSS de Stalin dejó de existir sin apenas estertores, muerta de aburrimiento, preñada de escaseces. Y cuando la URSS fue un epitafio (y aquí sus comisarios lloraban), Cuba fue el hijo mantenido al que le avisaron por cable que la fortuna familiar se había acabado.
Y desde 1991 Cuba es esa convalecencia que no termina, ese fantasma que no acaba de esfumarse, ese patio trasero de la familia Castro y de diez familias reales más. Sí, porque Cuba es una monarquía de partido.
Combatir al imperialismo norteamericano es una necesidad del baño diario. Combatir las farsas de la izquierda debería ser lo mismo. Aunque eso desate el chillido de las simpáticas y disciplinadas ratas rojas.

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Posdata de urgencia.- El gobierno de Israel ha matado a 225 palestinos y ha herido a 400, muchos de ellos de gravedad. Ha sembrado la muerte desde 60 aviones de fabricación norteamericana y con el apoyo político de Bush y su banda de forajidos. Hasta Ban Ki-moon, el débil secretario general de la ONU, ha tenido que escandalizarse ante esta nueva monstruosidad. Miguel Ángel Moratinos, en España, también ha condenado, desde su cargo de canciller, “la desproporción del ataque israelí”. Y en Chile, el gobierno de la señora Bachelet ha condenado también “enérgicamente” el ataque ordenado por Tel Aviv en la franja de Gaza, ataque que se ha prolongado hasta la noche y que amenaza con reanudarse en las próximas horas. Los israelíes primero hambrearon Gaza durante meses cortándole el pan, el agua, las medicinas. Cuando enfurecieron lo suficiente a la dirigencia de Hamas, que ha ganado elecciones legítimas en ese territorio, volvió lo que Israel estaba buscando: la estupidez de los cohetes que lo único que logran es servir de pretexto a la masacre. Israel ha vuelto a aprovechar esta magnífica oportunidad para convertir las tierras bíblicas en una nueva versión del Apocalipsis. ¿Y Torre Tagle? Bueno, Torre Tagle debe de estar sesionando de urgencia en alguna playa de Asia. ¿Hasta cuándo el mundo asistirá, sin hacer algo efectivo, al espectáculo del genocidio palestino? ¿Y Obama?

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Puede decirse que la izquierda nació de uno de los encuentros de la voluntad y la razón. Su impulso inicial parte de la certeza de que la acción puede transformar la historia si hace alianza con la razón. Hija de la modernidad, la izquierda confíó, desde su cuna, en los artificios del ingenio humano, rechazando los alegatos de la costumbre y los cuentos de lo sobrenatural. Lo antiguo dejaba de ser visto como el tesoro a preservar para señalarse como arbitrariedad a demoler. A ojos de la izquierda el futuro no puede ser la eterna repetición de lo que ha sido sino una tierra por conquistar para todos. Ese es el tercer elemento crucial para la formación de la izquierda: la vocación igualitaria. Si algo orienta esa confianza en la razón transformadora es la certeza de que la opresión no es fatalidad, que la desigualdad no es nuestra naturaleza y que hay en el mañana una promesa de fraternidad. La acción política desde la izquierda encuentra sentido en la reducción de las disparidades de poder y de dinero.
Los árboles de la izquierda han crecido de distintas maneras. La razón ha apuntado el dedo a distintas desventuras y ha sugerido igualmente una multitud de recetas. Pero difícilmente llamaríamos de izquierda una persuasión que entiende el sentido de la política como la salvaguarda de un legado, que reza al carisma y que se planta como muro de resistencia frente al futuro amenazante. Y, sin embargo, sucede que la izquierda pueda convertirse en cascarón del conservadurismo. Es el caso de la izquierda mexicana en la que, como ha visto lúcidamente Roger Bartra, “las ideas han ido retrocediendo ante las pasiones”. Es indudable que el artefacto ideológico de la izquierda quedó hecho polvo tras el 89. Era de esperar que esa quiebra provocara una revisión seria del diagnóstico y de los instrumentos. Sin embargo, en muchos sitios, el camino fue el abandono de la razón y el abrazo del sentimentalismo. Ese es, en buena medida, el caso de la izquierda mexicana en los últimos años.
Héctor Aguilar Camín (Chetumal, 1946) ha escrito un librito sobre las distintas familias de la izquierda mexicana en el que desenreda la espesura de tradiciones, vocabularios, instintos e ideales que se reconocen dentro de la sobrepoblada ala izquierda. Un hecho precede la reflexión de Aguilar Camín: la izquierda en México ha dejado de ser expresión política de los márgenes. Ya no es la exótica filiación de unos cuantos profesores en la universidad y rebeldes en la montaña, sino una organización gobernante. La izquierda es gobierno. Desde hace ya más de una década gobierna la ciudad de México, varios estados de la república y tiene una presencia decisiva en el Congreso mexicano. Sin embargo, la izquierda apenas y se reconoce como columna gobernante de la nueva democracia. La reversión de 2006 relanzó al partido de la izquierda mexicana a su prehistoria y ha regresado a discutir cosas que había ya superado.
El historiador resalta diversos clanes que coexisten y riñen dentro del gran partido de la izquierda mexicana. Son la izquierda revolucionaria, la izquierda comunista, la izquierda estatista, la izquierda utópica, la izquierda intelectual y la izquierda indigenista. Una contradicción sobresale en este álbum de familias: si hay grandes intelectuales en la izquierda, hay pobrísimas ideas en la izquierda. Pobrísimas y, sobre todo, viejas. Persiste el vago elogio de la violencia como fecundador de la historia; el repudio de una ley que se ve como artilugio del enemigo; la esperanza de que el Estado sea el provisor de la justicia y el resguardo frente a las amenazas del exterior; la sensiblería de la hermosa comunidad premoderna que hay que proteger frente a la tiranía del universalismo. Todo ello hace del partido de la izquierda mexicana una organización incapaz de oponer ideas al embrujo de una personalidad. Pasmada en su óxido intelectual, la izquierda queda fácilmente al garete de ese aro clerical del carisma.
El capítulo más filoso de esta aguda miniatura es el fragmento sobre la izquierda intelectual. La intelectualidad de izquierda tiene foro y recursos pero ha perdido libertad. Un invisible látigo disciplinario impide el debate abierto, frontal, rudo de las ideas. La izquierda intelectual ha cedido frente a la izquierda sentimental. El periodismo de izquierda, en ese sentido, se ha vuelto periodismo de capilla: cerrado en sus causas, en sus creencias y en sus afectos.
La severidad de los juicios de Aguilar Camín no es rencillosa. Por el contrario, en el ensayista se encuentra el rigor cordial del conversador. El libro tiene el acierto de incorporar la breve polémica que su publicación periodística suscitó, alojando ahí la semilla de un debate. Aguilar Camín no celebra las fallas de un enemigo, lamenta los traspiés de un personaje necesario. El historiador que piensa en la izquierda que tenemos, también piensa en la que hace falta. La quiere moderna, liberal y eficaz. ~

Jus dijo...

La entrevista que le realizo el utero.tv esta nominada

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Anónimo dijo...

Que gracioso el discurso de Hildebrandt contra las ratas rojas, ojo, esta columna es por el dia de los inocentes porque Hildebrandt es mas rojo, si trabajo para la dictadura del General Velazco que era una dictadura socialista, pero bueno graciosa la columna escrita por el dia de los inocentes.

Anónimo dijo...

ya nos cae pesado tus criticas acidas contra stalin, raje y raje, todo en base a las informaciones q contaron los enemigos internos y externos del proceso sovietico.por q no escribes sobre la opinion favorable en mayoria d los rusos hoy n dia,ya q gracias a el y nadie mas q el rusia se convirtio en una potencia mundial .que haya sido severo con los terroristas y agitadores financiados por la derecha mundial no le quita su gran labor para covertir al pais en una gran nacion,cuando stalin muere le sucedieron revisionistas q finalmente llevaron al colapso al regimen sovietico. eres bien derechista ,reconocelo.

HUMANO 666 dijo...

El comunismo propone elecciones en el parlamento, es decir, en una junta de ciudadanos notables, en el bien o mal, para elegir a su representante supremo, así funciona en China, el único país que tiene ese sistema, muy similar a las elecciones en el siglo de Pericles, en donde el "pueblo" era lo selecto de Grecia, ahí no votaban los esclavos o analfabetos(1).
En Cuba lo que está pasando es monarquía, y eso no es de inocentes, es la pura verdad, que lástima que no se haya elegido en el parlamento cubano a un hombre más capaz, que de seguro lo hay.
Cuba necesita a un líder más agudo y prudente, pero, en este error está Fidel, es un anciano temeroso de que sus sueños de un mundo más justo se desmoronen por alguien "inteligente" pero desleal.
Que pena que no confíe en su pueblo.

Aparte:
Se dice, en el sistema capitalista, que el estado no debe intervenir, al parecer Estados Unidos se ha dado cuenta que eso es utópico, irreal, algo así como hacer gárgaras parado de cabeza, desgraciadamente esa intervención solo va ha servir para sacar del pantano especulativo a los más ricos, otra prueba que el capitalismo debe desaparecer.
En este mundo maldito por la esperanza de "tenerlo todo", de ese sueño americano que se esfuma, a uno lo lleva a creer que es el sistema más perfecto, lo que olvida es que ese éxito en gran medida tiene sustento en la desgracia de los que están abajo, así uno no sea consciente. Lo que propone el comunismo es eliminar esos excesos de riqueza en beneficio de toda la humanidad ¿eso es injusto?¿eso es diabólico?
pues no, es necesario ser solidario y generoso, de "amar al prójimo como a uno mismo" de "ir por el camino angosto" de "dar el doble de lo que te piden así sea un día feriado o sagrado"

¡Que fácil es ser cristiano y olvidarse del prójimo! ¡qué fácil es decir que uno cree en Dios y abusar de los empleados, de gritarle "indio de mierda" al que te sirve por monedas!

¿Ese es el espíritu navideño?¿ese es el respeto de los creyentes a la vida?

Jesús es el comunista por excelencia, es un profeta de la igualdad, el hijo legítimo del universo, maestro de maestros, humilde entre los grandes.

Cuanto desdeñaba al dinero, cuanto amor dio, cuanto perdón y sacrificio ¿para nada?

Beso las manos ensangrentadas de Cristo, sus manos de carpintero, de profeta, de incomprendido, beso esas manos rojas, siempre rojas por ser manantial de vida, por empuñar la hoz y el martillo mientras la paloma de la paz se posa sobre su hombro, bendito sea entre todos los seres de la Tierra.

El pidió que se perdonara al pueblo judío por que no sabían lo que hacían, y sin embargo cuanto odio hay hacia los judíos, un pueblo por siempre perseguido, detestado, acorralado por sus dogmas propios y por sus pueblos vecinos, Si ellos no se defendieran así de seguro que en pocos días los árabes harían desmanes sobre su población ¿quien los defiende a ellos, a los descendientes del Rey Salomón? Nadie, ellos se defienden solos, son fuertes y ya aprendieron que el ser blandos y contemplativos solo los puede llevar a la desgracia de un nuevo holocausto o de una nueva diáspora.

Con esto no digo que los judíos sean maravillosos y perfectos, no me olvido que adoraron al becerro de oro, que se revelaron ante Moises, que despreciaron a los hijos de Ismael y que le dieron cruel juicio al hijo del carpintero José, pero también es el pueblo de Marx, Einstein, Rubinstein y del mismo Jesús.

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(1)No es que desdeñe a los analfabetos o a la gente de baja formación y condenada a la esclavitud, pero, creo que esa pobre humanidad es vulnerable al engaño, por su inocencia, por su pureza de alma, desgraciadamente en la política hay que ser zorro, serpiente y lobo para que no te engañen.

El Braca dijo...

UUFF... algunos ya habian dado seniales de intransigencia y radicalismo. El comunismo y su Parlamento de notables escogiendo a los gobernantes de millones de ciudadanos, de terror. Debo reconocer que algunos por su juventud, mantengan la inocencia y candidez propias de sus ideales.

verdemundo dijo...

Los anónimos que te critican, no sé si me dan más pena o verguenza. Uno te llama izquierdista y el otro derechista. Social e imperialista.

Felizmente hay otros que enriquecen también con sus comentarios.

Gracias por tomarte el tiempo e instruirnos sobre un punto de vista informado.

Malcolm X dijo...

La teoría de la relatividad también fue alguna vez tildada de pro-capitalista por bolcheviques y producto de un comunista por los nacionalistas alemanes; la subjetividad de seres llevados a la miopía por sus creencias fanáticas permite un rango de coloridas apreciaciones; ya sificiente ha demostrado la historia las taras y perversiones de cada extremo ideológico, puede ser la sutil selva del sálvese quien pueda y la adoración a la banalidad y la decadencia ó un gúlag caribeño o amarillo siempre apto a colgar las voces disonantes, 7 millones de hominidad desde el toumai y no terminamos de encontrar la fómula ó esta una vez hallada es contaminada por la endeblez viciosa humana.

Anónimo dijo...

Esa URSS de Stalin, de 1991, la del "epitafio", que para alegría de tontos y de muchos pequeños de imaginación, "dejó de existir sin apenas estertores, muerta de aburrimiento, preñada de escaseces", que por cierto muchos vimos al otrora Ejercito Rojo en la indigencia y en medio de la burla placentera de Occidente por nuestras pantallas de televisión. Sería bueno que el atemperado Hildebrandt nos informara cómo hizo ese guiñapo, despojo social, para a la vuelta de la esquina, en tres lustros, salir de la inmunda derrota y convertirse, según lo entendidos, junto a China, India y Brasil en los nuevos poderes de la nueva historia contemporánea que ya comienza a contarse.

Comino

MR BLOG. dijo...

Mi modo humilde de ver las cosas me indica que la naturaleza humana es capaz de ensuciar cualquier idea, cualquier ideología, cualquier raíz política se puede ver degenerada por el degenerado espíritu humano.

En pocas palabras, Fidel pudo haber pasado a la historia como un mesías, un gran libertador Cubano, pero, su naturaleza humana lo llevó a sacrificar la gloria a cambio de algunos beneficios, le pasa a el 99,9 de los políticos, el caso de Stalin era más anunciado, Lenin ya había manifestado su desagrado por la forma de arreglar las cosas de Stalin, pero, al fin y al cabo, el ser humano estimado César, el ser humano es la estrella de la maldad, lo es en la religión como en la política, y en el día a día también.

Anónimo dijo...

Guido.
A ver. el que suscribe no es izquierdista ni derechista, hago lo que me da la gana soy un agnostico, religioso y politico, si puedo apoyo causas que ban bien con mimodo de pensar y si no a la mierda este mundo, es un laboratorio de seres miles de años mas adelantados que nosotros.
pero siempre que me encuentro con un articulo tuyo y leo la contundencia con la que agredes a seres que en su vida con sed de justicia hicieron algo por cambiar el modo imperante, y precisamente por la "mala levadura" que los humanos llevamos se torcieron en el camino hasta degenerar, llego a pensar que tu serias el que puede salvar a la humanidad, pero veamos no heres mas que otra rata gris, que chilla desde su escondite, pero nunca hace nada para cambiar el sistema. CAMBIAR EL SISTEMA. no heres mas que un pigmeo con sueños de grandeza, hombres como Lenin, Stalin, Castro, Batista, Pinochet. todos en su trinchera para mal o para bien ya pasaron a la historia y esta los jusga, y tu que quien crees que te recordara, a mas de la docena de putas que te follaste y alguno que otro aprendiz de rata gris. tu vives en el basurero medras en el sistema, si te quitan la mierda de encima mueres desapareces, alguna vez empuñaste un fusil por una cusa, alguna vez llevaste la vida en la punta de los dedos por un ideal sea correcto o equivocado, no nunca no sabes de lo que ladras, pobre diablo.

Anónimo dijo...

quién es guido?

Anónimo dijo...

RESPUESTA A CESAR HILDEBRANDT
Por Gustavo Espinoza M. (*)
Como en los viejos tiempos del anticomunismo más cáustico y agresivo, César Hildebrandt usó ayer las páginas del diario “La Primera” para descargar sus viscerales odios contra los comunistas.
El pretexto, como ocurrió ya antes, fue el “rechazo” al estalinismo como forma de expresión política, pero él se extendió a todo lo demás: a la Unión Soviética, al socialismo, los Partidos Comunistas, Fidel Castro, la Revolución Cubana y el cincuenta aniversario de su victoria sobre el reducto batistiano. Y también, por cierto, a la capacidad de su pueblo heroico, y de su gobierno, de mantener invictas las banderas del internacionalismo en todos estos años de fragorosa confrontación. Hildebrandt no perdonó nada porque él es –siempre lo fue- el juez de todos, el implacable autor de sentencias inapelables, ante cuya verdad se tienen que doblegar tirios y troyanos porque de su pluma –él lo cree- brota solo la verdad absoluta. Y es, además, el zahorí capaz de descubrir no sólo lo que sucederá, sino incluso lo que nunca sucedió en el mundo
Qué lejos está César Hildebrandt de conocer la lucha de los pueblos, el sacrificio de los combatientes revolucionarios, las penurias de un accionar social encrespado por la persecución, la tortura o la cárcel, la heroicidad de un proceso en el que se exalta la fuerza de las ideas y el valor de los hombres. Su vida de periodista de escritorio y su oficio de constructor de frases ingeniosas le permitió ubicarse en la tribuna del crítico porque cuando descendió a tierra y tomó la pluma como sable en ristre para enfrentar dictaduras, tuvo poca suerte y se vio precisado a recurrir a publicaciones de otros países en busca de refugio.
No César. Los comunistas no somos ni lo que tú supones, ni lo que tú denigras. Figuras descollantes como Henri Barbusse, Antonio Gramsci, Federico Goliot-Curie, Pablo Neruda o Nazim Hikmet; mujeres de la talla de Dolores Ibarruri, Julieta Campusano o Zoia Kosmodemianski; periodistas como Julius Fucik o Rodrigo Rojas, o soldados como Luis Carlos Prestes; no fueron nunca “ratas de alcantarilla”. Y lo sabes bien, porque tuviste la suerte de ser un hombre culto que lamentablemente se suele dejar arrebatar algunas veces por el odio enfermizo de los desesperados.
En nuestro país, debieras recordarlo, José Carlos Mariátegui o César Vallejo -comunistas ambos- ni Emiliano Huamantica, Isidoro Gamarra, Pedro Huilca, Sergio Caller o Jorge del Prado; ni muchos otros que tú conoces -y dices respetar- tuvieron jamás el comportamiento y la actitud que tu adjudicas de modo temerario e irresponsable a personas que sostuvieron simplemente puntos de vista distintos al tuyo.
El proceso revolucionario mundial -debes reconocerlo- es, y ha sido, harto complejo. Y en él han sucedido acontecimientos buenos y malos. Los pueblos, y los hombres, han tenido experiencias diversas. Pero eso no permite a nadie -tampoco a ti- tomar miasma en las manos, y decir que lo que se levanta es escoria. También hubo acero.
Stalin, y el proceso soviético de su tiempo, se explican en el marco de la historia. Y aunque en su época se cometieron crímenes muchos de los cuales fueron, sin embargo, deformados por distorsionadas versiones posteriores; ellos no obnubilan el entendimiento humano. Sin la epopeya de la URSS en los años de la II Guerra Mundial, el mundo habría perecido bajo la barbarie del dominio pardo. Ni siquiera tú habrías sobrevivido a la ignominia.
Y en la lucha por afirmar el ideal socialista, en ésta que los analistas de nuestro tiempo llaman “la primera experiencia del socialismo temprano” se consignaron errores que en su momento no fueron reconocidos como tales por los Partidos Comunistas o por los hombres. Ellos tampoco invalidan la certeza: si la URSS y el Campo Socialista hubiesen caído antes, subsistiría el mundo colonial, la opresión esclavista, las taras que hoy renacen en esta sociedad de desenfreno que se derrumba.
La sociedad perfecta, esa con la que tú sueñas y a partir de la cual nos cuestionas, no existe ni ha existido tampoco. O es un sueño, o una utopia. Pero la Revolución Social, con todas sus grandezas y miserias, es la obra imperfecta de seres de carne y hueso que se sobreponen al dolor y a la tragedia en busca de un porvenir mejor.
Hoy, como sabes, el mundo sufre brutalmente los embates del neoliberalismo y la oprobiosa agresión del Imperio, que llega al salvajismo extremo -como se constata en la Franja de Gaza, por ejemplo- precisamente porque ya no existe la URSS como fuerza de equilibrio, y los dementes estrategas del Pentágono no sienten la resistencia del Campo Socialista, ahora inexistente.
Todo eso, ligado a la suerte de la humanidad entera, pesa más, sin duda, que todas tus diatribas y la carga de tus odios.
Del mismo modo que la simple existencia de Cuba, su heroísmo sin límite, su aporte solidario a la misma sobrevivencia de nuestros pueblos, su ejemplo de dignidad y de coraje; borra de un plumazo toda la ponzoña que podría derivar de la pluma de un escribiente cualquiera.
Debieras, César, tener una conciencia más clara del mundo y de los hechos. Y saber con exactitud quiénes son amigos, y quiénes enemigos de la humanidad en nuestro tiempo.
En lo que se refiere a nosotros, los comunistas, con errores o sin ellos, podrás encontrarnos siempre defendiendo las causas más justas de los pueblos. Aquí, y en todas partes, habrás de comprobarlo. (f
(*) Co-Director de Nuestra Bandera. web.nuestra-bandera.com