- Ojalá Pisco fuese chileno. Ya estaría reconstruido.
- Hay periodistas que todos los días se pasan de la raya.
- La mano dura es la que te meten al bolsillo.
- Chang se sacó pésimas notas en la Católica para probar que eso del tercio superior era una estupidez.
- Quién hubiese dicho que el dólar terminaría en la órbita del sol.
- Los niños palestinos que Israel asesina, ¿llegarán a la Tierra Prometida?
- Nakasaki va a quedar como Hiroshima.
- Hugo Chávez imita tanto a Castro que ha logrado que Venezuela parezca una isla.
- Pasco Cosmópoli está tan gordo que ya parece un cerro de Pasco.
- “Mañana las ratas”, del desaparecido José Adolph, no es una novela sino una vasta profecía.
- Todos los programas políticos de la tele están en el aire.
- Alan García escribió “Las aventuras de Pinocho” y no ha sido denunciado por plagio.
- “Valentino y el clan del can” es con Hernán Garrido-Lecca.
- Stallone ama a Pérez Prado y ya está en el Rambo N° 5.
- El hombre que no podía irse resultó siendo el que jamás estuvo.
- A la vagina no le gustan los monólogos.
- Los enanos libran guerras de baja intensidad.
- Los alcohólicos están desinfectados por dentro.
- Seis millones de peruanos están en huelga de hambre y nadie ha considerado eso una noticia.
- Si es cierto que Dios castiga la maldad, habría que multarlo por incumplimiento del deber.
- Dicen que en la versión de Roberto Ángeles el retrato de Dorian Gray se vuelve espantoso a los cinco minutos.
- A Martin Rivas le gustaría dirigir Fuego Cruzado.
- ENACO tiene pensado contratar varias narices del gremio periodístico para la próxima cata.
- Para demostrar que puede administrar la herencia que le toca, Paris Hilton ha hecho de su cuerpo un hotel.
- En el asunto de los secuestros las FARC se han cerrado en banda.
- Hay una madame del periodismo nativo a quien su propio entorno llama Bárbara Water.
- Y ahora, ¿con qué cara le pide Bush a los turcos que no vuelvan a meterse en Irak?
- Nadie se ha quemado más rápido que Mayer Candelo.
- Castañeda Lossio es el alcaide de Lima.
- Lo de Doris e Igartua fue amor a primera revista.
- La unidad de la república equivale a cero para las provincias.
- Aznar se escribía con S.
- En toda embarazada hay, vagamente, un vientre de alquiler.
- Alva Castro es tan bruto que cree que Tirofijo es un coquero.
- La película favorita de Martin Rivas es “Coleccionista de huesos”.
- Para Francisco Tudela el Padre Nuestro no es una oración. Es su futuro.
- El contrato gasífero es, gracias a Fujimori, una camisea de fuerza.
- Para eso del arresto ciudadano se requiere de ciudadanos.
- Había invertido una fortuna en construirse un cuerpo pero no encontró a nadie que dijera “¡manos a la obra!”.
- El Banco del Vaticano es una suma teológica.
- Martín Belaunde publicará “El zar y la nada”.
- Norman Mailer escribía de puño y letra.
- No era Colina, en efecto. Era una montaña de cadáveres.
- Luis Agois se ha quejado ante Indecopi por el título de la película “Mi mascota es un monstruo”. Lo considera apropiación ilícita.
sábado, 1 de marzo de 2008
viernes, 29 de febrero de 2008
Preguntas
¿Y si los recogedores de basura estudiaran periodismo? ¿Y si los humoristas gráficos se convierten en ilustradores de los cuentos de hadas de Palacio?
¿No será que la aldea global nos quiere hirviendo en un sancochado de variadas nadas?
¿No será que las madres deberían también jubilarse?
¿Y si la democracia analfabeta no fuera la solución?
¿Puede haber algo más amargado que una mujer que fue bella y que hoy sólo es neurótica?
¿Y si Basadre fue el palabreador que jamás se metió con la derecha?
¿Por qué la homofobia es un crimen?
¿Por qué Alan García ha varado a la orilla de los 60?
Cuando Cipriani dijo que la Comisión de Derechos Humanos era una cojudez, ¿hablaba con la franquicia de Dios?
¿Por qué el gregarismo es la mejor opción?
¿Por qué Nakazaki tiene cara de ampolla?
¿Se cumplirá el sueño de Yavé e Israel lanzará su bomba atómica?
¿Por qué no tenemos el derecho de elegir a nuestros enemigos?
¿Por qué la mujer que nos impacienta siempre está a punto de llegar?
Cuando Martin Rivas muera de muerte natural, ¿terminará de descomponerse?
¿Y si la revolución francesa se equivocó pero no sabemos en qué se equivocó?
¿Será pedófilo enamorarse de una infanta borbónica?
¿Por qué a los viejos se les ocurre que les falta tiempo cuando eso es precisamente lo que les sobra?
Desasido de la mano de Dios, ¿alguna vez se me aparecerá una virgen?
¿Y si Jaime Bayly ha sido asesinado y es Doris Bayly quien nos habla todos los domingos?
¿Es verdad que Martin Rivas ha dicho que apenas salga de esto ingresará a una universidad?
¿No será que los ojos de Kenji miraban desde una casamata en Guadalcanal?
Si el fujimorismo tuviera doctrina y tesis y no fuera la porquería de transmisión oral que es, ¿tendría el éxito que tiene?
Cuando la hora nos toque, ¿perdonaremos a nuestros mejores amigos?
¿Terminará García visitado como una pirámide maya?
¿No será que Villanueva es el viejito de “Volviendo al futuro”?
¿Qué es el Apra hoy sino un ataque multitudinario de amnesia?
¿Y si Bryce no plagia sino que se le pega?
¿Por qué Alonso Cueto escribirá sus columnas con tan pundonorosa opacidad?
¿No será que los cusqueños quieren su ruina?
¿Y si Dios tuviera el mismo malhumor que demuestra en la Biblia?
¿Por qué el Movimiento 26 de Julio fue lo primero que detuvo Castro?
¿Qué mascan siempre en los asilos?
¿Y no será que los locos perdieron la razón mientras la buscaban?
¿Podrá Lourdes Flores ser la lideresa de una oposición en la que no cree? ¿Y si no es Mulder el de las mordidas?
¿Elena Iparraguirre soñará con Tarata?
¿Por qué las mujeres que más nos interesan son las que menos nos importan?
¿No será que quien preside la Confiep finge ser tan bruto para pagar menos impuestos?
¿Será cierto que cuando ella habla el español calla?
¿Y no será que los elefantes no defecan sino que se desintegran poco a poco?
Si el Perú festejara sus derrotas, ¿no sería un país feliz?
¿Por qué los discursos de García no parecen provenir de ningún tercio superior?
¿Alguien puede discutir que “Correo” es el diario más vendido del país?
¿No será que la aldea global nos quiere hirviendo en un sancochado de variadas nadas?
¿No será que las madres deberían también jubilarse?
¿Y si la democracia analfabeta no fuera la solución?
¿Puede haber algo más amargado que una mujer que fue bella y que hoy sólo es neurótica?
¿Y si Basadre fue el palabreador que jamás se metió con la derecha?
¿Por qué la homofobia es un crimen?
¿Por qué Alan García ha varado a la orilla de los 60?
Cuando Cipriani dijo que la Comisión de Derechos Humanos era una cojudez, ¿hablaba con la franquicia de Dios?
¿Por qué el gregarismo es la mejor opción?
¿Por qué Nakazaki tiene cara de ampolla?
¿Se cumplirá el sueño de Yavé e Israel lanzará su bomba atómica?
¿Por qué no tenemos el derecho de elegir a nuestros enemigos?
¿Por qué la mujer que nos impacienta siempre está a punto de llegar?
Cuando Martin Rivas muera de muerte natural, ¿terminará de descomponerse?
¿Y si la revolución francesa se equivocó pero no sabemos en qué se equivocó?
¿Será pedófilo enamorarse de una infanta borbónica?
¿Por qué a los viejos se les ocurre que les falta tiempo cuando eso es precisamente lo que les sobra?
Desasido de la mano de Dios, ¿alguna vez se me aparecerá una virgen?
¿Y si Jaime Bayly ha sido asesinado y es Doris Bayly quien nos habla todos los domingos?
¿Es verdad que Martin Rivas ha dicho que apenas salga de esto ingresará a una universidad?
¿No será que los ojos de Kenji miraban desde una casamata en Guadalcanal?
Si el fujimorismo tuviera doctrina y tesis y no fuera la porquería de transmisión oral que es, ¿tendría el éxito que tiene?
Cuando la hora nos toque, ¿perdonaremos a nuestros mejores amigos?
¿Terminará García visitado como una pirámide maya?
¿No será que Villanueva es el viejito de “Volviendo al futuro”?
¿Qué es el Apra hoy sino un ataque multitudinario de amnesia?
¿Y si Bryce no plagia sino que se le pega?
¿Por qué Alonso Cueto escribirá sus columnas con tan pundonorosa opacidad?
¿No será que los cusqueños quieren su ruina?
¿Y si Dios tuviera el mismo malhumor que demuestra en la Biblia?
¿Por qué el Movimiento 26 de Julio fue lo primero que detuvo Castro?
¿Qué mascan siempre en los asilos?
¿Y no será que los locos perdieron la razón mientras la buscaban?
¿Podrá Lourdes Flores ser la lideresa de una oposición en la que no cree? ¿Y si no es Mulder el de las mordidas?
¿Elena Iparraguirre soñará con Tarata?
¿Por qué las mujeres que más nos interesan son las que menos nos importan?
¿No será que quien preside la Confiep finge ser tan bruto para pagar menos impuestos?
¿Será cierto que cuando ella habla el español calla?
¿Y no será que los elefantes no defecan sino que se desintegran poco a poco?
Si el Perú festejara sus derrotas, ¿no sería un país feliz?
¿Por qué los discursos de García no parecen provenir de ningún tercio superior?
¿Alguien puede discutir que “Correo” es el diario más vendido del país?
jueves, 28 de febrero de 2008
Carta a Martin Rivas
Mi muy repulsivo señor: Concentra usted todas las taras morales del Perú. Es usted una dosis homeopática de lo peor de este país. ¿O deberé decir que es usted un amasijo de yerros retorcidos?
No importa como lo nombre. Usted sabe qué linajes de rata lo componen y cuánto se parece usted –por espantoso– a las muertes que planeó y ejecutó.
Hasta ayer era usted un asesino por encargo, que no es poco. Ahora aspira a ser absuelto negándolo todo.
Lo que sucede es que de tanto negar se ha negado usted mismo y de tanto querer borrar huellas imborrables es usted ahora una sombra sin historia y una piltrafa de ectoplasma. Por eso he dudado en escribirle esta carta. Porque ahora no sé si es usted el homicida serial que en realidad es y será o si ha sido convertido en un libreto de Nakasaki, una ocurrencia idiota de Kenji, o la viruta que deja la amnesia calculada de Fujimori, su maestro y guía.
Que usted quiera salvarse de la condena inexorable que le espera negando que existiera el grupo Colina –cuando hay veinte testimonios, un ascenso grupal, una felicitación presidencial, una denuncia documentada y primordial del general Robles, muertos y testigos, fosas comunes y deudos– resulta, en todo caso, explicable. Asesinos como usted suelen maridar el sadismo y la cobardía. Sadismo a la hora de matar a un niño de ocho años o a un periodista vendado en una playa y cobardía a la hora de afrontar su responsabilidad.
Usted, señor Martin Rivas, viene, aunque quizás no lo sepa, de una larga tradición. Esa tradición es la de la cobardía de fabricación nacional (también tenemos cobardías importadas: Fujimori es un ejemplo). En ese sentido es usted un hijo putativo de Mariano Ignacio Prado, el presidente que se fugó en plena guerra con Chile “a conseguir armas y buques en Europa” y que nunca volvió. Esa rata ancestral de la historia peruana es el tatatarabuelo de Fujimori, su jefe, y su premonición personal, señor Rivas.
Dice usted que lo que le confesó a Jara era un ensayo. Pero se ensaya para decir la verdad, para no perder el hilo del relato, para no dejarse intimidar a la hora de los loros. Así que ese ensayo general –sigo su lógica roedora– era para que usted adquiriera el temple suficiente a la hora que tuviese que dar su testimonio ante la autoridad.
Como será usted de asesino que hasta la putrefacta justicia militar de Fujimori, su jefe, lo condenó por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta (en ese entonces no se conocía todo su pasado).
Y cómo será usted de cobarde que ahora dice que sólo hacía análisis de inteligencia, que estaba detrás de un escritorio haciendo tareas administrativas que no sabe precisar, que jamás le disparó a nadie. Poco faltó para que le dijeran “San Martincito”, mayor.
Pero lo peor de usted es que pretende hablar en nombre del Ejército. Es cierto que el actual jefe del Ejército es un festivo subdotado mental, pero eso no lo autoriza, señor Rivas, para seguir ensuciando el uniforme de Bolognesi y Ugarte. Ni ocultándose detrás de mil uniformes –como ahora pretende– podrá usted impedir que veamos qué montículo de basura alberga usted en sus entrañas.
Por gente como usted es que el Perú estuvo a punto de perder la guerra con Sendero. Cuando Guzmán soñaba con “el equilibrio estratégico”, soñaba con gente como usted y como Telmo Hurtado y como el comandante “Camión”. Ustedes lograron que miles de peruanos que hubieran podido defender la causa de la democracia se plegaran a las filas del marxismo mutante de Guzmán. Si hubiese sido por usted, Guzmán habría jaqueado al Perú como hoy ni siquiera lo podemos imaginar.
No manche a las Fuerzas Armadas hablando en su nombre. No hable usted de patria: la suya es el crimen y la miseria moral. No hable usted del Perú: el Perú que usted concibe es un escuadrón de la muerte haciendo de las suyas ante civiles indefensos.
Y no crea que la gente se ha tragado su teatro. Lo único que ha logrado usted es que el repudio hacia su conducta haya adquirido la muy extraña dimensión de la cuasi unanimidad. Porque ya sabíamos quién era. Pero ignorábamos qué nuevos aportes podía hacer usted a su prontuario de sangre y emboscadas.
Usted ha querido matar a sus difuntos. Con su fallida burla ha vuelto a disparar en la nuca a los que mató en Lima o en Chimbote. Y ha rociado de balas a sus familiares, que esperaban una señal de que usted seguía siendo humano. Sólo ha faltado su compinche “Kerosene” para que la jornada del repase pueda ser considerada completa.
Y no crea usted que Raffo es un buen consejero, Saravá un estratega y Nakasaki el Perry Mason de los Barracones. Mire nomás dónde está Fujimori.
Y tampoco crea que el diario “La Razón” lo salvará con su “peso mediático”. Peso tenía cuando Faisal reinaba y Bressani repartía.
Por último, tengo que decirle que estoy entre quienes no se han sorprendido por su faena. Estaba casi seguro de que usted haría lo que hizo. Y no porque yo sea muy perspicaz sino porque tengo algunos estudios al respecto. Lo que quiero decirle es que, desde el 5 de abril de 1992, modestamente, me especialicé en estudiar a ratas como usted.
Con la debida distancia dictada por la salubridad, se despide
César Hildebrandt
Posdata: Yo escribí sobre el perro de los Aguá y me contestó Aldo Mariátegui. ¡Maravilloso! ¡Pavlov fue un genio! Y en relación a los Aguá, Aldito, no vuelvas a ser bruto: hay un País Vasco-Francés en el que el eusquera languidece y el afrancesamiento de patronímicos y topónimos se ha impuesto. Dile a Laurita, tu socia en ADN, que te lo explique. O dile a “Suez Energy” (¿o era, dado tu lenguaje, “Soez Energy?) que te regale otro viaje, esta vez a la vieja Aquitania. Y te cuento, para terror no sólo de los Aguá sino del amo mayor, o sea el papá de Federico Danton: ¡las conversaciones con el 11 no se han truncado todavía! Uyuyuy. Y sin picarse, ¿eh? A ti no te puedo decir, como haces gentilmente tú conmigo, que no contestes burradas.
No importa como lo nombre. Usted sabe qué linajes de rata lo componen y cuánto se parece usted –por espantoso– a las muertes que planeó y ejecutó.
Hasta ayer era usted un asesino por encargo, que no es poco. Ahora aspira a ser absuelto negándolo todo.
Lo que sucede es que de tanto negar se ha negado usted mismo y de tanto querer borrar huellas imborrables es usted ahora una sombra sin historia y una piltrafa de ectoplasma. Por eso he dudado en escribirle esta carta. Porque ahora no sé si es usted el homicida serial que en realidad es y será o si ha sido convertido en un libreto de Nakasaki, una ocurrencia idiota de Kenji, o la viruta que deja la amnesia calculada de Fujimori, su maestro y guía.
Que usted quiera salvarse de la condena inexorable que le espera negando que existiera el grupo Colina –cuando hay veinte testimonios, un ascenso grupal, una felicitación presidencial, una denuncia documentada y primordial del general Robles, muertos y testigos, fosas comunes y deudos– resulta, en todo caso, explicable. Asesinos como usted suelen maridar el sadismo y la cobardía. Sadismo a la hora de matar a un niño de ocho años o a un periodista vendado en una playa y cobardía a la hora de afrontar su responsabilidad.
Usted, señor Martin Rivas, viene, aunque quizás no lo sepa, de una larga tradición. Esa tradición es la de la cobardía de fabricación nacional (también tenemos cobardías importadas: Fujimori es un ejemplo). En ese sentido es usted un hijo putativo de Mariano Ignacio Prado, el presidente que se fugó en plena guerra con Chile “a conseguir armas y buques en Europa” y que nunca volvió. Esa rata ancestral de la historia peruana es el tatatarabuelo de Fujimori, su jefe, y su premonición personal, señor Rivas.
Dice usted que lo que le confesó a Jara era un ensayo. Pero se ensaya para decir la verdad, para no perder el hilo del relato, para no dejarse intimidar a la hora de los loros. Así que ese ensayo general –sigo su lógica roedora– era para que usted adquiriera el temple suficiente a la hora que tuviese que dar su testimonio ante la autoridad.
Como será usted de asesino que hasta la putrefacta justicia militar de Fujimori, su jefe, lo condenó por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta (en ese entonces no se conocía todo su pasado).
Y cómo será usted de cobarde que ahora dice que sólo hacía análisis de inteligencia, que estaba detrás de un escritorio haciendo tareas administrativas que no sabe precisar, que jamás le disparó a nadie. Poco faltó para que le dijeran “San Martincito”, mayor.
Pero lo peor de usted es que pretende hablar en nombre del Ejército. Es cierto que el actual jefe del Ejército es un festivo subdotado mental, pero eso no lo autoriza, señor Rivas, para seguir ensuciando el uniforme de Bolognesi y Ugarte. Ni ocultándose detrás de mil uniformes –como ahora pretende– podrá usted impedir que veamos qué montículo de basura alberga usted en sus entrañas.
Por gente como usted es que el Perú estuvo a punto de perder la guerra con Sendero. Cuando Guzmán soñaba con “el equilibrio estratégico”, soñaba con gente como usted y como Telmo Hurtado y como el comandante “Camión”. Ustedes lograron que miles de peruanos que hubieran podido defender la causa de la democracia se plegaran a las filas del marxismo mutante de Guzmán. Si hubiese sido por usted, Guzmán habría jaqueado al Perú como hoy ni siquiera lo podemos imaginar.
No manche a las Fuerzas Armadas hablando en su nombre. No hable usted de patria: la suya es el crimen y la miseria moral. No hable usted del Perú: el Perú que usted concibe es un escuadrón de la muerte haciendo de las suyas ante civiles indefensos.
Y no crea que la gente se ha tragado su teatro. Lo único que ha logrado usted es que el repudio hacia su conducta haya adquirido la muy extraña dimensión de la cuasi unanimidad. Porque ya sabíamos quién era. Pero ignorábamos qué nuevos aportes podía hacer usted a su prontuario de sangre y emboscadas.
Usted ha querido matar a sus difuntos. Con su fallida burla ha vuelto a disparar en la nuca a los que mató en Lima o en Chimbote. Y ha rociado de balas a sus familiares, que esperaban una señal de que usted seguía siendo humano. Sólo ha faltado su compinche “Kerosene” para que la jornada del repase pueda ser considerada completa.
Y no crea usted que Raffo es un buen consejero, Saravá un estratega y Nakasaki el Perry Mason de los Barracones. Mire nomás dónde está Fujimori.
Y tampoco crea que el diario “La Razón” lo salvará con su “peso mediático”. Peso tenía cuando Faisal reinaba y Bressani repartía.
Por último, tengo que decirle que estoy entre quienes no se han sorprendido por su faena. Estaba casi seguro de que usted haría lo que hizo. Y no porque yo sea muy perspicaz sino porque tengo algunos estudios al respecto. Lo que quiero decirle es que, desde el 5 de abril de 1992, modestamente, me especialicé en estudiar a ratas como usted.
Con la debida distancia dictada por la salubridad, se despide
César Hildebrandt
Posdata: Yo escribí sobre el perro de los Aguá y me contestó Aldo Mariátegui. ¡Maravilloso! ¡Pavlov fue un genio! Y en relación a los Aguá, Aldito, no vuelvas a ser bruto: hay un País Vasco-Francés en el que el eusquera languidece y el afrancesamiento de patronímicos y topónimos se ha impuesto. Dile a Laurita, tu socia en ADN, que te lo explique. O dile a “Suez Energy” (¿o era, dado tu lenguaje, “Soez Energy?) que te regale otro viaje, esta vez a la vieja Aquitania. Y te cuento, para terror no sólo de los Aguá sino del amo mayor, o sea el papá de Federico Danton: ¡las conversaciones con el 11 no se han truncado todavía! Uyuyuy. Y sin picarse, ¿eh? A ti no te puedo decir, como haces gentilmente tú conmigo, que no contestes burradas.
miércoles, 27 de febrero de 2008
Una mente brillante
El premio Nobel de Economía John Forbes Nash, quien tuvo y tiene que luchar contra la esquizofrenia siempre al acecho, acaba de mostrar su aplastante cordura política interviniendo en el proceso electoral norteamericano.
Nash, que inspiró la película “Una mente brillante”, dijo ayer en Madrid que tanto Barak Obama como Hillary Clinton deberían recordar que el verdadero adversario se llama John McCain y que “el dilema del prisionero” está listo para quien quiera recordarlo y sacar de él las lecciones correspondientes.
El llamado “dilema del prisionero” es un esquema de conflicto que ha sido materia de muchos análisis en la teoría de los juegos no cooperativos, la especialidad de Nash y de quienes compartieron con él el Nobel de Economía de 1994: John Harsanyi y Reinhert Selten.
En el famoso dilema, dos incorregibles que andan juntos son puestos en celdas separadas, sin posibilidad de comunicarse. Han sido acusados por tenencia ilícita de armas, lo que supone dos años de cárcel, pero el fiscal está seguro de que ambos han perpetrado el robo de un banco. Como la autoridad no tiene pruebas para lo del robo, delito que se castiga con diez años de prisión, va donde los detenidos y les promete a cada uno de ellos que reducirá su condena en 50 por ciento si testimonian en contra del otro respecto del delito mayor (el robo del banco).
El dilema parece fácil: si ambos no se traicionan, estarán dos años en la cárcel. Si la traición tienta a uno de ellos, el traidor estará sólo doce meses en prisión pero su compañero podría estar una década. Pero el hecho de que ninguno de los dos conozca qué ha decidido el otro convierte a la traición en una opción frecuente, a pesar de que su resultado es notoriamente peor que el que hubieran logrado manteniéndose leales. Con lo que Nash llega al llamado “punto de equilibrio”: ambos se traicionan y van sendos tres años a la cárcel, un año más que si se hubiesen mantenido como dúo.
Sobre este modelo, que es en realidad matemático y no lógico, pueden trazarse muchas variaciones, con estrategias reactivas o sin ellas, y lo que acabo de hacer es una grosera simplificación de aficionado con pocas luces. Pero es evidente lo que Nash ha querido decirles a Obama y Clinton: sigan así y el “fiscal” McCain se saldrá con la suya.
El matemático, que contribuyó a la aplicación de la Teoría de Juegos a la guerra fría desde la ultraconservadora Corporación Rand, ha llegado más lejos todavía y ha propuesto que Obama y Clinton junten sus figuras en una sola fórmula, de modo que la vicepresidencia norteamericana “esté asegurada en cuanto a su idoneidad”.
La verdad es que cuando uno escucha a los candidatos demócratas decir lo mismo con distintas inflexiones y afirmar cosas semejantes con ademanes de otro color, existe la impresión de que este es un ardoroso debate entre una Coca Cola en lata y una Coca Cola en vidrio reciclable. O sea, el dilema del prisionero encarnado del modo más vivaz. Y es bueno que un hombre como Nash haya echado un chorro de sentido común al avispero inexplicable del partido que Franklin Roosevelt llevó a la gloria y Bill Clinton condujo, puro en mano, a la promiscuidad con lo peor de los republicanos.
Nash, que inspiró la película “Una mente brillante”, dijo ayer en Madrid que tanto Barak Obama como Hillary Clinton deberían recordar que el verdadero adversario se llama John McCain y que “el dilema del prisionero” está listo para quien quiera recordarlo y sacar de él las lecciones correspondientes.
El llamado “dilema del prisionero” es un esquema de conflicto que ha sido materia de muchos análisis en la teoría de los juegos no cooperativos, la especialidad de Nash y de quienes compartieron con él el Nobel de Economía de 1994: John Harsanyi y Reinhert Selten.
En el famoso dilema, dos incorregibles que andan juntos son puestos en celdas separadas, sin posibilidad de comunicarse. Han sido acusados por tenencia ilícita de armas, lo que supone dos años de cárcel, pero el fiscal está seguro de que ambos han perpetrado el robo de un banco. Como la autoridad no tiene pruebas para lo del robo, delito que se castiga con diez años de prisión, va donde los detenidos y les promete a cada uno de ellos que reducirá su condena en 50 por ciento si testimonian en contra del otro respecto del delito mayor (el robo del banco).
El dilema parece fácil: si ambos no se traicionan, estarán dos años en la cárcel. Si la traición tienta a uno de ellos, el traidor estará sólo doce meses en prisión pero su compañero podría estar una década. Pero el hecho de que ninguno de los dos conozca qué ha decidido el otro convierte a la traición en una opción frecuente, a pesar de que su resultado es notoriamente peor que el que hubieran logrado manteniéndose leales. Con lo que Nash llega al llamado “punto de equilibrio”: ambos se traicionan y van sendos tres años a la cárcel, un año más que si se hubiesen mantenido como dúo.
Sobre este modelo, que es en realidad matemático y no lógico, pueden trazarse muchas variaciones, con estrategias reactivas o sin ellas, y lo que acabo de hacer es una grosera simplificación de aficionado con pocas luces. Pero es evidente lo que Nash ha querido decirles a Obama y Clinton: sigan así y el “fiscal” McCain se saldrá con la suya.
El matemático, que contribuyó a la aplicación de la Teoría de Juegos a la guerra fría desde la ultraconservadora Corporación Rand, ha llegado más lejos todavía y ha propuesto que Obama y Clinton junten sus figuras en una sola fórmula, de modo que la vicepresidencia norteamericana “esté asegurada en cuanto a su idoneidad”.
La verdad es que cuando uno escucha a los candidatos demócratas decir lo mismo con distintas inflexiones y afirmar cosas semejantes con ademanes de otro color, existe la impresión de que este es un ardoroso debate entre una Coca Cola en lata y una Coca Cola en vidrio reciclable. O sea, el dilema del prisionero encarnado del modo más vivaz. Y es bueno que un hombre como Nash haya echado un chorro de sentido común al avispero inexplicable del partido que Franklin Roosevelt llevó a la gloria y Bill Clinton condujo, puro en mano, a la promiscuidad con lo peor de los republicanos.
martes, 26 de febrero de 2008
Regreso a la TV
Me llaman y me preguntan si volveré a la televisión. Digo que no lo sé y no me creen.
Pero es verdad: no sé qué pasará con las negociaciones que Federico Anchorena lleva a cabo en mi nombre y como productor general del proyecto.
Hay presiones de todos lados.
Presiona el perro de los Aguá, asustado como está porque siempre piensa que le darán bocado y se morirá botando espuma por la columna.
Presionan algunos empresarios diciendo que cómo es posible que se me dé otra oportunidad. Sobre todo empresarios ligados a intereses chilenos.
Presionan algunas coleguitas de latina frecuencia y algunos colegas deseosos de que mi destierro televisivo sea perpetuo.
Presionan el Padrino de la Panamericana, el Judío Errante, el Fantasma de Michoacán (con su bruja del 71 más), el doctorcito Nava, las varias Susanas del circo beat, las tías de Marysienka, el copón divino que Cipriani llena con margaritas.
-No vaya a ser que vuelva a tener rating –dicen con la mitad de la boca.
-Y que vuelva a joder –dicen.
-Ahora que todo está más o menos tranquilo –dicen.
-Ahora que las cosas quizás no estén tan tranquilas -dicen.
-Con mayor razón –dicen.
-Enano comunista –dicen.
Hace dos años y un mes que Alberto Cabello me dijo, a pie firme, que el Canal quería resolver mi contrato.
Pregunté por qué me lo decía él y no Ivcher si era con Ivcher con quien yo había firmado el contrato.
Cabello me dijo que Ivcher estaba muy ocupado. Y en seguida añadió:
-Que el de esta noche sea el último programa. Para que te puedas despedir.
Le pregunté si me creía idiota. ¿Despedirme del público cuando me estaban cerrando el programa por el solo hecho de entrevistar a Humala? Le pregunté cuáles eran las razones oficiales del cierre.
-Nunca te integraste al equipo del Canal –dijo Cabello.
-¿Pero no es que yo era una producción independiente? –pregunté.
-Sí, pero a veces hay que hacer equipo –dijo Cabello.
A las pocas semanas descubrí que Toledo, el hermano de un ex asaltante de bancos y Presidente de la República, el hombre de PPK, le había entregado a Ivcher 20 millones trescientos mil soles como indemnización por haber sido un sacrificado luchador por la libertad de expresión.
Hace poco, un par de jóvenes ejecutivos de Canal 11 hicieron contacto conmigo.
Me dijeron que querían contar con mi programa.
Les he creído.
Me aseguraron que harían caso omiso a las presiones que vendrían.
Les he creído.
Me dijeron después que esas presiones ya se estaban dando, pero que ellos no darían marcha atrás.
Les creo.
En vista de un cierto empantanamiento de las conversaciones, acordamos con Federico Anchorena proponerles comprar el espacio: una hora diaria de lunes a viernes.
No nos han dicho que no. Tampoco nos han dicho que sí. Nos han dicho que puede ser.
Mientras tanto, el guaguau de los Aguá suelta la especie de que detrás de mi reaparición está la figura de Jorge del Castillo. La suelta sabiendo que es un invento maligno (es decir, una creación suya, entre tiro y tiro). Pero lo hace porque así alerta a Alan García, a quien califica como “enemigo personal (de Hildebrandt)”.
Y si García presiona, claro, toda negociación será imposible. Nadie resiste la presión de un odio tan principal.
Porque así está la televisión peruana.
A pesar de todo, estoy dispuesto a volver a la tele. Sin pretensiones pero con ganas de hacer lo que siempre he hecho hasta la extenuación: jalar del ovillo y decir lo que a otros les cuesta el soponcio. Y creo en la buena fe de los chicos del 11.
Pero si García y las jaurías presionan y los chicos del 11 se ven entre la espada y la pared y la TV demuestra que sigue siendo lo que era con Fujimori –una casa verde que bien podría regir Xaviera Hollander–, por mí pueden quedarse con su pantalla, su antena y su terciana de terror. Por mí pueden irse perfectamente allá donde La Chira huele y no precisamente a rosas. Dicho esto con el mayor de los respetos, como es natural.
Hasta más vernos.
Pero es verdad: no sé qué pasará con las negociaciones que Federico Anchorena lleva a cabo en mi nombre y como productor general del proyecto.
Hay presiones de todos lados.
Presiona el perro de los Aguá, asustado como está porque siempre piensa que le darán bocado y se morirá botando espuma por la columna.
Presionan algunos empresarios diciendo que cómo es posible que se me dé otra oportunidad. Sobre todo empresarios ligados a intereses chilenos.
Presionan algunas coleguitas de latina frecuencia y algunos colegas deseosos de que mi destierro televisivo sea perpetuo.
Presionan el Padrino de la Panamericana, el Judío Errante, el Fantasma de Michoacán (con su bruja del 71 más), el doctorcito Nava, las varias Susanas del circo beat, las tías de Marysienka, el copón divino que Cipriani llena con margaritas.
-No vaya a ser que vuelva a tener rating –dicen con la mitad de la boca.
-Y que vuelva a joder –dicen.
-Ahora que todo está más o menos tranquilo –dicen.
-Ahora que las cosas quizás no estén tan tranquilas -dicen.
-Con mayor razón –dicen.
-Enano comunista –dicen.
Hace dos años y un mes que Alberto Cabello me dijo, a pie firme, que el Canal quería resolver mi contrato.
Pregunté por qué me lo decía él y no Ivcher si era con Ivcher con quien yo había firmado el contrato.
Cabello me dijo que Ivcher estaba muy ocupado. Y en seguida añadió:
-Que el de esta noche sea el último programa. Para que te puedas despedir.
Le pregunté si me creía idiota. ¿Despedirme del público cuando me estaban cerrando el programa por el solo hecho de entrevistar a Humala? Le pregunté cuáles eran las razones oficiales del cierre.
-Nunca te integraste al equipo del Canal –dijo Cabello.
-¿Pero no es que yo era una producción independiente? –pregunté.
-Sí, pero a veces hay que hacer equipo –dijo Cabello.
A las pocas semanas descubrí que Toledo, el hermano de un ex asaltante de bancos y Presidente de la República, el hombre de PPK, le había entregado a Ivcher 20 millones trescientos mil soles como indemnización por haber sido un sacrificado luchador por la libertad de expresión.
Hace poco, un par de jóvenes ejecutivos de Canal 11 hicieron contacto conmigo.
Me dijeron que querían contar con mi programa.
Les he creído.
Me aseguraron que harían caso omiso a las presiones que vendrían.
Les he creído.
Me dijeron después que esas presiones ya se estaban dando, pero que ellos no darían marcha atrás.
Les creo.
En vista de un cierto empantanamiento de las conversaciones, acordamos con Federico Anchorena proponerles comprar el espacio: una hora diaria de lunes a viernes.
No nos han dicho que no. Tampoco nos han dicho que sí. Nos han dicho que puede ser.
Mientras tanto, el guaguau de los Aguá suelta la especie de que detrás de mi reaparición está la figura de Jorge del Castillo. La suelta sabiendo que es un invento maligno (es decir, una creación suya, entre tiro y tiro). Pero lo hace porque así alerta a Alan García, a quien califica como “enemigo personal (de Hildebrandt)”.
Y si García presiona, claro, toda negociación será imposible. Nadie resiste la presión de un odio tan principal.
Porque así está la televisión peruana.
A pesar de todo, estoy dispuesto a volver a la tele. Sin pretensiones pero con ganas de hacer lo que siempre he hecho hasta la extenuación: jalar del ovillo y decir lo que a otros les cuesta el soponcio. Y creo en la buena fe de los chicos del 11.
Pero si García y las jaurías presionan y los chicos del 11 se ven entre la espada y la pared y la TV demuestra que sigue siendo lo que era con Fujimori –una casa verde que bien podría regir Xaviera Hollander–, por mí pueden quedarse con su pantalla, su antena y su terciana de terror. Por mí pueden irse perfectamente allá donde La Chira huele y no precisamente a rosas. Dicho esto con el mayor de los respetos, como es natural.
Hasta más vernos.
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