Como Moisés Wolfenson ya está libre sin haber pagado la reparación civil -sí, el Wolfenson que calumniaba a cambio de dinero del SIN y en yunta con Pepe Olaya-, entonces el director de “La Razón” ya puede poner las cartas sobre la mesa. Ya no hay nada que temer. Total, funciona el maridaje del seco aprista y el sashimi de pescado podrido del fujimorismo. ¿No ven al congresista Pando liberado gracias al ausentismo apro-fujimorista? ¿No escuchan al héroe del Frontón, señor Giampietri, defender a Fujimori y no ser rectificado por nadie del gobierno? ¿No dijo García en Tokio que los peruanos admirábamos tanto al Japón que por eso elegimos presidente a un japonés?
Bueno, pues. Entonces ya es tiempo de que Uri Ben Schmuel, tan agazapadamente proisraelí como los Wolfenson y como el Winter ese emparentado con los Wolfenson, diga lo que piensa del grupo Colina, de Martin Rivas y de los derechos humanos.
Y el señor Uri Ben Schmuel, director de “La Razón”, ha sido muy claro.
De Martin Rivas ha dicho que “es un soldado que sirvió a la Patria” (así, con mayúscula). Y ha añadido esta frase que el lodo, fatalmente, no podrá inmortalizar: “Si fuéramos un país agradecido, Santiago Martin Rivas (y, para el caso, también Fujimori) tendría que ser condecorado y no tratado como un criminal…”
¿La Cruz de Barrios Altos para el psicópata que la familia Wolfenson y su escribidor enaltecen? ¿La Orden del Sol en grado de Gran Exterminador? ¿La Medalla del Valor para quien asesinaba estudiantes desarmados y llegó a matar a un niño de ocho años en la masacre de Barrios Altos? ¿O le damos la máxima condecoración que algunos canallas pueden imaginar, es decir la Orden de Ariel Sharon en grado de Sabra y Chatila? ¿Así piensa Azi Wolfenson, el huidizo patriarca familiar que se esmera en pasar por civilizado?
Uri Ben Schmuel llama “operaciones especiales” a los asesinatos del grupo Colina.
Y escribe a continuación:
“Sí, claro, hubo daños colaterales. Pero que no nos vengan con el cuento que (sic) son víctimas inocentes. Para que un civil pueda ser protegido por las leyes, debe evitar tomar parte en las hostilidades y si viola este principio está sujeto a una represalia igual que los cuadros terroristas (sic). En Barrios Altos se planeó el ataque a la escolta de los Húsares de Junín, que mató a seis soldados y dejó a 25 inválidos de por vida. Los autores del atentado de Tarata, donde se asesinó a 25 personas e hirió a 155, se escondieron en La Cantuta”.
Este fujimorista con sede en el Mossad, esta mezcla de Menace Begin y Alberto Pandolfi, difama tumbas y se ensaña con los ajusticiados. Todos sabemos que las víctimas de Barrios Altos, incluyendo el niño que recibió disparos en la cabeza cuando quiso guarecerse en una habitación, nada tenían que ver con Sendero Luminoso. Fue “un mal dato de Inteligencia” el que hizo creer al enfermo mental que es Martin Rivas de que detrás de esa pollada podía estar la gente de Guzmán. Y fue una siniestra presunción la que llevó al mismo grupo de asesinos seriales a matar a quienes extrajeron a la fuerza de La Cantuta, entre los cuales -lo supimos por declaraciones del mismo agente infiltrado que los señaló- hubo cinco personas que ni siquiera merecían ser tildadas de sospechosas.
Pero aun en el caso de que todas las víctimas de Barrios Altos y La Cantuta -incluyamos otra vez al niño de ocho años- hubiesen sido senderistas, ¿es que el plumífero de los Wolfenson justifica el exterminio al margen de toda ley? Sí, este señor ha drenado el siguiente párrafo:
“Porque las eliminaciones selectivas no son violaciones a los derechos humanos, sino un medio eficaz que permite al Estado defenderse de quienes quieren sembrar la muerte y destrucción. Y eso no es “guerra sucia”, como claman los “derechohumanistas”. No existe tal cosa como una guerra “limpia”. Es guerra a secas. Y demanda lo que sea para ganarla”.
Lo que el director de “La Razón” ha escrito parece salido directamente del ministerio de Defensa de Israel o de la oficina de quienes matan a domicilio (y desde el aire) a los líderes de Hamas, movimiento electoralmente invencible en Gaza. El director de “La Razón” supone que está en Tel Aviv y que aquí hacemos lo que las tropas de su país (me refiero al país de sus afectos) hacen, desde 1948, con los palestinos. Lo que pasa es que “las eliminaciones selectivas” no lo son tanto. Por eso es que en la última excursión carnicera al Líbano, la del año 2006, las tropas israelíes mataron a más de mil doscientas personas, un tercio de las cuales eran mujeres y niños. Y por eso es que la más reciente matanza en la Franja de Gaza dejó 116 muertos en sólo 72 horas, un tercio de los cuales eran mujeres escondidas en sus casas y niños escondidos en el regazo de sus madres. A eso llama este sujeto “daños colaterales”.
Una vez libre Moisés Wolfenson, “La Razón” ha vuelto a evocar los peores ejemplos de la familia Wolfenson. Hay que admitir, sin embargo, que ni siquiera Pepe Olaya se había atrevido a tanto. Si en el Perú hubiese antisemitismo -felizmente que estamos libres de esa infección- lo escrito por Uri Ben Schmuel se usaría como atizador. Pero lo que ese señor pretende no saber es que lo que ha escrito podrían haberlo firmado Himmler, Göering y el mismísimo Hitler. El fujimorismo reinterpretado desde los asentamientos ilegales de la Cisjordania, suena a cadena arrastrada, depravación surtida y pestilencia de alma.
Y si el director de “La Razón” desprecia a quienes defienden la vigencia de los derechos humanos, esperamos que nunca necesite apelar a ellos para salvarse de una persecución genocida, como aquella de la que fue víctima su pueblo. Porque el señor director de “La Razón” es humano, aunque haga todo lo posible por disimularlo.
sábado, 5 de abril de 2008
viernes, 4 de abril de 2008
Presa de desesperación
Melissa Patiño Hinostroza tiene 20 años y piensa que el mundo puede ser distinto. O sea que piensa que los pobres no tienen por qué ser eternos, que la neumonía no debería cundir en cada invierno de las callejuelas, que el doctor García podría ser menos ahijadito de Bush, Bush menos padrino de la mafia de Cheney, el dinero menos principal y la posibilidad de mirar las musarañas y no morir a manos de un microbusista, algo menos remoto de lo que es ahora.
En fin, Melissa Patiño tiene 20 años, estudia Administración de Empresas en San Marcos, escribe poesía, es miembro del grupo cultural “Círculo del sur”, trabaja en la producción del programa radial “Todas las voces” (Radio Stereo Villa 101.7) y, representando justamente al director de ese programa, acudió al segundo encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana, que se realizó a puertas abiertas en Quito, Ecuador, con delegaciones juveniles del país anfitrión más Venezuela, Uruguay, Brasil, Perú, Argentina y Cuba.
De regreso al Perú, Melissa tomó un ómnibus puesto a disposición por los organizadores del evento. Al cruzar la frontera, en Aguas Verdes, fue detenida por la policía política peruana, esposada, fotografiada, grabada por las cámaras solícitas de la televisión y exhibida en la prensa como “una de las terroristas que estuvieron en una reunión en Quito, donde se tramó cómo sabotear las cumbres de jefes de Estado que está preparando el Perú”.
Melissa Patiño no pertenece al MRTA ni simpatiza con ese grupo que, en efecto, confundió la rebeldía de los pueblos con el asesinato sectario. Tampoco, desde luego, tiene que ver con Sendero, la sucursal del difunto Khmer Rouge en el Perú. Es más, Melissa no tiene ejercicio partidario alguno y si en alguna juventud milita es en la suya, que apuesta por la cultura como agenciadora de mejores tiempos y en los recitales como pretexto para conocer a gente de palabra. Melissa no es una guerrillera pero tampoco cree que este sistema, que hiede a la legua, pertenece, como cree ahora el doctor García, a la esfera de lo sagrado. No, por supuesto.
Pero hay que ser tan obtuso como Alva Castro, tan brutalmente fascista como el jefe de esa policía que el Apra ha ensillado, para decir que en Quito, durante una cita tumultuosa de 800 personas, a tiro de cámaras de TV y periodistas de todo calibre, se complotó para arruinar de modo sangriento las cumbres que se llevarán a cabo en el Perú. Si así hubiese sido, el gobierno de Correa es el que habría tomado cartas en el asunto. No, general Octavio Salazar: que Alfaro viva, carajo, no tiene que ver en este asunto: en Quito hubo una reunión juvenil internacional donde se habló de la economía globalizada, del hambre también internacional, de las conjuras de Washington en relación a América Latina (a las que usted sirve sin saberlo), de las maquinarias represivas (de las que usted es emblema), de Bolívar y Martí (par de subversivos, oiga usted) y donde, en un momento dado, las FARC aprovecharon para lanzar un vídeo de Raúl Reyes, vídeo que resultó testamentario porque, días después, las fuerzas combinadas colombo-norteamericanas agujerearon su escondite invadiendo, precisamente, territorio del Ecuador, fíjese usted.
Decir que todos los que vieron un vídeo de Raúl Reyes están dispuestos a dinamitar los hoteles cinco estrellas de Lima cuando la Apec despliegue su agenda en Lima en medio de miles de policías encubiertos, eso es algo que sería sólo mostachudamente ridículo, como usted mi general, si Melissa Patiño no estuviese presa en Santa Mónica.
En la hipótesis negada de que Melissa tuviera alguna cercanía amistosa con gente que quiere hacer del MRTA un partido político, ¿qué diablos habría de punible en eso? Semanas después de su detención, la policía de los Alva Castro no ha mostrado una sola prueba que justifique la detención de Melissa o la de los otros seis peruanos detenidos en la frontera norte y tratados como si este fuera el reino del Chivo Trujillo.
Un puñado de escritores e intelectuales que no salen en los periódicos, que no quieren salir en los periódicos, hicieron un plantón pidiendo la libertad de Melissa Patiño. La policía que el Apra quiere ensuciar hasta donde sea posible, cargó contra los manifestantes y los aporreó. ¿Para esto nos liberamos de Fujimori, mientras Agustín Mantilla –esa mugre dizque de aprismo irrenunciable– recibía dinero de Montesinos en la salita del SIN?
Sorprende, además, el silencio de la “cultura oficial”. ¿Dónde están los que hubiesen puesto el grito en el cielo (legítimamente) si algo como lo de Melissa Patiño hubiese sucedido en la Venezuela de Chávez o en la Cuba de Castro? ¿Debajo de qué camas tiemblan o sobre qué camas se distraen los que deberían decir algo en relación a este periodo de intolerancia que el Apra, con la anuencia de la prensa fenicia, está imponiendo?
Qué quiere el doctor García? ¿Imitar a Haya en sus volúmenes, en su viudedad doctrinaria y en su amor por las alianzas oscuras, pero terminar pareciéndose a Odría en su entendimiento de la democracia? ¿Haya y Odría en una sola persona? ¿La Coalición Apra-Uno hecha carne?
¿Y qué está pasando con la prensa peruana? Aparte del parricidio fáctico perpetrado por Gustavo Mohme Seminario, ¿qué otra cosa tendremos que lamentar?
¡Liberen a Melissa, manga de abusivos!
En fin, Melissa Patiño tiene 20 años, estudia Administración de Empresas en San Marcos, escribe poesía, es miembro del grupo cultural “Círculo del sur”, trabaja en la producción del programa radial “Todas las voces” (Radio Stereo Villa 101.7) y, representando justamente al director de ese programa, acudió al segundo encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana, que se realizó a puertas abiertas en Quito, Ecuador, con delegaciones juveniles del país anfitrión más Venezuela, Uruguay, Brasil, Perú, Argentina y Cuba.
De regreso al Perú, Melissa tomó un ómnibus puesto a disposición por los organizadores del evento. Al cruzar la frontera, en Aguas Verdes, fue detenida por la policía política peruana, esposada, fotografiada, grabada por las cámaras solícitas de la televisión y exhibida en la prensa como “una de las terroristas que estuvieron en una reunión en Quito, donde se tramó cómo sabotear las cumbres de jefes de Estado que está preparando el Perú”.
Melissa Patiño no pertenece al MRTA ni simpatiza con ese grupo que, en efecto, confundió la rebeldía de los pueblos con el asesinato sectario. Tampoco, desde luego, tiene que ver con Sendero, la sucursal del difunto Khmer Rouge en el Perú. Es más, Melissa no tiene ejercicio partidario alguno y si en alguna juventud milita es en la suya, que apuesta por la cultura como agenciadora de mejores tiempos y en los recitales como pretexto para conocer a gente de palabra. Melissa no es una guerrillera pero tampoco cree que este sistema, que hiede a la legua, pertenece, como cree ahora el doctor García, a la esfera de lo sagrado. No, por supuesto.
Pero hay que ser tan obtuso como Alva Castro, tan brutalmente fascista como el jefe de esa policía que el Apra ha ensillado, para decir que en Quito, durante una cita tumultuosa de 800 personas, a tiro de cámaras de TV y periodistas de todo calibre, se complotó para arruinar de modo sangriento las cumbres que se llevarán a cabo en el Perú. Si así hubiese sido, el gobierno de Correa es el que habría tomado cartas en el asunto. No, general Octavio Salazar: que Alfaro viva, carajo, no tiene que ver en este asunto: en Quito hubo una reunión juvenil internacional donde se habló de la economía globalizada, del hambre también internacional, de las conjuras de Washington en relación a América Latina (a las que usted sirve sin saberlo), de las maquinarias represivas (de las que usted es emblema), de Bolívar y Martí (par de subversivos, oiga usted) y donde, en un momento dado, las FARC aprovecharon para lanzar un vídeo de Raúl Reyes, vídeo que resultó testamentario porque, días después, las fuerzas combinadas colombo-norteamericanas agujerearon su escondite invadiendo, precisamente, territorio del Ecuador, fíjese usted.
Decir que todos los que vieron un vídeo de Raúl Reyes están dispuestos a dinamitar los hoteles cinco estrellas de Lima cuando la Apec despliegue su agenda en Lima en medio de miles de policías encubiertos, eso es algo que sería sólo mostachudamente ridículo, como usted mi general, si Melissa Patiño no estuviese presa en Santa Mónica.
En la hipótesis negada de que Melissa tuviera alguna cercanía amistosa con gente que quiere hacer del MRTA un partido político, ¿qué diablos habría de punible en eso? Semanas después de su detención, la policía de los Alva Castro no ha mostrado una sola prueba que justifique la detención de Melissa o la de los otros seis peruanos detenidos en la frontera norte y tratados como si este fuera el reino del Chivo Trujillo.
Un puñado de escritores e intelectuales que no salen en los periódicos, que no quieren salir en los periódicos, hicieron un plantón pidiendo la libertad de Melissa Patiño. La policía que el Apra quiere ensuciar hasta donde sea posible, cargó contra los manifestantes y los aporreó. ¿Para esto nos liberamos de Fujimori, mientras Agustín Mantilla –esa mugre dizque de aprismo irrenunciable– recibía dinero de Montesinos en la salita del SIN?
Sorprende, además, el silencio de la “cultura oficial”. ¿Dónde están los que hubiesen puesto el grito en el cielo (legítimamente) si algo como lo de Melissa Patiño hubiese sucedido en la Venezuela de Chávez o en la Cuba de Castro? ¿Debajo de qué camas tiemblan o sobre qué camas se distraen los que deberían decir algo en relación a este periodo de intolerancia que el Apra, con la anuencia de la prensa fenicia, está imponiendo?
Qué quiere el doctor García? ¿Imitar a Haya en sus volúmenes, en su viudedad doctrinaria y en su amor por las alianzas oscuras, pero terminar pareciéndose a Odría en su entendimiento de la democracia? ¿Haya y Odría en una sola persona? ¿La Coalición Apra-Uno hecha carne?
¿Y qué está pasando con la prensa peruana? Aparte del parricidio fáctico perpetrado por Gustavo Mohme Seminario, ¿qué otra cosa tendremos que lamentar?
¡Liberen a Melissa, manga de abusivos!
jueves, 3 de abril de 2008
El grado de inversión de Canal 11
Felizmente dije que no. Me refiero a lo de Canal 11. Esos chicos, por llamarlos de alguna manera, terminaron, como se sabe, proponiéndome ser asesor de sus programas noticiosos y periodísticos. Me negué porque, como lo dije en público, no me pareció correcto aceptar que me pagaran para estar fuera de la pantalla. Además, como que a mí las asesorías no me van. Soy de los que piensan que las decisiones importantes se toman siempre a solas.
Y, además, ¿a quién iba a asesorar? ¿A Patricia Lozada, conductora del programa estrella de RBC Televisión, ese titulado “¡Qué tal raza!”, santa damita que es esposa de Miguel del Castillo, conspicuo hijo de don Jorge del Castillo, gerente financiero de Canal 11? ¡Qué ocurrencia! ¿Cómo se puede asesorar a quien cada noche –me dicen– demuestra ser inmejorable en la pantalla? ¿Podía acaso atreverme a pensar que iba a asesorar a Wílder Orbegoso, ese prodigio de la fabla? ¿O es que alguien puede creer que ese noticiero de RBC necesita ayudantías cuando la perfección lo reclama como suyo?
¿O es que me proponían, acaso, asesorar a Luis Alfonso Morey, gerente general de RBC Televisión, joven de sólidos principios que fue Director de Cable Canal de Noticias, jefe de César Campos en esos manglares del niponismo azucarado, defensor público del sumamente pútrido Eduardo Calmell del Solar, prologuista de Fujimori en el libro “Fujimori vuelve”, autor neto de “El regreso del Chino: el nuevo fenómeno Fujimori” (publicado en el 2004), partisano de la libertad de expresión desde su puesto de columnista en “La Razón”, héroe casi troyano de la independencia de criterio cuando trabajaba en Astros Televisión (Canal 23 de la UHF) y animaba “Esta noche” (circa 2002) junto a Jorge Morelli y con el patrocinio del tercamente reo Vicente Silva Checa, muchacho ajeno al manoseo del poder cuando fue voceado, injustamente, como el novio de Keiko Fujimori? ¿Qué se le puede enseñar a alguien con esa experiencia? Supongo, además, que el único consejo que Morey aceptaría es el de Jorge Nakasaki.
Pero lo que parecía una patinada sin daños colaterales, una marqueteada táctica comunicando a la prensa que había negociaciones con este columnista exiliado de la tele, una jugarreta más o menos notoria para que “Caretas” se ocupara de ellos, adquiere una dimensión de prólogo sombrío a la luz de lo que acaba de publicar el blog “Desde el tercer piso”.
En efecto, la publicación virtual que dirige José Alejandro Godoy ha señalado, con papeles de Consucode en la mano, que, respecto de la torta publicitaria estatal, RBC Televisión ha pasado, de cero soles en el 2007, a 283,967 soles en lo poco que va del 2008. ¡Eso también se llama grado de inversión!
O sea que si RBC recibió 5,652 soles del Estado en el 2005; 6,394 en el 2006; y O (cero) soles en el 2007; ahora, con Miguelito del Castillo al frente de las finanzas, ha encontrado el paraíso con tetas, el maná de Rosita Ríos y el tesoro de la juventud en la arena de La Herradura.
Pero si uno da un pasito más en la ventana indiscreta de Consucode, se topará con una segunda sorpresa: la mayor parte de esa suma (249,000 soles) proviene del Ministerio del Interior. El rubro es como sigue: “Dirección de Economía de la Policía Nacional –PNP–/ Servicios de Publicidad Necesarios para la Ejecución del Plan de Estrategia Publicitaria Enero-Diciembre 2008. Fecha: 28 de Febrero del 2008. Suma asignada a RBC Televisión: 249,900 soles”. Y para que nadie pueda objetar el monto y el destino de esta marmaja que le quita a la miserable PNP el equivalente a dos camionetas de 44,000 dólares cada una, todo se ha tramitado –como sigue haciendo la agusanada Sunat con los medios de comunicación que quiere favorecer– por el atajo de los “servicios personalísimos”.
La otra fuente de ingreso fiscal de este Canal 11 tocado ahora por la suerte ha sido Petróleos del Perú, que ha contratado, apenas el 5 de marzo pasado, avisaje por 34,067 soles. No es gran cosa, pero es la primera vez en años que la empresa estatal del petróleo invierte en una estación de sintonía invernal. La vía también ha sido la de los “personalísimos” servicios.
¿No ven, neocones? ¿No ven cómo el Estado y la empresa privada pueden marchar juntos en aventuras comunes?
Y, además, ¿a quién iba a asesorar? ¿A Patricia Lozada, conductora del programa estrella de RBC Televisión, ese titulado “¡Qué tal raza!”, santa damita que es esposa de Miguel del Castillo, conspicuo hijo de don Jorge del Castillo, gerente financiero de Canal 11? ¡Qué ocurrencia! ¿Cómo se puede asesorar a quien cada noche –me dicen– demuestra ser inmejorable en la pantalla? ¿Podía acaso atreverme a pensar que iba a asesorar a Wílder Orbegoso, ese prodigio de la fabla? ¿O es que alguien puede creer que ese noticiero de RBC necesita ayudantías cuando la perfección lo reclama como suyo?
¿O es que me proponían, acaso, asesorar a Luis Alfonso Morey, gerente general de RBC Televisión, joven de sólidos principios que fue Director de Cable Canal de Noticias, jefe de César Campos en esos manglares del niponismo azucarado, defensor público del sumamente pútrido Eduardo Calmell del Solar, prologuista de Fujimori en el libro “Fujimori vuelve”, autor neto de “El regreso del Chino: el nuevo fenómeno Fujimori” (publicado en el 2004), partisano de la libertad de expresión desde su puesto de columnista en “La Razón”, héroe casi troyano de la independencia de criterio cuando trabajaba en Astros Televisión (Canal 23 de la UHF) y animaba “Esta noche” (circa 2002) junto a Jorge Morelli y con el patrocinio del tercamente reo Vicente Silva Checa, muchacho ajeno al manoseo del poder cuando fue voceado, injustamente, como el novio de Keiko Fujimori? ¿Qué se le puede enseñar a alguien con esa experiencia? Supongo, además, que el único consejo que Morey aceptaría es el de Jorge Nakasaki.
Pero lo que parecía una patinada sin daños colaterales, una marqueteada táctica comunicando a la prensa que había negociaciones con este columnista exiliado de la tele, una jugarreta más o menos notoria para que “Caretas” se ocupara de ellos, adquiere una dimensión de prólogo sombrío a la luz de lo que acaba de publicar el blog “Desde el tercer piso”.
En efecto, la publicación virtual que dirige José Alejandro Godoy ha señalado, con papeles de Consucode en la mano, que, respecto de la torta publicitaria estatal, RBC Televisión ha pasado, de cero soles en el 2007, a 283,967 soles en lo poco que va del 2008. ¡Eso también se llama grado de inversión!
O sea que si RBC recibió 5,652 soles del Estado en el 2005; 6,394 en el 2006; y O (cero) soles en el 2007; ahora, con Miguelito del Castillo al frente de las finanzas, ha encontrado el paraíso con tetas, el maná de Rosita Ríos y el tesoro de la juventud en la arena de La Herradura.
Pero si uno da un pasito más en la ventana indiscreta de Consucode, se topará con una segunda sorpresa: la mayor parte de esa suma (249,000 soles) proviene del Ministerio del Interior. El rubro es como sigue: “Dirección de Economía de la Policía Nacional –PNP–/ Servicios de Publicidad Necesarios para la Ejecución del Plan de Estrategia Publicitaria Enero-Diciembre 2008. Fecha: 28 de Febrero del 2008. Suma asignada a RBC Televisión: 249,900 soles”. Y para que nadie pueda objetar el monto y el destino de esta marmaja que le quita a la miserable PNP el equivalente a dos camionetas de 44,000 dólares cada una, todo se ha tramitado –como sigue haciendo la agusanada Sunat con los medios de comunicación que quiere favorecer– por el atajo de los “servicios personalísimos”.
La otra fuente de ingreso fiscal de este Canal 11 tocado ahora por la suerte ha sido Petróleos del Perú, que ha contratado, apenas el 5 de marzo pasado, avisaje por 34,067 soles. No es gran cosa, pero es la primera vez en años que la empresa estatal del petróleo invierte en una estación de sintonía invernal. La vía también ha sido la de los “personalísimos” servicios.
¿No ven, neocones? ¿No ven cómo el Estado y la empresa privada pueden marchar juntos en aventuras comunes?
miércoles, 2 de abril de 2008
Páginas sociales
Las páginas sociales tienen ese olor a combina y ese fucsia del amiguete presto a devolver favores por una razón: porque irradian falsedad. En ellas todos aparecen posando, todas salen diciendo chis y todos y todas parecen haber sido eviscerados y llenados con engrudo para la foto. Más que rostros lo que allí vemos son máscaras, pegatinas con apellidos y tensores dentales, felicidades instantáneas, parejas remendadas para la cámara, tetas de quirófano, ojeras ganadas en la gran noche de las cuchipandas, sonrisas de herederos inminentes, y a veces, sólo a veces, hembras sin melindres que ningún hombre debería acaparar.
Lo que les pasa a estas páginas sociales de Lima es que están hechas desde la veneración servil. Les falta veneno, ampayes, audacia igualitaria. Y, claro, lo que sucede es que quienes las hacen son empleados y empleaditas del gran billetón. Por eso es que en Eisha y sus dominios la felicidad cunde, los cuernos fueron desterrados durante la última visita papal, nadie se deprime y todos van al juego del Polo con la gorrita inmaculada, los anteojos de sol de Versace y ellos se creen descendientes de algún Plantegenet y ellas de duquesas de York imaginarias no bajan.
En esas fotos sin paisaje urbano ni cholos, depuradas por el comité de admisión y la huachimanería, todo parece discurrir con la serenidad de las órbitas planetarias. En esas imágenes de las que se ha desterrado el sufrimiento y lo único que retoza es la sensación de estar entre los suyos y estar a plenitud, la cámara opera no como testigo sino como homenaje. Es la versión moderna y tecnológicamente avanzada del viejo lente de Goyzueta mejorando a la gente clasemediera y poniendo rubor en la palidez y ojos claros donde el complejo y el arribismo lo quisieran.
Pero este columnista alguna vez, y como intruso fugaz y a regañadientes, ha frecuentado ese mundo y puede asegurar que entre esa gente ocurren cosas infinitamente más interesantes que torneos de polo, desfiles de caballos de paso y sesiones interminables de maquillaje. Como en todas partes, en esos tramos altos de la pirámide hay gente maravillosa y miserables de sable al cinto, santas y putas, caballerazos y abogados, valientes y fujimoristas. Y como en todas partes, los amores cambian de domicilio, los guisos de cocina, los vientos de dirección, las cutras de patrocinador, y las señoras que tienen que vengarse se vengan (y a veces se van), y hay señores que acuden a la fuente de la juventud con el cuento del elíxir y hay jovencitas que se desgarran las vestiduras sin solicitud de por medio y hay juergas donde la chocolateada de parejas termina en crisis y alaridos.
Lo que pasa es que a Eisha no le ha nacido una Magaly. Lo que pasa es que Magaly sólo se mete con futbolistas, amigas de todos sin fortuna, actores venidos a más y esforzados obreros de la farándula. Lo que sucede es que en este país hasta el chisme es un asunto de clase y el ampay de polendas podría traer problemas judiciales (la indignación de muchos jueces “ante la invasión de la privacidad” de los poderosos se paga con tarjeta de débito).
¡Ah, si aquí hubiera verdaderas páginas sociales! Ya tendríamos que estar enterados, por ejemplo, de la histórica reconciliación de Macarena Leguía y Bernardo Roca Rey. O ya sabríamos de dónde ha sacado la señora M. Hume la plata que acaba de inyectarle al programa de su hermanito. O ya estaríamos empapados (como en Eisha) del porqué Walter Bayly ha reemplazado a Raimundo Morales en el Banco de Crédito. Pero para esos sociales tendríamos que tener periodistas, no domésticas. Y tendríamos que haber tenido nuestro Cromwell, nuestra Revolución Francesa, nuestro parto como nación de hombres libres e iguales ante la ley, en suma. Y eso es mucho pedir en el Perú.
Lo que les pasa a estas páginas sociales de Lima es que están hechas desde la veneración servil. Les falta veneno, ampayes, audacia igualitaria. Y, claro, lo que sucede es que quienes las hacen son empleados y empleaditas del gran billetón. Por eso es que en Eisha y sus dominios la felicidad cunde, los cuernos fueron desterrados durante la última visita papal, nadie se deprime y todos van al juego del Polo con la gorrita inmaculada, los anteojos de sol de Versace y ellos se creen descendientes de algún Plantegenet y ellas de duquesas de York imaginarias no bajan.
En esas fotos sin paisaje urbano ni cholos, depuradas por el comité de admisión y la huachimanería, todo parece discurrir con la serenidad de las órbitas planetarias. En esas imágenes de las que se ha desterrado el sufrimiento y lo único que retoza es la sensación de estar entre los suyos y estar a plenitud, la cámara opera no como testigo sino como homenaje. Es la versión moderna y tecnológicamente avanzada del viejo lente de Goyzueta mejorando a la gente clasemediera y poniendo rubor en la palidez y ojos claros donde el complejo y el arribismo lo quisieran.
Pero este columnista alguna vez, y como intruso fugaz y a regañadientes, ha frecuentado ese mundo y puede asegurar que entre esa gente ocurren cosas infinitamente más interesantes que torneos de polo, desfiles de caballos de paso y sesiones interminables de maquillaje. Como en todas partes, en esos tramos altos de la pirámide hay gente maravillosa y miserables de sable al cinto, santas y putas, caballerazos y abogados, valientes y fujimoristas. Y como en todas partes, los amores cambian de domicilio, los guisos de cocina, los vientos de dirección, las cutras de patrocinador, y las señoras que tienen que vengarse se vengan (y a veces se van), y hay señores que acuden a la fuente de la juventud con el cuento del elíxir y hay jovencitas que se desgarran las vestiduras sin solicitud de por medio y hay juergas donde la chocolateada de parejas termina en crisis y alaridos.
Lo que pasa es que a Eisha no le ha nacido una Magaly. Lo que pasa es que Magaly sólo se mete con futbolistas, amigas de todos sin fortuna, actores venidos a más y esforzados obreros de la farándula. Lo que sucede es que en este país hasta el chisme es un asunto de clase y el ampay de polendas podría traer problemas judiciales (la indignación de muchos jueces “ante la invasión de la privacidad” de los poderosos se paga con tarjeta de débito).
¡Ah, si aquí hubiera verdaderas páginas sociales! Ya tendríamos que estar enterados, por ejemplo, de la histórica reconciliación de Macarena Leguía y Bernardo Roca Rey. O ya sabríamos de dónde ha sacado la señora M. Hume la plata que acaba de inyectarle al programa de su hermanito. O ya estaríamos empapados (como en Eisha) del porqué Walter Bayly ha reemplazado a Raimundo Morales en el Banco de Crédito. Pero para esos sociales tendríamos que tener periodistas, no domésticas. Y tendríamos que haber tenido nuestro Cromwell, nuestra Revolución Francesa, nuestro parto como nación de hombres libres e iguales ante la ley, en suma. Y eso es mucho pedir en el Perú.
martes, 1 de abril de 2008
El placer de dudar
Es bueno dudar. Es señal de que uno está vivo. Aristóteles concebía la duda como el comienzo de la sabiduría y Anatole France propuso que había que dudar hasta de la duda misma. Las certezas pueden venir de la flojera y la inercia, de la tradición y hasta de la herencia, pero la duda siempre requiere una mente activa y una temeridad en ejercicio.
Renán inventó una novena bienaventuranza en un discurso de la Academia francesa: “Bienvenidos los ciegos, porque ellos no dudarán de nada”.
Hamlet es, literariamente, el típico hombre que duda. Pero él padece de esa variante de la duda que paraliza y aniquila. Su duda es más insolvencia afectiva que capacidad de dudar. Porque una cosa es el mal de los irresolutos –que no dudan sino que no pueden elegir– y otra el bien de la duda metódica, ese gatillo de nuestro mecanismo defensivo que nos aleja de la credulidad.
No lo olvidemos nunca: la credulidad es el peor de los crímenes colectivos. Porque de la credulidad comen los que más han ensangrentado al mundo. La credulidad es el sí estúpido de los fanatismos, desde el que se cuelga de Cristo hasta el que late en la tribu que culpa a otra de todos sus males y arremete contra ella machete en mano.
La credulidad es el aullido de una masa hitleriana. La duda es lo que ha atormentado todos estos años a Günter Grass. La soberbia erizada de certezas es el Estado terrorista de Israel. Las dudas fueron del Mahatma Gandhi cuando dijo que no podía tratar a los musulmanes como los británicos habían tratado a los indios. Las certezas napoleónicas costaron ríos de sangre. La desconfianza de Buda en las verdades absolutas sólo han hecho más vivible al mundo. A Buda se le atribuye la mejor expresión del amor por la duda: “Dudad de todo y sobre todo de lo que voy a deciros…”
No hay nada que más repulsión me provoque que las certidumbres elefantiásicas (y, por lo general, fingidas) de los políticos. Ellos son racimos de certezas absolutas colgando del árbol de la locura. Apodícticos eran los comunistas del Marx canonizado y el Muro de Berlín justificado (con su Budapest explicadito y su Praga-68 bien callado). Hirsutos de certezas como los puercoespines son los neoconservadores, esos que creen que el gángster Dick Cheney es un empresario que sabe hacer sus cosas.
Entrar en años significa renunciar a las más prestigiosas certidumbres. Lo que no quiere decir que uno deba cambiar las certezas de ayer por los fundamentalismos de hoy, como le ha sucedido al pretendidamente oceánico doctor Alan García.
Cuando escucho hablar al doctor García, por ejemplo, voy en busca de mi revólver.
Porque el doctor García parece amenazar las corduras del mundo pontificando, como un loco acabado de imprimir por Espasa, sobre todo lo humano y casi todo lo divino.
Sabe y decreta sobre economía (escalofrío). Es el mayor experto mundial en napas freáticas. Ha obtenido doctorados fantasmas pero vigentes en Educación, Agricultura, Ingeniería de Riego y de Sistemas, Relaciones Internacionales, Sinología, Filosofía Comparada, Economía Contracíclica, Educación Cívica, Paternidad Responsable y Zoroastrismo Propio, que debe de ser su especialidad (me imagino).
Hasta cuando habló de Cuqui y Federico Danton hubo de hablar en un podio y todos le oímos tratando de darnos una lección sobre el deber de la responsabilidad. Por poco no cita a San Agustín o a Pascal.
García no tiene dudas sobre su predestinación y su enormidad histórica.
Lo que no sabe es que en algunas décadas cabrá en un párrafo del Larousse, así como Piérola cupo en unas líneas y Belaunde probablemente en ninguna. García se cree un estadista pero lo que es de verdad, y sin saña, es un virrey de la Casa Blanca. Y aunque sus sobones disfrazados de arlequín y de eco le digan lo contrario, lo cierto es que el civilismo al que sirve no lo considera uno de los suyos y no lo tratará con demasiada generosidad. Porque el civilismo es el que siempre escribe la historia del Perú.
Y todo eso le pasa a García por no dudar. Fíjense qué grave es eso de no dudar.
Renán inventó una novena bienaventuranza en un discurso de la Academia francesa: “Bienvenidos los ciegos, porque ellos no dudarán de nada”.
Hamlet es, literariamente, el típico hombre que duda. Pero él padece de esa variante de la duda que paraliza y aniquila. Su duda es más insolvencia afectiva que capacidad de dudar. Porque una cosa es el mal de los irresolutos –que no dudan sino que no pueden elegir– y otra el bien de la duda metódica, ese gatillo de nuestro mecanismo defensivo que nos aleja de la credulidad.
No lo olvidemos nunca: la credulidad es el peor de los crímenes colectivos. Porque de la credulidad comen los que más han ensangrentado al mundo. La credulidad es el sí estúpido de los fanatismos, desde el que se cuelga de Cristo hasta el que late en la tribu que culpa a otra de todos sus males y arremete contra ella machete en mano.
La credulidad es el aullido de una masa hitleriana. La duda es lo que ha atormentado todos estos años a Günter Grass. La soberbia erizada de certezas es el Estado terrorista de Israel. Las dudas fueron del Mahatma Gandhi cuando dijo que no podía tratar a los musulmanes como los británicos habían tratado a los indios. Las certezas napoleónicas costaron ríos de sangre. La desconfianza de Buda en las verdades absolutas sólo han hecho más vivible al mundo. A Buda se le atribuye la mejor expresión del amor por la duda: “Dudad de todo y sobre todo de lo que voy a deciros…”
No hay nada que más repulsión me provoque que las certidumbres elefantiásicas (y, por lo general, fingidas) de los políticos. Ellos son racimos de certezas absolutas colgando del árbol de la locura. Apodícticos eran los comunistas del Marx canonizado y el Muro de Berlín justificado (con su Budapest explicadito y su Praga-68 bien callado). Hirsutos de certezas como los puercoespines son los neoconservadores, esos que creen que el gángster Dick Cheney es un empresario que sabe hacer sus cosas.
Entrar en años significa renunciar a las más prestigiosas certidumbres. Lo que no quiere decir que uno deba cambiar las certezas de ayer por los fundamentalismos de hoy, como le ha sucedido al pretendidamente oceánico doctor Alan García.
Cuando escucho hablar al doctor García, por ejemplo, voy en busca de mi revólver.
Porque el doctor García parece amenazar las corduras del mundo pontificando, como un loco acabado de imprimir por Espasa, sobre todo lo humano y casi todo lo divino.
Sabe y decreta sobre economía (escalofrío). Es el mayor experto mundial en napas freáticas. Ha obtenido doctorados fantasmas pero vigentes en Educación, Agricultura, Ingeniería de Riego y de Sistemas, Relaciones Internacionales, Sinología, Filosofía Comparada, Economía Contracíclica, Educación Cívica, Paternidad Responsable y Zoroastrismo Propio, que debe de ser su especialidad (me imagino).
Hasta cuando habló de Cuqui y Federico Danton hubo de hablar en un podio y todos le oímos tratando de darnos una lección sobre el deber de la responsabilidad. Por poco no cita a San Agustín o a Pascal.
García no tiene dudas sobre su predestinación y su enormidad histórica.
Lo que no sabe es que en algunas décadas cabrá en un párrafo del Larousse, así como Piérola cupo en unas líneas y Belaunde probablemente en ninguna. García se cree un estadista pero lo que es de verdad, y sin saña, es un virrey de la Casa Blanca. Y aunque sus sobones disfrazados de arlequín y de eco le digan lo contrario, lo cierto es que el civilismo al que sirve no lo considera uno de los suyos y no lo tratará con demasiada generosidad. Porque el civilismo es el que siempre escribe la historia del Perú.
Y todo eso le pasa a García por no dudar. Fíjense qué grave es eso de no dudar.
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