Si ahora la TV tiene aspecto constipado, la de Fujimori –su precursora y madre putativa- era la imagen de una ETS (enfermedad de transmisión sexual). Recordar esa época, con pelos y señales y nombres y apellidos, no sólo es imprescindible: funciona como vacuna. Porque lo que se viene es bravo.
La carne se pudre con honestidad. Se agusana y desaparece lentamente, devorada por sus enemigos intrínsecos. Pero con la televisión el asunto no es así de autofágico y natural.
Para llegar a un Lúcar, a una Delta, a una Lola, a un Jara, a un Guzmán, es necesaria la confluencia de diversos factores epidémicos: el bicho mexicano del seguidismo (también conocido con el gonococo zabludovski), las bacterias que salen de las deudas tributarias, el virus agudo encontrado en los cubrecamas de las suites de Barranco, el estafilococo del miedo, el dengue de la miseria humana y el proceso complejo de la quiebra por saqueo (es decir, el llamado Síndrome de Indecopi).
A toda esta batería de la pestilencia hay que añadir la enzima que disuelve los expedientes judiciales (la vibratum pezuña, descubierta por Montesinos) y el fluido bronquial que producen los falsos habanos en las corridas de toros. Todo esto, debidamente orquestado por una inteligencia más bien meníngea, construye un Lúcar o una Delta (o los demás agentes apenas nombrados líneas arriba).
Estos individuos infiltran el sistema de la TV y avanzan desde la periferia hasta el centro mismo, logrando, en oleadas sucesivas, vencer a todos los macrófagos que se les pongan por delante.
Cuando la infección tiene el aspecto de un masivo talkshow y la palidez de esos maquillajes que embalsaman, estos seres prodigiosos se apoderan, por último, de la pantalla en pleno y la poseen de un modo tan perfecto que partículas del mal llegan por la cablería desde el núcleo de la emisión hasta las salas de recibo y cocinas de las víctimas.
Eso se conoce como el fenómeno Poltergeist-Crousillat. De ese modo, la epidemia se extiende por el aire (es literal) y lo que nació en VTR y circuitos digitales adquiere la dimensión de una catástrofe médica.
Y cuidado que el propósito ulterior, como decía el parte médico, es eliminar todos los ganglios del país, todos los glóbulos blancos y todos los portadores de oxígeno (el hematí Canal N, la hemoglobina Liberación, algunas plaquetas de Caretas) para lograr que la Federación Retroviral y el Sindicato de la Neumonía se adueñen del organismo nacional.
Cuando eso suceda, saldremos a besar a Laura Bozzo y a pedirle la mano a Mónica Delta y a subir a Lúcar en hombros de la multitud, del mismo modo que él cargó a Hugo Blanco sobre sus propios hombros de trotskista para todo uso.
Y votaremos otra vez por Fujimori con la convicción rural de un buey de arado. Que en eso consiste el derecho de ser bestia.
jueves, 31 de diciembre de 2009
miércoles, 30 de diciembre de 2009
Cuando el Chino era Luis XVI
El ingenio nunca se acababa cuando de defender al Chino y a su banda se trataba. Un fino intelectual, hoy reivindicado a su manera, inventó allá por junio del año 2000 la peregrina teoría de que la Edad Moderna había sido enterrada en el Perú de Fujimori. De lo que resultaba que Laurita Bozzo se convertía en Madame Pompadour y Gustavo Mohme Seminario era el asesinado Marat y este columnista equivalía a Hébert, el provocador. De esos y otros daños colaterales de lo más divertidos trata esta columna.
Estoy maravillado. Ayer leí a un señor llamado Ricardo Vásquez Kunze, cuya teoría es, simplificada, la siguiente: la Edad Moderna ha muerto en el Perú. ¿Qué?
Sí, como lo oyen: la edad Moderna, la de la Revolución Francesa, ha sido victimada en estas tierras históricas donde el indómito indio prefiriendo morir, etcétera...
Y cito al tal y portentoso Vásquez Kunze: “Pero el pueblo del Perú, más sabio en estas lides que el de Francia, le ha dado un golpe mortal al fanatismo...los han dejado hablando solos como corresponde a los patéticos hijos de esa locura llamada Modernidad”.
Lo que quiere decir es que el mensaje robesperriano de la oposición (todo invento suyo, claro) ha sido desoído por el pueblo.
O sea que el chino que reencauchaba llantas B.F.Goodrich (muy dignamente) es Luis XVI ¡Y no nos habíamos dado cuenta!
Y Laurita es María Antonieta, la pobre (con razón solicita –profética- collares para su cuello ya dodiciado). Y Robespierre es el cholo de acero inoxidable Alejandro Toledo, ¿no lo ven? Y Jaime de Althaus dirige a los girondinos. Y Marat será Mohme. Y el que escribe estas líneas -dice el monárquico de Expreso-, es nada menos que “la viva reencarnación de Hébert, periodista incendiario de lenguaje penetrante, obsceno y vituperativo”.
Mira tú. O sea que el tal monsieur Vásquez -o sea Vasqués-, el tal marqués imaginario, el tal duque de Feria y el tal barón de los Geranios, dice que el Perú reencauchado del Chino cochino es como el escenario de la Francia amenazada por la plebe piojosa.
Pero -esta es la diferencia, estúpidos- aquí la chusma no tomó la Bastilla, no tomó los Inválidos, no irguió guillotinas para la santa nobleza empelucada ni juzgó a los que durante años se habían creído el Estado en nombre de Dieu.
No, burros, aquí, en el Perú, la chusma fue vencida, los cuellos nobles protegidos por las bayonetas y el veneno de la igualdad disuelto en las aguas del Sena (o sea del Chillón nomás).
Aquí, en el país de las y los Madame Pompadour, ha vuelto Versalles -o sea una impetuosa imitación, pero vamos- y las turbas están en su sitio, donde debe ser, siempre a la espera de la caedura.
Y si el tiempo pasa y si este Luis XVI jalado nos sigue reinando retrocederemos, para gusto de Vasqués, y llegaremos a encontrarnos con el herbolario rosquete de “En nombre de la Rosa” y con los Papas que tenían sífilis, hijos, cardenales emponzoñados, y mataban sarracenos con sus propias y santas manos. Ah, qué épocas tan lindas.
Vasqués, ¿qué fumas?
Estoy maravillado. Ayer leí a un señor llamado Ricardo Vásquez Kunze, cuya teoría es, simplificada, la siguiente: la Edad Moderna ha muerto en el Perú. ¿Qué?
Sí, como lo oyen: la edad Moderna, la de la Revolución Francesa, ha sido victimada en estas tierras históricas donde el indómito indio prefiriendo morir, etcétera...
Y cito al tal y portentoso Vásquez Kunze: “Pero el pueblo del Perú, más sabio en estas lides que el de Francia, le ha dado un golpe mortal al fanatismo...los han dejado hablando solos como corresponde a los patéticos hijos de esa locura llamada Modernidad”.
Lo que quiere decir es que el mensaje robesperriano de la oposición (todo invento suyo, claro) ha sido desoído por el pueblo.
O sea que el chino que reencauchaba llantas B.F.Goodrich (muy dignamente) es Luis XVI ¡Y no nos habíamos dado cuenta!
Y Laurita es María Antonieta, la pobre (con razón solicita –profética- collares para su cuello ya dodiciado). Y Robespierre es el cholo de acero inoxidable Alejandro Toledo, ¿no lo ven? Y Jaime de Althaus dirige a los girondinos. Y Marat será Mohme. Y el que escribe estas líneas -dice el monárquico de Expreso-, es nada menos que “la viva reencarnación de Hébert, periodista incendiario de lenguaje penetrante, obsceno y vituperativo”.
Mira tú. O sea que el tal monsieur Vásquez -o sea Vasqués-, el tal marqués imaginario, el tal duque de Feria y el tal barón de los Geranios, dice que el Perú reencauchado del Chino cochino es como el escenario de la Francia amenazada por la plebe piojosa.
Pero -esta es la diferencia, estúpidos- aquí la chusma no tomó la Bastilla, no tomó los Inválidos, no irguió guillotinas para la santa nobleza empelucada ni juzgó a los que durante años se habían creído el Estado en nombre de Dieu.
No, burros, aquí, en el Perú, la chusma fue vencida, los cuellos nobles protegidos por las bayonetas y el veneno de la igualdad disuelto en las aguas del Sena (o sea del Chillón nomás).
Aquí, en el país de las y los Madame Pompadour, ha vuelto Versalles -o sea una impetuosa imitación, pero vamos- y las turbas están en su sitio, donde debe ser, siempre a la espera de la caedura.
Y si el tiempo pasa y si este Luis XVI jalado nos sigue reinando retrocederemos, para gusto de Vasqués, y llegaremos a encontrarnos con el herbolario rosquete de “En nombre de la Rosa” y con los Papas que tenían sífilis, hijos, cardenales emponzoñados, y mataban sarracenos con sus propias y santas manos. Ah, qué épocas tan lindas.
Vasqués, ¿qué fumas?
martes, 29 de diciembre de 2009
Don Hugo Chávez
Pocos recuerdan que Hugo Chávez Frías fue un defensor acérrimo del gobierno de Fujimori. Cuando el Perú pugnaba para que la tercera elección de Fujimori, fraguada en condiciones de vergüenza, abortara por la presión de la OEA, las denuncias de la prensa y los signos cada vez más groseros de corrupción, Chávez se esmeraba en lanzarle piropos al Chino de su afinidad. Desde su papel de Bolívar adulterado, Chávez pensaba que Fujimori, como él, era un “antisistema” al que había que defender porque luchaba en contra de los viejos partidos. Después se supo la verdad: Chávez amó a Fujimori porque pensaba imitarlo, tarea a la que se contrajo apenas el Chino huyó y renunció, desde el Japón de sus raíces, a la presidencia de la República. Estas líneas fueron escritas el 10 de junio del año 2000, en lo más arduo de la lucha. Pocos meses después, Montesinos, el gánster segundo del régimen en fuga, terminó huido a Venezuela, donde Chávez lo protegió todo lo que pudo.
Chávez ha convertido el compadrazgo, la gemelidad, la compinchería en una internacional caribe de las protodictaduras.
Y, claro, Chávez no puede sino aplaudir lo que él mismo piensa hacer en Venezuela. Quiéralo o no, el japonés al que adula es su maestro.
Pero como Chávez es ambicioso y discípulo aventajado, espera que algún día se diga chavazo en vez de fujimorazo al describir la felonía de medianoche, el zarpazo en el llonja y la chaveta a la renal altura.
Porque Chávez y Fujimori son igualitos - excepción hecha del español, que Chávez domina y Fujimori orina-. Pero, en todo lo demás, son como una gota de agua clonada por el mismo ducto uretral: Antiimperialistas que se llenan los bolsillos con las comisiones del imperialismo; Bonapartistas de la ciénaga que creen que sólo ellos tienen razón y que el resto roza la traición a la patria; Manipuladores de los medios de comunicación; enemigos de la diversidad.
Chávez ya hizo de las suyas pero no le llega todavía ni a la rodilla al Confucio del Troca peruano. Digamos que está aprendiendo con un curso intensivo dictado desde Chorrillos.
Ambos son refundadores de la patria, porque ambos creen que parten del año cero del Merecumbé, o sea que antes que ellos los dinosaurios y las campiñas ancestrales, kriga, kriga.
Los dos son analfabetos funcionales, porque ambos son vírgenes de biblioteca y creen que la intuición lo puede todo y el cinismo viene después.
Ambos son populistas enrevesados, cuando les conviene, y pragmáticos cuando van a cobrar, pero siempre confusos creyentes de que el mercado y las castas pueden ir juntos y de que Adam Smith es compadre de Vito Gennovese.
Así que aquí están juntos Chávez y Fujimori, Fujimori y Chávez, los dos libertadores de sus países, los dos padres de las nuevas patrias y los dos tíos apendejados de los más viejos vicios de Aracataca. ¡Salud, hermanones!
Chávez ha convertido el compadrazgo, la gemelidad, la compinchería en una internacional caribe de las protodictaduras.
Y, claro, Chávez no puede sino aplaudir lo que él mismo piensa hacer en Venezuela. Quiéralo o no, el japonés al que adula es su maestro.
Pero como Chávez es ambicioso y discípulo aventajado, espera que algún día se diga chavazo en vez de fujimorazo al describir la felonía de medianoche, el zarpazo en el llonja y la chaveta a la renal altura.
Porque Chávez y Fujimori son igualitos - excepción hecha del español, que Chávez domina y Fujimori orina-. Pero, en todo lo demás, son como una gota de agua clonada por el mismo ducto uretral: Antiimperialistas que se llenan los bolsillos con las comisiones del imperialismo; Bonapartistas de la ciénaga que creen que sólo ellos tienen razón y que el resto roza la traición a la patria; Manipuladores de los medios de comunicación; enemigos de la diversidad.
Chávez ya hizo de las suyas pero no le llega todavía ni a la rodilla al Confucio del Troca peruano. Digamos que está aprendiendo con un curso intensivo dictado desde Chorrillos.
Ambos son refundadores de la patria, porque ambos creen que parten del año cero del Merecumbé, o sea que antes que ellos los dinosaurios y las campiñas ancestrales, kriga, kriga.
Los dos son analfabetos funcionales, porque ambos son vírgenes de biblioteca y creen que la intuición lo puede todo y el cinismo viene después.
Ambos son populistas enrevesados, cuando les conviene, y pragmáticos cuando van a cobrar, pero siempre confusos creyentes de que el mercado y las castas pueden ir juntos y de que Adam Smith es compadre de Vito Gennovese.
Así que aquí están juntos Chávez y Fujimori, Fujimori y Chávez, los dos libertadores de sus países, los dos padres de las nuevas patrias y los dos tíos apendejados de los más viejos vicios de Aracataca. ¡Salud, hermanones!
domingo, 27 de diciembre de 2009
Apoyo
Ahora todos son demócratas. Pero durante el decenio de la vergüenza muchos de los que hoy dan lecciones fueron dóciles instrumentos del poder sin límites de Fujimori y su banda. Este es quizá el Museo de la Memoria que más necesitamos. Esta columna habla de gente que hizo de la metamorfosis toda una de las bellas artes.
El otro día les contábamos cómo es que un director del Banco Central de Reserva, el señor Gianfranco Castagnola Zúñiga, era al mismo tiempo presidente de la Consultora Apoyo.
Es decir, que la misma persona que se enteraba de datos cruciales de la economía en el órgano central de la política monetaria era quien, al día siguiente, o esa misma tarde, se sentaba con sus clientes para compartir esa información. Les contamos también cómo es que, con la colaboración manual de Jorge Salmón, el señor Felipe Ortiz de Zevallos se ganó medio millón de dólares produciendo un libro para que el fujimorismo lo presentara a la Expo92. Nadie recuerda ese libro, por supuesto, pero nadie le quita al señor Ortiz Zevallos lo ganado tan ligeramente.
Tiempo después, también con el aporte lobbístico del señor Salmón, el señor Felipe Ortiz de Zevallos, repetiría la faena literario – financiera produciendo otro mamotreto destinado a inversores extranjeros.
Nos imaginamos que de esa aventura editorial el señor Ortiz de Zevallos sacaría otra magnífica tajada. De lo que puede deducirse que el señor Ortiz de Zevallos es el escritor mejor pagado del país.
Y que tiene la consultora más próspera del país. Y la revista académica más anunciada del país. Y las encuestas más solicitadas del país. Y los funcionarios más afortunados del país.
Porque resulta que en estos días, cuando quiere aplicársele a Jorge del Castillo la figura del secreto bancario, hemos releído la ley de la Banca. Y la figura del secreto bancario incluye a los directores del Banco Central de Reserva (parágrafo 2 del artículo 140).
Y desde luego que se invoca el artículo 165 del Código Penal, lo que obligaría a la fiscal de la Nación, Blanca Nelida Colán, a abrir una investigación en contra del señor Castagnola, despensero y gato en el directorio del BCR.
Claro, no va a pasar nada. Porque el BCR es el mundo inimaginable. El vicepresidente de esa institución, el abogado Mario Tovar Velarde, en el colmo de la desfachatez, hace que el BCR le mande a hacer consultas legales al estudio de abogados Tovar y Zapata -o sea el suyo-.
Fíjense bien: el vicepresidente del BCR hace que el BCR le consulte al estudio Tovar y Zapata (propiedad del susodicho vicepresidente). El vicepresidente se contesta a sí mismo y luego se factura y luego se paga. O sea, la obra maestra de la concha. Para ello utiliza a la Comisión de Liquidaciones, que le debe a más de veinte instituciones financieras en proceso de liquidación, que aduce no tener fondos, pero que sí tiene plata para pagar esas consultas mañosas.
Ese es el fujimorismo que Ortiz de Zevallos defiende con sus sondeos sesgados y su reciente mirada de cobrador.
El otro día les contábamos cómo es que un director del Banco Central de Reserva, el señor Gianfranco Castagnola Zúñiga, era al mismo tiempo presidente de la Consultora Apoyo.
Es decir, que la misma persona que se enteraba de datos cruciales de la economía en el órgano central de la política monetaria era quien, al día siguiente, o esa misma tarde, se sentaba con sus clientes para compartir esa información. Les contamos también cómo es que, con la colaboración manual de Jorge Salmón, el señor Felipe Ortiz de Zevallos se ganó medio millón de dólares produciendo un libro para que el fujimorismo lo presentara a la Expo92. Nadie recuerda ese libro, por supuesto, pero nadie le quita al señor Ortiz Zevallos lo ganado tan ligeramente.
Tiempo después, también con el aporte lobbístico del señor Salmón, el señor Felipe Ortiz de Zevallos, repetiría la faena literario – financiera produciendo otro mamotreto destinado a inversores extranjeros.
Nos imaginamos que de esa aventura editorial el señor Ortiz de Zevallos sacaría otra magnífica tajada. De lo que puede deducirse que el señor Ortiz de Zevallos es el escritor mejor pagado del país.
Y que tiene la consultora más próspera del país. Y la revista académica más anunciada del país. Y las encuestas más solicitadas del país. Y los funcionarios más afortunados del país.
Porque resulta que en estos días, cuando quiere aplicársele a Jorge del Castillo la figura del secreto bancario, hemos releído la ley de la Banca. Y la figura del secreto bancario incluye a los directores del Banco Central de Reserva (parágrafo 2 del artículo 140).
Y desde luego que se invoca el artículo 165 del Código Penal, lo que obligaría a la fiscal de la Nación, Blanca Nelida Colán, a abrir una investigación en contra del señor Castagnola, despensero y gato en el directorio del BCR.
Claro, no va a pasar nada. Porque el BCR es el mundo inimaginable. El vicepresidente de esa institución, el abogado Mario Tovar Velarde, en el colmo de la desfachatez, hace que el BCR le mande a hacer consultas legales al estudio de abogados Tovar y Zapata -o sea el suyo-.
Fíjense bien: el vicepresidente del BCR hace que el BCR le consulte al estudio Tovar y Zapata (propiedad del susodicho vicepresidente). El vicepresidente se contesta a sí mismo y luego se factura y luego se paga. O sea, la obra maestra de la concha. Para ello utiliza a la Comisión de Liquidaciones, que le debe a más de veinte instituciones financieras en proceso de liquidación, que aduce no tener fondos, pero que sí tiene plata para pagar esas consultas mañosas.
Ese es el fujimorismo que Ortiz de Zevallos defiende con sus sondeos sesgados y su reciente mirada de cobrador.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Cultura de la muerte
Faltando pocos días para el fin del siglo XX, una noticia llamó nuestra atención: se estaba subastando, por todo lo alto, el menaje y diversos recuerdos domésticos de algunos de los más infames sociópatas de la historia. No imaginábamos en aquel diciembre de 1999, sin embargo, que aquellas atrocidades de remate y pujas se harían cosa común con el correr de los años y que el capitalismo haría del culto a la muerte una de sus más sombrías delicatesen.
Un cable de la agencia Efe nos trae la última nueva del capitalismo a lo bestia. Resulta que la subastadora Great Gatsby’s, localizada en Atlanta, ha decidido vender bienes póstumos asociados al crimen. O sea, suvenires de asesinos, lunáticos y suicidas inductores de suicidios multitudinarios.
Great Gatsby’s ha puesto a la venta, por Internet, una coctelera de plata que perteneció a Adolfo Hitler y que tiene el emblema nazi y las iniciales A.H. El objeto fue robado como botín de guerra por un soldado norteamericano en la ciudad de Munich.
¡Abran sus ofertas! ¿Cuánto puede costar tamaño objeto de culto para las hordas nazis que crecen como hongos en los Estados Unidos? ¡Vamos, suban sus ofrecimientos!
¿No es delicioso imaginar que esa coctelera fue parte del decorado de una noche en la que Hitler le trató de explicar a Eva Braun por qué la música de Wagner era parte del espíritu alemán? Afuera, en el reciente frío del otoño, los pastores alemanes ladrarían. Y Hitler, muy tierno, daría la orden de que los calentasen en el galpón especial. A muchos kilómetros, miles de judíos, gitanos, homosexuales y comunistas mirarían a los ojos de sus guardianes para intentar descifrar si esa sería la última noche de sus vidas.
Ahora venden su coctelera. Como antes quisieron vender sus falsos diarios. También Great Gatsby’s está vendiendo por la red cibernética los cepillos de dientes, las túnicas y los lapiceros de los miembros de la secta Puertas del Cielo, que se mataron unánimemente para que los extraterrestres los recogieran el día del juicio final de 1997.
Dice el cable que Cathee Shultz, propietaria del Museo de la Muerte en Hollywood, ya ha manifestado su deseo de comprar las camas donde los 39 suicidas fueron hallados. Es como un homenaje al siglo XX, probablemente el siglo más depravado de la breve historia humana. Suena coherente.
Propongo que entren a la subasta del patíbulo el pañuelo de seda de Stalin, el lapicero de oro de Mao, la limusina de Pinochet, los calzoncillos de Batista, el vaso de noche de Jack el Destripador, la afeitadora de Landrú, las gafas de Kevorkian, el anillo de bodas de Mengele, la boina de faena de Ariel Sharon, el teléfono cifrado de Montesinos, la escupidera de Mussolini y la tarjeta de platino, con sede en el Caribe, del señor Fujimori.
Un cable de la agencia Efe nos trae la última nueva del capitalismo a lo bestia. Resulta que la subastadora Great Gatsby’s, localizada en Atlanta, ha decidido vender bienes póstumos asociados al crimen. O sea, suvenires de asesinos, lunáticos y suicidas inductores de suicidios multitudinarios.
Great Gatsby’s ha puesto a la venta, por Internet, una coctelera de plata que perteneció a Adolfo Hitler y que tiene el emblema nazi y las iniciales A.H. El objeto fue robado como botín de guerra por un soldado norteamericano en la ciudad de Munich.
¡Abran sus ofertas! ¿Cuánto puede costar tamaño objeto de culto para las hordas nazis que crecen como hongos en los Estados Unidos? ¡Vamos, suban sus ofrecimientos!
¿No es delicioso imaginar que esa coctelera fue parte del decorado de una noche en la que Hitler le trató de explicar a Eva Braun por qué la música de Wagner era parte del espíritu alemán? Afuera, en el reciente frío del otoño, los pastores alemanes ladrarían. Y Hitler, muy tierno, daría la orden de que los calentasen en el galpón especial. A muchos kilómetros, miles de judíos, gitanos, homosexuales y comunistas mirarían a los ojos de sus guardianes para intentar descifrar si esa sería la última noche de sus vidas.
Ahora venden su coctelera. Como antes quisieron vender sus falsos diarios. También Great Gatsby’s está vendiendo por la red cibernética los cepillos de dientes, las túnicas y los lapiceros de los miembros de la secta Puertas del Cielo, que se mataron unánimemente para que los extraterrestres los recogieran el día del juicio final de 1997.
Dice el cable que Cathee Shultz, propietaria del Museo de la Muerte en Hollywood, ya ha manifestado su deseo de comprar las camas donde los 39 suicidas fueron hallados. Es como un homenaje al siglo XX, probablemente el siglo más depravado de la breve historia humana. Suena coherente.
Propongo que entren a la subasta del patíbulo el pañuelo de seda de Stalin, el lapicero de oro de Mao, la limusina de Pinochet, los calzoncillos de Batista, el vaso de noche de Jack el Destripador, la afeitadora de Landrú, las gafas de Kevorkian, el anillo de bodas de Mengele, la boina de faena de Ariel Sharon, el teléfono cifrado de Montesinos, la escupidera de Mussolini y la tarjeta de platino, con sede en el Caribe, del señor Fujimori.
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