miércoles, 3 de marzo de 2010

La libertad en Barranco

Dicen que el alcalde de Barranco es un déspota y que la policía a su servicio actuó como una falange fascista la noche en que intentó restablecer el orden tras los desmanes y la bullanga del carnaval.
Bueno, eso dicen algunas prensas que se autotitulan libertarias a la hora de fomentar el vocerío y la cumbiamba al aire libre.
La verdad es que caos es lo que había en Barranco aquella noche de caras pintarrajeadas para la guerra, de apaches fumados, de borrachos y borrachas bien cheleados y cheleadas, de aguateros a domicilio y de untadores de betún con sobandanga incluida.
A mí que no me vengan a decir que eso es libertad ciudadana y uso limpio de los espacios públicos.
Yo lo que vi, por la misma tele que hizo causa común con los revoltosos alcoholizados, fue una turba meneándose y haciendo un ruido espantoso y convirtiendo la calle en un espacio privatizado a la fuerza, secuestrado por la “alegría” llameante del trago, orinado a discreción.
Y si eso es libertad, pues entonces que venga el orden. Porque si aquello es libertad, prefiero la autoridad. Prefiero ser prusiano con tal de no ser un anarquista del brindis.
Lo mismo, más o menos, ha sucedido en Miraflores con un festival musical no autorizado.
Que haya grupos que crean que la calle es de ellos y que el vecindario no cuenta, es un problema. Pero que haya prensa que hable de “libertad amenazada” cuando la policía quiere recuperar el espacio público tomado, eso es algo todavía más grave.
Hay gente progre para algunas cosas y reaccionaria para los asuntos que incumben al sistema. Es progre a la hora de defender las tremolinas en distritos que no son los suyos. Es reaccionaria, por ejemplo, a la hora de defender derechos sindicales maltratados y soberanías difuntas por los TLC. Es prensa del barrio que ejerce la crítica en contra de algunas alcaldías menores. Ha renunciado a otros horizontes que no sean el ayuntamiento.
Hay también una tribu urbana que parece salida de “Somos” y que lo que intenta es convertir la ciudad en su garito, los parques públicos en sus discotecas sin boletería, los jardines municipales en sus guariques.
Son los que ensayan sus Músicas a todo volumen y linchan la paz con sus alaridos, sus aplausos, su estereofonía a la intemperie, su “medalagana” de tiro corto.
Detrás de ellos están viejas glorias del hippismo derrotado, veteranos del alcohol y de los tronchos y abuelas rockeras que aspiran a que la bulla, de algún modo, las despierte.
Y esta masa de bividíes y sobacos libertarios y mausoleos de largo aliento chupa como loca, se entusiasma, se excita y se pone en marcha. Y, claro, todo estaría bien si alquilaran un local donde desahogarse como les diera la gana y desordenarse como quisieran y multiplicarse como Dios manda.
Pero no. Eligen la calle, que debería ser de todos. Y, sin referéndum, sin consulta vecinal, sin respeto alguno, se apropian de lo público con fines de tumulto y de cebada.
Un grupo de vecinos, entonces, llama al serenazgo y la policía viene y es insultada y provocada y, luego, llegan los gases, las respuestas, los excesos, las brutalidades de la suboficialidad.
Cuando la humareda se despeja, viene después la prensa “progre” para algunas cosas y decide quién es la víctima y quién es el verdugo.
Y por supuesto que el verdugo lleva uniforme y las víctimas son la encarnación del libre albedrío interrumpido por una porra.
Por eso es que la democracia, a veces, tiene en el Perú la cara de la anarquía y la mirada maleva del desorden. Por eso es que siempre estaremos expuestos a un Fujimori cualquiera que confunda al país con un burdel, a la ciudadanía con una gran pandilla, al ejército con una banda destructora y al BCR con la caja registradora de una bodega ponja.
Porque la libertad no consiste en gritar un sábado por la noche ni en mear debajo de un árbol comunal. Esa era la libertad de John Travolta. Esa es la libertad de los esclavos.

10 comentarios:

Tanús dijo...

Que excelente post; concuerdo con usted en todos los aspectos.

Lo peor de todo es que algunos dicen que el carnaval es un "espectaculo cultural", en realidad se trata de un grupo de "poseros" con aires de bohemios

Tanús dijo...

tengo un articulo acerca de jaime bayly, los invito a que lo lean en
www.tanus9.blogspot.com

Carlos dijo...

De acuerdo, libertad y libertinaje parace lo mismo aquí, además esa prensa sumisa al patrón es la menos indicada a criticar.

Facebook dijo...

No creo que pueda generalizarse a todos con los epítetos de Hildebrant. Él -sesgadamente- no toma en cuenta a la gente que fue porque le llamó la atención la algarabía; él asume a todos sucios, malcriados y ebrios -sino drogados. Me llama la atención su tufo discriminatorio. Particularmente puedo suponer que no se identifica con acciones que impliquen estar en grupo. Sus razones o complejos (como todos) ha de tener. La sociedad tiene libertades y derechos, pero por sobre eso, debe tener la capacidad de comprender al otro. Somos una sociedad aomplejada. Si el otro se divierte y a mí no me agrada, hago lo que sea para joderlo. Nadie puede justificar tampoco el comportamiento desubicado de mucha gente, a ésta hay que educarla -no reprimirla- y para ello no puede ser la violencia el medio, teniendo otros canales para hacerlo posible. Educar a las fuerzas del orden sería también prioritario para empezar el cambio social. Por lo demás, el carnaval -fiesta pagana- se celebra y celebrará en miles de lugares en el mundo, y donde se haga, el desorden, la bulla y la suciedad estarán presentes (claro con los habituales borrachos, fumones y sanos también), pero hay que entender, comprender, y aceptar -porque no es todos los días- que muchos pueden hacer uso de los espacios que yo también utilizo (calles, parque) para celebrar lo que ellos quieran; qué más felicidad que ver a gente que desborda de alegría, y juega sin malicia entre sí.

Anónimo dijo...

Sr. se Cesar Hildebrandt, parece un viejo amargado que paso????

cecilia dijo...

Gritar calle y libertad un dia sera un grito desesperado, ojala no, en el Peru hay gente variada diferente y eso pondra trabas a la uniformidad......
Y claro esta tampoco es cosa de promover la informalidad extrema y generalizada, que en el Peru sobra un tanto....
saludos.

Anónimo dijo...

Para el tal Tanus, no habia visto en mucho tiempo algo mas posero que tu blog, que descaro de ese pata.

Anónimo dijo...

VIEJITO AMARGADO!!
Cuanto tiempo perdi leyendo su ridiculez

Anónimo dijo...

Me parece una persona muy locuaz y convincente, no se olvide que usted también sufrió represión, no se olvide que usted también se sintió machado cuando vulneraba la honra de las personas en su programete y tuvo a bien acogerse al derecho de la libertad de expresión, tal vez la única diferencia es que usted es un "periodista serio?" y tiene llegada... Señor Hildebrant para hablar de moralidad y defenderla hay que ser un ser moral, no un tipejo que anda diciendo cosas y luego retractándose... sus años mozos acabaron, su sentido crítico está cayendo y entrando en el infértil campo de las mentes viejas... qué es lo que busca, qué es lo que persigue... aún lo siguen leyendo pero mire quién... personas que están destinadas a llevarse al viejo Perú a la tumba, personas tan conservadoras (y de hecho tan cucufatas) cómo usted... tan pobres de espíritu que no recuerdan sus años mozos... tan pobres de memoria que no recuerdan cuando eran jóvenes y sí lo hacen realizan comparaciones inverosímiles diciendo "en mis épocas las cosas no eran así"... en sus épocas ustedes dejaron que las dictaduras sigan y les sirvieron a ellas, en sus épocas se conformaban con tomar salones de clase, en sus épocas convivían con el terrorismo y fueron incapaces de frenarlo, en sus épocas tenían miedo de hablar, de expresarse y de luchar por lo que ustedes creían, miedo de festejar su libertad, los tiempos cambian las costumbres no y el carnaval de barranco es una costumbre… a algunos les debe haber molestado a otros tantos no… total es parte de la sociedad no?

Alejandro Salem dijo...

Ojalá mueran todos aquellos que osan utilizar la calle para su libertinaje, su borrachera y alcohol, ojalá mueran todos aquellos que someten a los vecinos de barranco a su carnaval malévolo desde los últimos diez, quince o veinte años. Más aún, todos aquellos niños y bebes, cuyas pistolitas de agua eran claros precursores de los asesinos tronchos del mañana, ojalá se ahoguen con el gas lacrimógeno que imparte nuestra sagrada y seria Policía Nacional (organización que ya tiene Facebook, dicho sea de paso) para que no lleguen nunca a crecer y volverse hippies, fumones o maricones. Ojalá todos aquellos ancianos que salieron de sus casas para compartir este desmadre se sofoquen, que sus articulaciones gastadas se quiebren, porque seguro ya no son productivos y para qué los queremos.

Recemos, hermanos, para que Dios ciegue los ojos y la razón de nuestra Policía Nacional. Que el criterio y la discreción nunca obstruyan el cumplimiento de la ley.