miércoles, 19 de marzo de 2008

CONFESIONES SINCERAS

“Qué es eso de decir la verdad, si eso no se puede decir” (la prensa).
“Dios es una farsa, pero renta y renta muy bien. Pues la gente temerosa de irse al infierno, nos regala sus propiedades” (las iglesias).
“Vamos a luchar, y si es necesario a dar la vida, por contratar a César Hildebrandt. Pero cuando esté en nuestras filas, lo tendremos adentro para que nadie lo vea ni lo oiga” (los chicos del 11).
“Estos maestros de escuela pública son terroristas y fracasados. Por eso mi papi me mandará a estudiar al extranjero. Aunque no sé con qué dinero lo hará porque él sólo gana 16 mil soles. Ah, ya sé; con la beca ‘Haya de la Torre’” (Federico Danton).
“Tampoco dejé ningún documento firmado que autorizara los crímenes de los cuales se me acusa. Llamaré a Nakazaki, el más grande defensor de asesinos, para que vea mi caso” (Abimael Guzmán).
“Defenderé a mi Alan hasta quemar el último cartucho” (Cecilia Valenzuela).
“Invertir en el Perú ha sido un fracaso. Sólo ganamos, cada año y en promedio, la mitad de lo que ganan las mineras. Es muy poco” (Telefónica del Perú).
“Mi padre vive en condiciones infrahumanas. Su patio no tiene piscina, su televisor no es pantalla plana y sólo tiene 36 pulgadas, la comida que le dan está valorizada, apenas, en 1550 soles diarios” (Keiko Fujimori).
“Los dejaré mudos y en completo silencio con mi testimonio” (Martin Rivas).
“Mi color favorito es el rojo sangre” (Juan Luís Cipriani).
“Aló, Genaro. Tengo problemas con mis accionistas. Cómo era eso lo de las deudas viejas…” (Ricardo Belmont).
“Los testimonios que se ofrecen en mi programa son tan reales y verídicos, como honesto es mi ex jefe, presidente, amo y concejero moral, Alberto Fujimori” (Laura Bozzo).
“Si ministra, ya sé lo que le tengo que preguntar, la tratare bien. Y gracias por sugerirme en ‘TV Perú’” (Clorinda Velásquez).
“Hay que embrutecer más a la gente. Que si estos ‘cholos’ se avivan nos malogran el negocio” (los dueños de los canales de televisión).
“Hillary, si ganas las elecciones, no olvides seguir con la colonización del mundo” (Geore Bush).
“Soy el símbolo moral del ‘APRA’. En el partido todos son honestos, decentes y dignos como yo. Lo que no entiendo es por qué estuve tantos años en la cárcel, si yo estoy limpio” (Agustín Mantilla).
“Yo no soy ‘fujimontesinista’. Sólo voté por Fujimori en 1995, trabajé con Miller en el 98 y cobré 6 mil dólares procedentes de las arcas estatales” (Rosa Maria Palacios).
“Cómo esperan que combata a los delincuentes que pululan en la calle, si ni siquiera puedo combatir a los que pululan dentro de mi ministerio” (Luís Alva Castro).
“Este año creceremos 9%, triplicaremos nuestras exportaciones, seremos mejores que Finlandia en calidad educativa, compraremos tanto o más armamento que Chile. Perdón, disculpen. Eh olvidado tomar mi ración diaria de litio” (Alan García).

Tomado del blog "Matices de Opinión".
Autor: Pedro Armando Rosario Ubarnes

martes, 18 de marzo de 2008

¿Canal 7 privatizado?

Mi colega Federico Salazar quiere privatizar el Canal 7 y lo ha propuesto en su leída columna de Perú 21. Como se sabe, ya privados son todos los otros canales.
Si el siete se privatizara no habría una sola ventana verdaderamente distinta de las de ojo de buey por las que los ivcher y los genaros otean el horizonte, ordenan sus rutas, driblean a los guardacostas y se alegran cuando ven flamear, a lo lejos, las otras banderas de piratas de la flota hermana.
-Saludos, Francis –dice genaro.-Saludos, Morgan –reverbera ivcher.
Y ponen proa rumbo al mar de los sargazos, pasando por las islas guaneras de tanta inspiración, y luego al tour de Alcatraz para la melancolía, al mar negro de sus contabilidades, al muerto para rendirle homenaje a sus editores, al rojo para los acreedores, y de regreso, con cocinero egipcio a bordo, al mar de basura, de creación propia, que baña el balneario de sus noticieros y afines.
En fin, si por mi colega Salazar fuera habría que privatizarlo todo. Ahora bien, para Salazar y su club de liberales tipo Aldo –que no es una marca de carteras sino una patente de corso para decir cualquier idiotez– privatizar quiere decir entregarle al primer carroñero que pase por la esquina lo que quiera que fuese siempre y cuando sea del Estado, ese enemigo al que, sin embargo, le exijo policía y ejército para que ponga en su sitio a la cholería embravecida.
Porque si invertimos la lógica, la pregunta sería peliaguda para la patronal que Salazar encarna hasta en las publicidades a las que se ha prestado como si nada:
¿Por qué diablos la TV que ven nuestros hijos, que forma opiniones, que orienta conciencias, que embarra gustos y ensucia los colores está en manos todavía de los genaros y los ivcher?
¿Quiénes son los genaros y los ivcher –y todos los demás, incluyendo al tal gonzález que viene de algún cártel fronterizo– para tener más poder que todos los ministros de Educación que en el Perú han sido?
¿Y quiénes son para no dar cuenta de sus actos a nadie? Y, sobre todo, ¿quiénes son ellos para hablar de la libertad de expresión cuando todos sabemos que sus intereses no vuelan sino que reptan?
El gobierno “socialdemócrata” del doctor García se ha entendido perfectamente con esa pandilla, es cierto. Pero eso no quiere decir otra cosa que lo que es: que el gobierno del doctor García se sabe entender con las pandillas, las de Nueva York y las aborígenes. Y allí está el caso de la gavilla niponacional de los fujimoris como muestra.
El Canal 7 es, en serio, una magnífica opción para diversificar un poco la oferta de la pantalla con una programación en la que intervengan los productores cinematográficos y de videos, las universidades dignas de llamarse así, encargadas de investigaciones sociales, los periodistas como Gorriti que fueron excluidos de la TV privada por no dejarse pisar el poncho y, en general, el mundo de la inteligencia exiliado para siempre de la tele desde que se murió Pablo de Madalengoitia y Lima empezó a parecerse a un casino panameño regentado por la mafia coreana.
¡Al contrario! Si lo privado es genaro o ivcher, hay que alejar, hoy más que nunca, al 7 de esos cantos de raya con espolón. Hay que hacer una BBC chola, un PBS casado con lo mejor de La Católica; una televisión pública, en resumen, que demuestre a todo el mundo que la TV puede ser bastante más que lo de hoy.
Someter al único canal potencialmente distinto a la visión de los escarabajos coprófilos que producen para la tele privada sería un paso más del Apra hacia su regreso filogenético al Apra de los sesenta, esa versión degenerada que casó con Julio de la Piedra en las cavas pulguientas de un ron norteño.
Además, si yo fuera Federico Salazar no hablaría nunca de privatizar algún medio de comunicación. Porque alguien podría recordarme lo que pasó con el hiperprivatizado y privatizador diario La Prensa, que el fue el único periódico que, estatizado, prosperó y que, privatizado, quebró ruidosamente.
En el momento de aquel naufragio por incompetencia el capitán del barco tenía el nombre de nuestro ilustre colega, Arturo Salazar Larraín, o sea el daddy de Federico. ¡Habla, memoria!

domingo, 16 de marzo de 2008

MUR HABLANDO CASI A SOLAS

Este es un país gris. Aquí todo parece preferir la mediatinta. Aquí los énfasis tiemblan, los subrayados no se ven, los jueces eligen la tibieza, los fiscales apenas acusan y –como se dice – hasta las moscas se acojudan.
Y en este país de medias aguas y leches translúcidas no es de extrañar que un tal Martín Retamozo –Fiscal Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios– exculpe a los chicos y chicas del difunto banco Wiese de toda responsabilidad en la quiebra con truco y la desgracia financiera que asoló a esa institución. Para no hablar del aval que no era tal y de la compra, por el Banco de la Nación, de 25 millones de dólares por un paquete de acciones que valían la modesta suma de cero soles con cero centavos (pero que valieron 25 millones de dólares porque estaban en manos de los Wiese, que seguían haciendo, aun después de ser declarados banqueros muertos, auténticos milagros con el dinero del Estado).
Para no cumplir con su papel de acusador, el fiscal Retamozo produjo un mamotreto enjundioso que es una obra maestra de la ciencia ficción. Y es que basa la exculpación en favor de los Wiese y parentela en un reglamento que no tiene existencia legal, que jamás se publicó oficialmente y que está en ese limbo legislativo donde mora lo que pudo ser pero no fue, donde moran casi los jamases (Vallejo again).
Es el mismo fiscal que expidió un informe deliberadamente zonzo sobre Laura Bozzo, el mismo que presentó una apelación “en contra de Hermoza Ríos” fuera de fecha (con un día de retraso, lo que la hizo inservible) y el que ahora se atreve a decir, para regocijo de la gran prensa, que no hay culpables, que qué ocurrencia, que no hay que acusar a nadie y qué es eso de pedir juicio oral cuando lo que corresponde es que todo se archive y que todo siga en orden, que lo contrario sería desestabilizar al sistema.
¿Y J. P. Morgan?
¡Inocentes!
¿Intesa?
Más castos que Lucchetti.
¿Sudameris?
¡A la hornacina respectiva!
Como dijo Jaime Mur: “devolvieron la bicicleta robada y entonces ya no hubo delito”.
¿Y eso lo dice un fiscal en un informe de 100 páginas y en un estilo que cualquiera sabe que ha sido tomado de algún “inspirador” borrador “donado” por un estudio de encopetados jurisconsultos?
¿Y nadie dice nada?
Nadie, excepto Jaime Mur y este escribidor que lo escucha y lo publica.
Es que cada día que pasa la gran prensa –con excepciones, una de las cuales es hasta ahora este digno periódico llamado La Primera y bastante de Perú 21– es cada vez más la gran Naná, la gran Nené, la gran Madame y, de una vez por todas, la tremenda puta del gran billetón que a casi todos desbrava y ensilla y convierte en caballo de paso, José Antonio.
En el caso Wiese nada fue más clamoroso y transparente que la ilegal colusión de funcionarios públicos y propietarios del banco Wiese con el propósito de socializar la crisis que ellos habían provocado y obtener, a través del fraude, el auxilio de los dineros públicos.
Pero aquí no pasa nada. Y como nada de esto sale en la tele de los MQ, y nada sale en la frecuencia del Ivcher que espera que el juez que se sacó la Tinka en 1997 resuelva su pedido de no pagar los 54 millones de soles que debe en impuestos, y nada sale en la radio del Delgado P. de las conversas en el SIN, y nada sale en las revistas especializadas de los NN bancados por el avisaje, nadie, entonces, se entera demasiado.
Porque sigue siendo ley no escrita que en el Perú, para no ir a la cárcel, no tienes que robar una sucursal ni un cajero automático ni un camión de valores y mucho menos un giro o un plástico de marras. Para no ir a la cárcel tienes que tirarte el banco entero.
Te lo llevas a tu casa, a pedazos y con secretarias, con bóveda y apoderados te lo llevas, con biombos y conserjes te lo furgoneas y luego te vas al club Nacional a beber un martini más seco que el corazón de Morgan. Y cuando estás bebiendo tu martini se aparece un Picasso del banco Latino y vienen los abrazos y van y vienen los martinis y el intercambio de experiencias y los chistes sobre los fiscales de la subasta inversa.
Y luego algunos se preguntan por qué el sur está agitado y muchísimos peruanos asqueados hasta la rabia de este pardismo interminable, de este pardismo que dura siglos, tan invencible como un herpes, asqueados de este pardismo mal parido y peor escrito en el Correo de los Aguá, esos que le deben a la Sunat lo que a otros ya habría hecho quebrar.

sábado, 15 de marzo de 2008

TULA BENÍTEZ (2)

El Miercoles, la señora Rosa Maria Palacios Mcbride, sumamente indignada, calificaba de actitud sinvergüenza la “salvación” de Tula Benítez. Afirmaba, también, que hechos así dañan la imagen del parlamento.
Pues, bien. Déjeme decirle señora Palacios, que la única sinvergüenza es usted, y que la única imagen dañada, por el “fujimontesinismo” –para el cual trabajó–, es la suya.
No sea tan hipócrita haciéndose la indignada porque una congresista no será –al menos, hasta anoche era así– desaforada del parlamento. Usted estaba indignada pues la prensa había sido derrotada. Prensa a la cual usted, tan bien, representa. Pues la prensa está como usted está; sometida al poder de la publicidad y al poder gubernamental que se ejerce a través de INDECOPI, SUNAT y el Poder Judicial.
Y lo mismo le digo al señor Alberto Kukin, “periodista estrella de CPN”. Quien hasta hace unas horas cuestionaba la democracia y decía que ésta estaba en peligro si se salva a congresistas como la señora Benítez.
Bueno. La prensa ya puede celebrar. Tantas han sido las presiones que Tula Benítez ha sido acusada constitucionalmente, por lo cual, se queda al filo del desafuero.
En este blog ya hemos narrado la verdadera historia de la cuestionada congresista, y no lo volveremos a hacer. Pues, mejor aun, es escuchar los audios del programa “Al día con Hildebrandt” del pasado 29 y 30 de Noviembre, fechas en las que se entrevistó a Luís Galarreta (presidente de la comisión de ética, en aquel entonces) y a Tula Benítez, respectivamente, y quedó claro que la acusación contra la parlamentaria aprista es una gran farsa.

(Entrevista a Luís Galarreta. Audio Número 5)




Más audios en: Al día con Hildebrandt


(Entrevista a Tula Benítez. Audio Número 4)




Más audios en: Al día con Hildebrandt



Tomado del blog "Matices de Opinión".
Autor: Pedro Armando Rosario Ubarnes

miércoles, 12 de marzo de 2008

PRENSA PARA PRENSAR

Durante el tiempo que viví en España, lo más sorprendente resultaba para mí que la prensa escrita española discutía de ideas y que los políticos españoles discutían sobre ideas –a pesar de los enconos visibles que algunos se tenían y que hasta en los cafés el asunto era hablar de ciertas ideas sobre la marcha de las cosas, el rumbo que debía tomar Europa, el destino de España tras su renuncia a ser un centro de poder ajeno a Bruselas, la subordinación excesiva – inclusive de los socialistas – a la política exterior de los Estados Unidos norteamericanos.
Y no sólo ideas de postín sino también ideas pendencieramente del corazón: si Maribel Verdú tenía que esforzarse mucho para ser la zorra que componía con su actuación, si la Pantoja era o no era, si el tal Gil moriría de apoplejía (como murió en efecto) o si los editores de Hola eran idiotas de diploma o de nacimiento.
Yo venía del Perú y del odio cainita, de los pistoleros de la prensa que habían pasado del vargallosismo reformista al golpismo chavetero de Fujimori, del callejón de las siete puñalas venía –ese callejón al que tanto había contribuido La República de Mohme papá y sus graciosos dibujantes por encargo y (hoy) por comprobante, esa República que había creado la leyenda de un Fujimori salvador y buena gente, esa República que era el equivalente moral del Guillermo Thorndike de Pájina Libre y del que más tarde sería guardaespaldas de los Winter–, yo venía de todo eso, estaba diciendo, y resulta que, de pronto, me sentí como un salvaje caminando por la Quinta Avenida del periodismo, un sudaca pintarrajeado para la lucha cuerpo a cuerpo y que estaba leyendo a los corresponsales de La Vanguardia en Nueva York, o a los de El País en Trípoli, o a los del ABC en el París afecto todavía a la grandeza de los viejos tiempos.
Qué notable cambio. La prensa española estaba hecha para gente que debía de leer sin murmurar y que podía pensar sin extenuarse y que podía vivir sin desayunar mierda en papel finlandés cada mañana.
Yo sigo leyendo la prensa internacional que el poco tiempo de mis asuntos me permite. Junto con leer libros, es el mejor de mis vicios y el más querido de mis defectos. ¿Qué haría sin prensa internacional y sin libros? No tengo dudas: me moriría de indigencia mental, de anemia informativa, de septicemia fujimórica, de marthachavismo prostático, de raffismo en metástasis, de alanismo larvado bajo las uñas de los pies. Me moriría, en suma, de 50 céntimos y mercurio cromo.
Porque la prensa peruana, por lo general, sirve para prensar gente, matar a domicilio, defender al que paga, ensuciar al que no se rinde. La prensa peruana es hoy el sicariato impreso más hipócrita de América Latina.
Lo acaba de demostrar el episodio de la violada en una orgía, la Fanny Hill en el convento, la lozana andaluza sin Francisco Delicado pero con Velásquez Quesquén, (a) “Teníanos”, la pirómana que denunció a las llamas, la dulce ebria amenazada por una botella en plena batalla de calzones.
Al gobierno le conviene que no se hable mucho del ministro Alva Castro: el que se robó los ahorros de la clase media hace 22 años y ahora permite que roben en el ministerio que García le ha dado en pago de no se sabe qué. Entonces usa a un patidifuso, a un upepo empollado en la basura, y lanza la historia de la violadita. La mayoría de la gente, por supuesto, no se traga la historia. Pero para eso está la prensa y su instinto de chacal a destajo.
Y cuando la cosa se desmorona porque es una orgía de pelotudeces, entonces sale el upepo que jamás sufrirá de jaquecas en el programa de la señora que jamás sufrirá de desempleo –la que trabaja para el israelí renacido en Boca Ratón, ya hablaremos de eso– y entrevista y edita a la violadita y le hace decir cositas que sólo ellos entienden pero que sirven para el farfullo y para los titulares de La Razón, el diario que la colonia judía también debería amonestar porque no sólo desacredita al periodismo sino que permite dudar sobre la identidad judía de Marx o Einstein (¿cómo pudieron ser descendientes de Moisés si los Wolfenson reclaman lo mismo, dígame usted?).
En todas partes hay barrios bajos y malandrines. Pero en el Perú los barrios bajos son los topónimos de la prensa y los malandrines son los que dictan el menú noticioso. Con lo que la prensa se convierte en un parte de la comisaría de Monserrate en día feriado, en el diario de un zoofílico y en la novela interminable que sólo podría ser auspiciada por Sedapal/ Sección Desagües.
El empobrecimiento de la prensa peruana es algo que no se enseña en las patéticas facultades de periodismo del Perú. Claro, como dice Lévano, qué pueden decir de verdadero en esos lugares si quienes enseñan, por lo general, son los que jamás aprendieron que el periodismo es también una manera de decir no.
Y la prensa peruana le dice –casi toda– sí señor al upepo, sí a los majaces, sí a la vaina. Y la chanfainita que sirve anemiza y pone triste. ¿Qué democracia saldrá de leer El Trome, escuchar miserias, memorizar estupideces, saber de la última argentina beneficiada en una pizzería? ¿Cómo se recordará este periodo de la prensa peruana? ¿Se recordará alguna vez? ¿Y no sabrá Alan García que cada día se parece más no al Haya ventrudo y genial de los sesenta sino al Odría pragmático de los 50? ¿Y no podrá decirle alguien que agitando lo de Chávez a través de sus mozos del trazo lo único que logra es la sonrisa ingrata del segundo secretario de la embajada norteamericana? ¿No sabe que los gringos no respetan a la servidumbre?