martes, 12 de enero de 2010

La pifia a Vargas Llosa

El abucheo a Mario Vargas Llosa en Santiago, Chile, es el cierre del círculo y el final de la jornada.
Durante todos estos años el novelista ha pretendido mantenerse en una línea de centro aunque sus opiniones estuviesen más cerca de la derecha y sus iras se dirigiesen invariablemente en contra de todo aquello que pudiese contrariar al establecimiento.
Brillante para jugar a las escondidas, Vargas Llosa logró en los últimos tiempos mantener, en España por ejemplo, una reputación de moderado.
Pero ese viaje del peregrino engañoso acaba de terminar.
El apoyo explícito, entusiasta y compadreril de Vargas Llosa a Sebastián Piñera acabó con el carnaval de las máscaras.
Y las pifias de ayer, provenientes de partidarios del gobierno de Bachelet –es decir de socialdemócratas más bien tibios- confirman que ya no sólo en el Perú, donde las pasiones domésticas pueden distorsionarlo todo, sino en crecientes sectores de la región, el papel de Vargas Llosa es visto como el de un funcionario del sistema de dominación y engaño que se ha instalado en el mundo desde 1980.
Vargas Llosa no necesitaba apoyar a Piñera. Digamos que bastaba con continuar prestando su respaldo a la Concertación para cumplir con el rito de no atizar ningún fuego.
Al fin y al cabo, nada más moderado y reflexivo que la Concertación. Ningún servicio mejor prestado que el que le ha hecho el socialismo chileno posallendista a la españolizada transición chilena.
Porque si España tuvo a un González Chile tuvo necesidad de cuatro. Y cada uno de ellos ha cumplido, con placer como en el caso de Frei o con reticencias como en el caso de Lagos, su rol de contención.
De modo que apoyar a Piñera es una manera ruidosa de romper con el centro y apostar por el reaganismo andino –que eso es, si la abreviatura es permitida, el señor candidato de la vieja y sanguinaria derecha chilena-.
Hace poco dijimos en esta columna que Vargas Llosa terminaría –era una figura un tanto impía, lo admitimos- pensando como su padre y escribiendo como su hijo.
Lo primero se está cumpliendo. Lo segundo, felizmente, no. Vargas Llosa sigue brillando como prosista. Pero cuando dijimos lo que dijimos no nos referíamos al estilo y a la estética, sino al fondo, a los contenidos.
El salto de Vargas Llosa desde el difícil equilibrio hasta el clavado olímpico en la piscina de la derecha latinoamericana es una vuelta de tuerca decisiva en su evolución.
Comunista de célula, sartreano curioso, castrista declarado, excastrista en nombre de la libertad, camusiano converso, conservador belaundista en los 80, antisartreano hasta la difamación en los 90, aldea-globalista al arrancar el milenio, cronista que contempla todos los matices en muchos de sus artículos, antiindigenista rivaagüerino, aldeaglobalista cada vez más entusiasta, Vargas Llosa ha terminado este largo y quizá muy explicable viaje en las sentinas de una nave que zarpó del Callao en los años 50.
La derecha, con sangre en las manos y pólvora siempre a mano, ha terminado de reclutar a su más eximio espadachín. Que le aproveche.
Construyéndole un museo a Alan García y patrocinando a Sebastián Piñera, Vargas Llosa demuestra por qué el Fredemo –el frente que lideró en 1990- tuvo en Francisco Pardo Mesones a su mayor representante.

3 comentarios:

cecilia dijo...

El dinero lo ha afirmado eso segurisimo.

Anónimo dijo...

CUIDADO CON EL FRAUDE
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-OJO CON EL PAR DE PANZONES, ALAN GARSUA Y KEIKO CHANCHA FUJIMORI(LA
HIJA DEL LADRON-COBARDE)QUE SE COCI
NAN UNA CHANCHADA.
-QUE NO SE REPITA LA CHANCHADA DEL
AÑO 1990.
-AVISA A LOS NO COMPAÑEROS
-VIGILA A LOS LACAYOS DE ALAN(TODOS
LOS APRISTAS SIN EXCEPCION)QUE PENA

GUIDO SOTILLO OSORIO dijo...

La derecha nunca ha sido tan sanguinaria como la URSS de Jose Stalin, La Cuba de Fidel Castro, La China de Mao o la Camboya de Pol Pot. MVLL ha caminado el rumbo del intelectual comprometido, aquel que es curioso y siente una responsabilidad social no solo por sus actos sino por el hombre universal. El no permitir que los pueblos se hundan en el suicidio de la falta de libertades, es una línea más clara en su devenir que su apego momentáneo a corrientes de pensamiento que luego, como le consta, languidecieron hasta morir en sus propias contradicciones o en los choques con la realidad, usted señor H es testigo. Las idiologías prestadas encasillan a cualquiera, señor H, y la historia las ha demolido para nuestro bien, no debemos caer nuevamente en alguna trampa que nos impida ser libres.