A raíz de una columna en la que recordé el paso del difunto Guillermo Thorndike por el diario “Página libre”, una fuente del todo creíble, que fue testigo ocular de todo ese episodio del más puro alanismo gansteril, me corrige y me añade un anecdotario de lo más decidor.
En primer lugar, me equivoqué al decir que la suite que Alan García le alquiló a Thorndike en el hotel Crillón estuvo destinada a domiciliar allí la dirección de “Página libre”.
Mi fuente me aclara que ese alquiler, prodigado en efecto por García desde la presidencia de la República y con la plata negra que siempre lo ha asistido, tuvo como objetivo el que Thorndike sintiera la comodidad necesaria -y los consumos adecuados- para perpetrar el libro “La revolución imposible”, un encargo palaciego que el periodista cumplió con el tesón que le ponía también a sus creaciones pre-pagadas.
“La revolución imposible” describía un falso intento de golpe de Estado que la Fuerza Aérea habría urdido en contra de García. La anécdota que permitía la elefantiásica especulación de Thorndike consistió en que un día varios aviones de guerra sobrevolaron a baja altura parte de Lima, incluyendo en su itinerario las proximidades de la casa de gobierno.
Aterrorizado, García llamó a Mantilla, quien llamó al Ejército. Se pusieron baterías antiaéreas en las azoteas de Palacio y García se paseaba con un chaleco blindado dando órdenes extrañas mientras Mantilla, embutido en otro chaleco, experimentaba ser, por un momento, el asistente de un Allende imaginario.
A partir de esas vanas alharacas, Thorndike inventó una conspiración castrense destinada a “matar a un líder del Tercer Mundo” y retrató a García con los mejores colores que de su pluma podían salir. Y la verdad es que su talento podía hacer que la noche pareciera día, el rojo un azulino de mar y García todo un valiente.
Mi fuente me aclara que en las elecciones de 1990 la primera apuesta de García y de su prontuariado entorno fue Alfonso Barrantes. “Página libre” se inventó en la sede de la presidencia de la República para apoyar originalmente al líder de Izquierda Unida. Eso explica por qué el periódico pudo convocar, en su primera fase, a gente como Víctor Hurtado, Eloy Jáuregui, Mirko Lauer y hasta Edmundo Beteta -el actual candidato a contralor-, subjefe de la sección de Economía.
Era un diario a todo meter que se hacía con los dineros turbios que años más tarde explicarían parte de la fortuna de García, las cuentas de Mantilla y los privilegios descarados del dólar MUC (Mercado Único de Cambios).
Para García el pánico mayor, en ese entonces, era imaginar que Vargas Llosa cumpliera su promesa de investigar a “los ladrones y bribones” que habían poblado su gobierno y saqueado la hacienda pública. No era que Barrantes lo sedujera políticamente. Era que la amistad con Barrantes le permitía pensar que un gobierno de “Frejolito” no destaparía las alcantarillas.
Cuando la candidatura de Barrantes dio muestras de enfermedad terminal, García pensó en aquel “japonesito” que, gracias a la prédica casa por casa de los evangelistas y a su discurso populista “antishock”, empezaba a despuntar en algunas encuestas.
El testigo ocular que me narra estos sucesos añade que la decisión de la famosa portada dominical “¡Fujimori 10%!” la tomó García, el verdadero amo de “Página libre”, y la ejecutó Thorndike con la sangre fría de toda la vida. Lo cierto es que, en ese momento, Fujimori no llegaba ni al 5% de intención de votos y Thorndike lo sabía porque se lo habían dicho los jefes y editores presentes aquel sábado por la noche.
La fuente que nutre esta columna me añade este párrafo delicioso que no puedo dejar de reproducir:
“Nos dimos cuenta de quién era el verdadero dueño del diario cuando, ante una eventual falta de pago y la protesta respectiva, los trabajadores decidieron enviar una delegación para que hablara con “la patronal”. Nos recogieron unos carros sin placa y con lunas polarizadas. Terminamos en el Ministerio del Interior, con Agustín Mantilla y algunos de sus asesores. Nos prometieron regularizar los pagos y nos dijeron que harían una cafetería en la azotea de la casa donde se hacía el diario, que era la casa de Pipo Thorndike, primo de Guillermo”.
Nunca se supo si Iván García, el subdirector de “Página libre”, coordinaba directamente con Hugo Otero, el asesor de prensa de García, o con el mismo presidente de la República. La que sí era segura era la consulta diaria que Thorndike hacía con García antes de aprobar la portada que se publicaría al día siguiente.
A las 6 y 30 de la tarde del 8 de abril de 1990, el día en que Vargas Llosa venció apenas a Fujimori y se vio claro que en la segunda vuelta el novelista sería arrollado, el doctor Alan García, desaforadamente feliz, se acercó al local del periódico, trepó al descanso de unas escaleras y dio un breve discurso de agradecimiento a la plantilla reunida.
Al bajar, mientras estrechaba manos y se abrazaba con quien encontrara, decía a gritos: “¡Lo cagamos, lo cagamos... Muy buen trabajo, muchachos...!”
Entre esos muchachos no sólo estaban Iván García y sus flamantes ninjas. Saludaban también eufóricos a Su Excelencia los ex presidiarios que Thorndike había llevado a “Página libre” como “fuerza de choque y seguridad”. El más contento de ellos parecía ser “Gavilán”, el delincuente que, años atrás, había matado a “Tatán”, el más célebre ladrón de nuestra historia policial, de una pundonorosa puñalada.
Más tarde, García dejó de subsidiar el diario que ya no necesitaba. A solas con el tiraje y con los compromisos financieros, Thorndike quisó prolongar la vida del periódico haciendo lo que mejor hacía: periodismo policial sin concesiones.
Su gran historia fue la de Marita Alpaca Raa, la señorita que un banquero intoxicado, funcionario del Banco de Comercio, arrojó una noche de juerga desde un piso alto del Sheraton. “Página libre” ayudaría a descubrir la desaparición del útero de Marita, birlado en las instalaciones de la Morgue Central de Lima. Ahora ya saben de dónde viene el nombre del famoso blog.
Pero ni el útero de Marita salvó a “Página libre” de su extinción. Un día dejó de salir y pocos fueron los que lo lamentaron. Había contribuido a la entronización del más podrido de los regímenes de todo el siglo XX. Había cumplido largamente su papel. Era un diario histórico.
domingo, 15 de marzo de 2009
sábado, 14 de marzo de 2009
Chasco feminista
Siempre me ha caído bien el feminismo y, sin embargo, siempre me han parecido sospechosas las feministas más recalcitrantes.
Porque esas feministas de ONG y matrícula, de subsidios holandeses y paporretas reduccionistas, suelen practicar el sectarismo que ven debajo de cada piedra ajena.
Y estas sexistas en guerra, que son quienes han convertido el maniqueismo en un método útil para no pensar, son las que acaparan los micrófonos, las tertulias y los titulares.
Conozco feministas que son femeninas y pensantes, reflexivas y hasta bellas y, en algunos casos, hasta casaderas sin remordimiento. Pero quienes dicen representar el vaginismo en lucha parecen constituir una federación de muecas. Y desde sus altoparlantes, conseguidos a punto de extorsiones más o menos “políticamente correctas”, despliegan un programa rabioso y reduccionista que empobrece y adocena a la mujer.
Es cierto que muchísimas mujeres inteligentes y valiosas ya se han dado cuenta de esta usurpación y han desertado de las filas del fundamentalismo simplón, del cuoteo automático y de la proclamada abolición de las diferencias –sí, de esas diferencias que han permitido a la humanidad multiplicarse y, muchas veces, amarse con ese amor que sólo la perfecta desigualdad puede brindar-.
Las rabietudas siguen, sin embargo, envenenándose y tratando de vengarse, probablemente, de alguna conducta desconsiderada, de algún macho miserable, de alguna infancia indeseable. Tienen legítima razón para su ira, qué duda cabe, pero lo que es difícil de soportar es que sustituyan de un modo tan fácil las sesiones de terapia por el discurso de la radicalidad.
A mí que no me vengan a convencer de las bondades del otro género. He amado a las mujeres con alguna exageración, me he rodeado siempre en mi trabajo de mujeres inteligentes –hay ventanas para la excepción, para decirlo informáticamente- y he preferido por lo general la honestidad de las mujeres antes que el darwinismo chavetero de los hombres.
Por eso decía que estoy con el feminismo, siempre y cuando no me lo grite en el oído una señorita que no se ha afeitado por la mañana.
Ahora bien, al feminismo peludo le ocurren chascos extraordinarios.
En España, por ejemplo, ha sucedido algo que ha desquiciado a las Pasionarias antifálicas.
Resulta que el 2 de agosto del 2008, en un hotel madrileño de Majadahonda, un energúmeno borracho y coqueado, un “macho madrileño” en suma, se dedicó a pegarle, en plena calle, a una señorita que era su novia. La bestia se llama Antonio Puerta y la víctima tiene el nombre de Violeta Santander.
Cuando Jesús Neira, profesor de Teoría del Estado y periodista, vio la escena del abuso, no dudó un instante en salir en defensa de la señorita Santander. Esto a pesar de la diferencia de talla y peso y la distancia de las edades, pues el abusador tiene 44 y el defensor de la dama 55 años.
Gracias a que el profesor Neira se interpuso, Violeta Santander pudo zafarse del animal que la sacudía. Segundos después, sin embargo, Neira fue derribado por detrás con un golpe de puño en la cabeza y golpeado varias veces más estando ya caído.
Hubo cuatro testigos que coincidieron en describir la viciosa cobardía de Antonio Puerta y dos cámaras, para desgracia del matón, grabaron lo sucedido.
Cuatro días después de la paliza, el profesor Neira sufrió un derrame cerebral y entró en coma profundo. Toda la prensa española lo convirtió en héroe y en víctima y los colectivos de mujeres le rindieron homenajes por haberse portado como uno de esos caballeros del viejo estilo.
Neira estuvo más de dos meses en coma, al borde de la muerte, y su agresor fue a parar, desde luego, a la cárcel por intento de homicidio.
Lo que sucedió después fue lo inesperado.
Porque resulta que la dama defendida, la dama salvada de las manos y puños de un salvaje, cobró 70,000 euros para salir en la TV a decir su verdad. Y lo que dijo fue muy sencillo: ella no se sentía maltratada, su agresor era “una bellísima persona” que reaccionó por “el síndrome de abstinencia” que padecía –aquí metió la pata porque la defensa del frustrado homicida arguyó, más bien, el exceso de alcohol y cocaína como atenuante-, y, por último, el profesor que le salvó la vida y estuvo a punto de perder la suya era más “un entrometido que un héroe”.
La televisión basura, que en España, al igual que aquí, es mayoritaria, se disputó a este encanto de mujer agradecida. Y la señorita Violeta Santander se ha paseado por los platós más pezuñentos de la península para decir “su verdad”.
Un periodista del prestigio de Luis del Val la ha llamado, a secas, “miserable”. Y “miserable” y muchas otras cosas más subidas de tono la llaman por calles y plazas de Madrid y España.
Y las que han vuelto a quedar colgadas de la brocha, sumidas en un ridículo con colores de Almodóvar, son las feministas Marta Ortiz, de la llamada Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres, y Marisa Soleto, presidenta de la autotitulada Fundación de Mujeres.
En efecto, estas lideresas del feminismo ultravioleta no se han atrevido a condenar a la imbécil moral que se pisotea en público, aplaude a quien la amorata y reniega de quien casi muere por defenderla.
Si la imbécil moral fuera “el imbécil moral”, o sea si la zorra fuese zorro y tuviese colgajo en vez de estuche –para citar a Julio Ramón Ribeyro-, el feminismo moral de las Españas caería en picado sobre tan sabrosa carroña.
Pero como se trata de “la” y no de “el”, las organizaciones feministas españolas han pedido “que cese el circo mediático de las entrevistas a Violeta Santander” y han dicho, textualmente, que la damita en cuestión “no se da cuenta de lo que está viviendo”.
A esos extremos puede llegar el gremialismo de género. No estoy seguro de qué lecturas tienen detrás las feministas españolas que defienden a un monstruo por el solo hecho de tener un hueco por delante, pero sospecho que una de sus autoras favoritas podría ser Anne Koedt, arquitecta del famoso ensayo “The Myth of the Vaginal Orgasm”.
Koedt, a quien Mailer caricaturizó cruelmente, sostenía en esas páginas que “el establecimiento del orgasmo del clítoris como un hecho normal amenaza la institución heterosexual...y de este modo la heterosexualidad será una opción, no un absoluto”.
¿Necesito decir que la señorita Koedt era una lesbiana armada hasta los dientes? Bendita sea, digo yo. Pero de allí a decir que el feminismo consiste también en rechazar el orgasmo profundo, de allí a despreciar ese orgasmo surgido no sólo del instrumento sino de la emoción y del mutuo acatamiento, de allí a decir, en suma, que cualquier manipulación clitoral, a solas o en compañía, puede sustituir a la machedumbre en ristre...eso es desconocer el propio cuerpo y negar la gloria de la concurrencia.
La señorita Koedt no sabía lo que se perdía. Las feministas españolas sí saben, en cambio, lo que hacen.
Porque esas feministas de ONG y matrícula, de subsidios holandeses y paporretas reduccionistas, suelen practicar el sectarismo que ven debajo de cada piedra ajena.
Y estas sexistas en guerra, que son quienes han convertido el maniqueismo en un método útil para no pensar, son las que acaparan los micrófonos, las tertulias y los titulares.
Conozco feministas que son femeninas y pensantes, reflexivas y hasta bellas y, en algunos casos, hasta casaderas sin remordimiento. Pero quienes dicen representar el vaginismo en lucha parecen constituir una federación de muecas. Y desde sus altoparlantes, conseguidos a punto de extorsiones más o menos “políticamente correctas”, despliegan un programa rabioso y reduccionista que empobrece y adocena a la mujer.
Es cierto que muchísimas mujeres inteligentes y valiosas ya se han dado cuenta de esta usurpación y han desertado de las filas del fundamentalismo simplón, del cuoteo automático y de la proclamada abolición de las diferencias –sí, de esas diferencias que han permitido a la humanidad multiplicarse y, muchas veces, amarse con ese amor que sólo la perfecta desigualdad puede brindar-.
Las rabietudas siguen, sin embargo, envenenándose y tratando de vengarse, probablemente, de alguna conducta desconsiderada, de algún macho miserable, de alguna infancia indeseable. Tienen legítima razón para su ira, qué duda cabe, pero lo que es difícil de soportar es que sustituyan de un modo tan fácil las sesiones de terapia por el discurso de la radicalidad.
A mí que no me vengan a convencer de las bondades del otro género. He amado a las mujeres con alguna exageración, me he rodeado siempre en mi trabajo de mujeres inteligentes –hay ventanas para la excepción, para decirlo informáticamente- y he preferido por lo general la honestidad de las mujeres antes que el darwinismo chavetero de los hombres.
Por eso decía que estoy con el feminismo, siempre y cuando no me lo grite en el oído una señorita que no se ha afeitado por la mañana.
Ahora bien, al feminismo peludo le ocurren chascos extraordinarios.
En España, por ejemplo, ha sucedido algo que ha desquiciado a las Pasionarias antifálicas.
Resulta que el 2 de agosto del 2008, en un hotel madrileño de Majadahonda, un energúmeno borracho y coqueado, un “macho madrileño” en suma, se dedicó a pegarle, en plena calle, a una señorita que era su novia. La bestia se llama Antonio Puerta y la víctima tiene el nombre de Violeta Santander.
Cuando Jesús Neira, profesor de Teoría del Estado y periodista, vio la escena del abuso, no dudó un instante en salir en defensa de la señorita Santander. Esto a pesar de la diferencia de talla y peso y la distancia de las edades, pues el abusador tiene 44 y el defensor de la dama 55 años.
Gracias a que el profesor Neira se interpuso, Violeta Santander pudo zafarse del animal que la sacudía. Segundos después, sin embargo, Neira fue derribado por detrás con un golpe de puño en la cabeza y golpeado varias veces más estando ya caído.
Hubo cuatro testigos que coincidieron en describir la viciosa cobardía de Antonio Puerta y dos cámaras, para desgracia del matón, grabaron lo sucedido.
Cuatro días después de la paliza, el profesor Neira sufrió un derrame cerebral y entró en coma profundo. Toda la prensa española lo convirtió en héroe y en víctima y los colectivos de mujeres le rindieron homenajes por haberse portado como uno de esos caballeros del viejo estilo.
Neira estuvo más de dos meses en coma, al borde de la muerte, y su agresor fue a parar, desde luego, a la cárcel por intento de homicidio.
Lo que sucedió después fue lo inesperado.
Porque resulta que la dama defendida, la dama salvada de las manos y puños de un salvaje, cobró 70,000 euros para salir en la TV a decir su verdad. Y lo que dijo fue muy sencillo: ella no se sentía maltratada, su agresor era “una bellísima persona” que reaccionó por “el síndrome de abstinencia” que padecía –aquí metió la pata porque la defensa del frustrado homicida arguyó, más bien, el exceso de alcohol y cocaína como atenuante-, y, por último, el profesor que le salvó la vida y estuvo a punto de perder la suya era más “un entrometido que un héroe”.
La televisión basura, que en España, al igual que aquí, es mayoritaria, se disputó a este encanto de mujer agradecida. Y la señorita Violeta Santander se ha paseado por los platós más pezuñentos de la península para decir “su verdad”.
Un periodista del prestigio de Luis del Val la ha llamado, a secas, “miserable”. Y “miserable” y muchas otras cosas más subidas de tono la llaman por calles y plazas de Madrid y España.
Y las que han vuelto a quedar colgadas de la brocha, sumidas en un ridículo con colores de Almodóvar, son las feministas Marta Ortiz, de la llamada Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres, y Marisa Soleto, presidenta de la autotitulada Fundación de Mujeres.
En efecto, estas lideresas del feminismo ultravioleta no se han atrevido a condenar a la imbécil moral que se pisotea en público, aplaude a quien la amorata y reniega de quien casi muere por defenderla.
Si la imbécil moral fuera “el imbécil moral”, o sea si la zorra fuese zorro y tuviese colgajo en vez de estuche –para citar a Julio Ramón Ribeyro-, el feminismo moral de las Españas caería en picado sobre tan sabrosa carroña.
Pero como se trata de “la” y no de “el”, las organizaciones feministas españolas han pedido “que cese el circo mediático de las entrevistas a Violeta Santander” y han dicho, textualmente, que la damita en cuestión “no se da cuenta de lo que está viviendo”.
A esos extremos puede llegar el gremialismo de género. No estoy seguro de qué lecturas tienen detrás las feministas españolas que defienden a un monstruo por el solo hecho de tener un hueco por delante, pero sospecho que una de sus autoras favoritas podría ser Anne Koedt, arquitecta del famoso ensayo “The Myth of the Vaginal Orgasm”.
Koedt, a quien Mailer caricaturizó cruelmente, sostenía en esas páginas que “el establecimiento del orgasmo del clítoris como un hecho normal amenaza la institución heterosexual...y de este modo la heterosexualidad será una opción, no un absoluto”.
¿Necesito decir que la señorita Koedt era una lesbiana armada hasta los dientes? Bendita sea, digo yo. Pero de allí a decir que el feminismo consiste también en rechazar el orgasmo profundo, de allí a despreciar ese orgasmo surgido no sólo del instrumento sino de la emoción y del mutuo acatamiento, de allí a decir, en suma, que cualquier manipulación clitoral, a solas o en compañía, puede sustituir a la machedumbre en ristre...eso es desconocer el propio cuerpo y negar la gloria de la concurrencia.
La señorita Koedt no sabía lo que se perdía. Las feministas españolas sí saben, en cambio, lo que hacen.
viernes, 13 de marzo de 2009
El puerto de la muerte
Ha muerto Blanca Varela y lo ha hecho de puntillas, tan discretamente como vivió. Ha muerto en el misterio que ella misma había decretado desde hace muchísimo tiempo. Ha volteado la cara hacia la pared, como ella misma presentía que debía hacerse en el momento adecuado.
Que ganara en el 2001 el premio Octavio Paz, en el 2006 el Federico García Lorca y en el 2007 el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana son hechos que confirman su universalidad y, al mismo tiempo, su exilio.
Como no podía ser de otra manera, el Perú jamás la trató con delicadeza. Y cuando en 1996 perdió a un hijo en un accidente de aviación el azar alevoso se sumó a la habitual mezquindad de esta tierra que pare poetas para maltratarlos.
Varela, como gustaba que la llamaran, jamás necesitó halagos, felizmente. Y cuando venían, generalmente de otros lados, los consideraba tan excesivos como prescindibles.
Su poesía empezó con esa piedra fundadora que es “Puerto Supe”, un poema que escribió en París y que aparecería en el libro que Octavio Paz prologó y tituló, a despecho del título original, “Ese puerto existe”.
Pero a partir de ese momento deslumbrante, de esos endecasílabos que venían de la tradición pero que daban forma a una ruptura parricida con lo viejo, a partir de esa tristeza deslumbrante, la poesía de Blanca Varela cambió en un sentido pocas veces visto en el Perú.
Porque en esta tierra de la abundancia, Blanca Varela fue afilando el silencio y aprendiendo el arte de decir apenas. Su poesía, que había empezado siendo volcán en erupción, quiso ser –y lo logró- lava esculpida dispuesta a que la interpretaran, formaciones que la rabia y la providencia forjaban sin propósito aparente.
En un excelente ensayo sobre Varela, Rossella Di Paolo recuerda a Sartre hablando de la obra escultórica de Giacometti y rescata aquella frase genial con la que el francés intenta definir la parquedad formal del artista: “Los cuerpos de Giacometti no tienen más materia que la estrictamente necesaria para prometer”.
Rossella Di Paolo emparenta las brevedades de Giacometti y Varela y, como casi siempre, acierta.
Tuve la impresión de unas rocas lanzadas desde el infierno de la magma apenas leí a Blanca Varela. Siempre supuse que su tarea era la de adelgazar su sufrimiento y castigar su escritura hasta hacerla borrosa y sugerente.
En el país de los excesos, Varela eludía las facilidades del idioma y hasta su respiración. Parecía decirnos muy poco y aun tapándose la boca. La verdad es que decía mucho callándose el tundete.
No se oye bien a Varela, que huye de las sinfonías y que apela a chirridos y disonancias. Pero en el fondo de ese estanque sucio brilla algo vivo que no quiere presentarse con una forma definida y que es, en suma, una vibración, una intuición, casi una amenaza de sentido.
Venida del surrealismo sin aceptarlo del todo, Varela goteaba lo que escribía y escondía muchas cosas y rompía muchas otras. No puedo jurarlo pero algo me dice que hacía pedazos el papel que albergase un poema que no viniese de la materia oscura.
Al fin y al cabo, estamos rodeados de materia oscura. Y esta verdad estelar estaba de algún modo en la poesía de Varela. Ella era un observatorio que declaraba la imposibilidad de descifrar el universo. Había una especie de placer en ese reconocimiento, un modo honesto de ser un ser humano despojado de sus peores arrogancias. El goce de la sabiduría destituido por el goce de la insuficiencia.
En el testimonio de la venezolana Yolanda Pantin (1996) se cita a Blanca Varela diciendo “me da miedo caer en una retórica del horror”. Lo que no hizo jamás fue caer en el horror de la retórica.
La Pantin, que grabó largas horas de conversación durante una permanencia de Varela en Caracas, recuerda que la poeta nacida en Supe declaró su admiración por Francis Bacon y “esas figuras borradas”. Esa afinidad está retratada en un solo verso que es toda una doctrina vareliana:
“De lo inexacto me alimento/ y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar/ esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy...”
Ayer, esa herida ha terminado de cerrarse. Para nuestro pesar.
Que ganara en el 2001 el premio Octavio Paz, en el 2006 el Federico García Lorca y en el 2007 el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana son hechos que confirman su universalidad y, al mismo tiempo, su exilio.
Como no podía ser de otra manera, el Perú jamás la trató con delicadeza. Y cuando en 1996 perdió a un hijo en un accidente de aviación el azar alevoso se sumó a la habitual mezquindad de esta tierra que pare poetas para maltratarlos.
Varela, como gustaba que la llamaran, jamás necesitó halagos, felizmente. Y cuando venían, generalmente de otros lados, los consideraba tan excesivos como prescindibles.
Su poesía empezó con esa piedra fundadora que es “Puerto Supe”, un poema que escribió en París y que aparecería en el libro que Octavio Paz prologó y tituló, a despecho del título original, “Ese puerto existe”.
Pero a partir de ese momento deslumbrante, de esos endecasílabos que venían de la tradición pero que daban forma a una ruptura parricida con lo viejo, a partir de esa tristeza deslumbrante, la poesía de Blanca Varela cambió en un sentido pocas veces visto en el Perú.
Porque en esta tierra de la abundancia, Blanca Varela fue afilando el silencio y aprendiendo el arte de decir apenas. Su poesía, que había empezado siendo volcán en erupción, quiso ser –y lo logró- lava esculpida dispuesta a que la interpretaran, formaciones que la rabia y la providencia forjaban sin propósito aparente.
En un excelente ensayo sobre Varela, Rossella Di Paolo recuerda a Sartre hablando de la obra escultórica de Giacometti y rescata aquella frase genial con la que el francés intenta definir la parquedad formal del artista: “Los cuerpos de Giacometti no tienen más materia que la estrictamente necesaria para prometer”.
Rossella Di Paolo emparenta las brevedades de Giacometti y Varela y, como casi siempre, acierta.
Tuve la impresión de unas rocas lanzadas desde el infierno de la magma apenas leí a Blanca Varela. Siempre supuse que su tarea era la de adelgazar su sufrimiento y castigar su escritura hasta hacerla borrosa y sugerente.
En el país de los excesos, Varela eludía las facilidades del idioma y hasta su respiración. Parecía decirnos muy poco y aun tapándose la boca. La verdad es que decía mucho callándose el tundete.
No se oye bien a Varela, que huye de las sinfonías y que apela a chirridos y disonancias. Pero en el fondo de ese estanque sucio brilla algo vivo que no quiere presentarse con una forma definida y que es, en suma, una vibración, una intuición, casi una amenaza de sentido.
Venida del surrealismo sin aceptarlo del todo, Varela goteaba lo que escribía y escondía muchas cosas y rompía muchas otras. No puedo jurarlo pero algo me dice que hacía pedazos el papel que albergase un poema que no viniese de la materia oscura.
Al fin y al cabo, estamos rodeados de materia oscura. Y esta verdad estelar estaba de algún modo en la poesía de Varela. Ella era un observatorio que declaraba la imposibilidad de descifrar el universo. Había una especie de placer en ese reconocimiento, un modo honesto de ser un ser humano despojado de sus peores arrogancias. El goce de la sabiduría destituido por el goce de la insuficiencia.
En el testimonio de la venezolana Yolanda Pantin (1996) se cita a Blanca Varela diciendo “me da miedo caer en una retórica del horror”. Lo que no hizo jamás fue caer en el horror de la retórica.
La Pantin, que grabó largas horas de conversación durante una permanencia de Varela en Caracas, recuerda que la poeta nacida en Supe declaró su admiración por Francis Bacon y “esas figuras borradas”. Esa afinidad está retratada en un solo verso que es toda una doctrina vareliana:
“De lo inexacto me alimento/ y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar/ esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy...”
Ayer, esa herida ha terminado de cerrarse. Para nuestro pesar.
jueves, 12 de marzo de 2009
Fraseario de actualidad (12-3-09)
- “¡¡¡QUE EL SEÑOR GARCÍA NO SIGA TOMANDO MI NOMBRE!!!” (Dios)
- Ney Guerrero es un perro de presa.
- Las imprentas de antes andaban con pies de plomo.
- “El falo nos ilumina” (Mao Tse Tung)
- La muerte siempre parece de segunda mano.
- “Prefiero ser progre que ser podre”. (Yo)
- “¡Que viva el congresista aprista José Vargas!” (Proyecto Taboada)
- Gastón Acurio es un comedor popular.
- La mujeres que tiran la toalla es que se van a echar.
- “Ángel Ganoza está muy bien de la cabeza” (Jaime Bayly)
- Hay quienes se creen muy éticos porque tienen doble moral.
- De los fierros retorcidos salen las fortunas de los dentistas.
- “Jorge del Castillo tuvo una emotiva despedida”. (Alan García)
- En el mundo cayó el Muro de Berlín. En el Perú cayó Félix Murazzo.
- “¿La Comisión de Ética en manos del fujimorismo? ¿Y por qué yo sigo preso?” (Momón)
- ¿Y los escritores de peso pluma que nunca tuvieron pegada?
- Hay mujeres que tienen reglas muy claras.
- “El Día D fue cuando Montesinos desembarcó en mi programa”. (Nicolás Lúcar)
- Los Agois todavía dependen de un banquero.
- De tanto comer García parecerá un cero a la derecha.
- “Los trabajadores van a recibir un aumento de despidos”. (La Confiep)
- La portátil de García es inamovible.
- El destino es lo que jamás te propusiste.
- “¡Y también invadiremos el terreno de las ideas!” (Germán Cárdenas)
- La bicicleta de Valle Riestra es bicameral.
- La nostalgia es un museo construido a nuestras espaldas.
- “A los palestinos hay que aplicarles la solución final”. (Lieberman, próximo canciller israelí)
- Ricardo Letts se ha comprado su PC.
- “Estoy invadida por la emoción”. (Lima)
- Por traidor será colgado con cuerdas separadas.
- “Confianza en el anteojo, no en el ojo” (Vision Center)
- Cuidado con que la Memoria del Perú se quede en el Museo de La Haya.
- Quien le enseñó al Puma a lanzarse en carretilla fue su esposa.
- A la edad que tiene, Lucía de la Cruz debería cantar valses vieneses.
- En el Perú ni los taxis se autorregulan.
- En el espectáculo de la vida parecemos los teloneros de nosotros mismos.
- En la tragedia de Michael Jackson hay una mano negra.
- “No hay enemigos chicos” (César Acuña)
- Nakazaki se tiñe el pelo con tinta china.
- Me fascinan las mujeres que se rasgan las vestiduras.
- Los proxenetas son defensores del oficio.
- Todas las noches ensayamos para morir.
- No es que a Tito Navarro se le caiga la baba por García. Es que le pagan.
- “¿Han pedido un peritaje psiquiátrico? ¡Llamen a Giampietri, a Mantilla, a la FOES y al grupo Rodrigo Franco!” (Alan García)
- La televisión será digital pero seguirá sin tener dos dedos de frente.
- A un cuarto para las tres los relojes parecen pornográficos.
- Ney Guerrero es un perro de presa.
- Las imprentas de antes andaban con pies de plomo.
- “El falo nos ilumina” (Mao Tse Tung)
- La muerte siempre parece de segunda mano.
- “Prefiero ser progre que ser podre”. (Yo)
- “¡Que viva el congresista aprista José Vargas!” (Proyecto Taboada)
- Gastón Acurio es un comedor popular.
- La mujeres que tiran la toalla es que se van a echar.
- “Ángel Ganoza está muy bien de la cabeza” (Jaime Bayly)
- Hay quienes se creen muy éticos porque tienen doble moral.
- De los fierros retorcidos salen las fortunas de los dentistas.
- “Jorge del Castillo tuvo una emotiva despedida”. (Alan García)
- En el mundo cayó el Muro de Berlín. En el Perú cayó Félix Murazzo.
- “¿La Comisión de Ética en manos del fujimorismo? ¿Y por qué yo sigo preso?” (Momón)
- ¿Y los escritores de peso pluma que nunca tuvieron pegada?
- Hay mujeres que tienen reglas muy claras.
- “El Día D fue cuando Montesinos desembarcó en mi programa”. (Nicolás Lúcar)
- Los Agois todavía dependen de un banquero.
- De tanto comer García parecerá un cero a la derecha.
- “Los trabajadores van a recibir un aumento de despidos”. (La Confiep)
- La portátil de García es inamovible.
- El destino es lo que jamás te propusiste.
- “¡Y también invadiremos el terreno de las ideas!” (Germán Cárdenas)
- La bicicleta de Valle Riestra es bicameral.
- La nostalgia es un museo construido a nuestras espaldas.
- “A los palestinos hay que aplicarles la solución final”. (Lieberman, próximo canciller israelí)
- Ricardo Letts se ha comprado su PC.
- “Estoy invadida por la emoción”. (Lima)
- Por traidor será colgado con cuerdas separadas.
- “Confianza en el anteojo, no en el ojo” (Vision Center)
- Cuidado con que la Memoria del Perú se quede en el Museo de La Haya.
- Quien le enseñó al Puma a lanzarse en carretilla fue su esposa.
- A la edad que tiene, Lucía de la Cruz debería cantar valses vieneses.
- En el Perú ni los taxis se autorregulan.
- En el espectáculo de la vida parecemos los teloneros de nosotros mismos.
- En la tragedia de Michael Jackson hay una mano negra.
- “No hay enemigos chicos” (César Acuña)
- Nakazaki se tiñe el pelo con tinta china.
- Me fascinan las mujeres que se rasgan las vestiduras.
- Los proxenetas son defensores del oficio.
- Todas las noches ensayamos para morir.
- No es que a Tito Navarro se le caiga la baba por García. Es que le pagan.
- “¿Han pedido un peritaje psiquiátrico? ¡Llamen a Giampietri, a Mantilla, a la FOES y al grupo Rodrigo Franco!” (Alan García)
- La televisión será digital pero seguirá sin tener dos dedos de frente.
- A un cuarto para las tres los relojes parecen pornográficos.
miércoles, 11 de marzo de 2009
Una maxiserie
El doctor García dice que defiende al pueblo cuando, chavistamente, le ordena al Banco de Materiales no cobrar la deuda de 270,000 prestatarios morosos.
El doctor García dice que defiende al pueblo cuando, chavistamente, promulga la ley que legitima la apropiación ilícita de millones de hectáreas de terrenos privados y del Estado.
Y añade que oponerse a todo eso “es maldad”. Y grita con voz de trueno y quizá hasta con exceso de algunos químicos:
“El 90 por ciento de los peruanos sí me entiende”.
Este respetable señor, que es el Presidente del Perú, está pasando por una fase aguda de sus malestares.
Se cree, otra vez, el dueño del país, el Danton con marsellesa bamba, la reencarnación del califa Piérola.
Y está dispuesto a todo con tal de que las encuestas de alquiler y las portátiles que le organizan sus sirvientes le sigan haciendo creer que está en la cima de la popularidad y en el centro de la gloria.
“El país está con nosotros”, repite a gritos mientras obsequia lo ajeno, del mismo modo que antes dispuso de lo que no le correspondía y llegó a ser el inexplicable hombre de fortuna que es.
El doctor García llama pueblo a los traficantes de tierra que tienen carné de su partido y llama pueblo a los que no pagan sus deudas.
La verdad es que el pueblo de veras se merecería otro mentor.
Conozco a pobres que vienen de la escuela de la honestidad y del trabajo y que en ella se mantienen. Serán pobres pero tienen más dignidad que cualquier coquero de Eisha.
Y conozco a ex pobres que dejaron la pobreza trabajando de sol a sombra, pagando sus deudas, cumpliendo con el Estado, siendo serios y confiables.
El mensaje del doctor García desalienta la honradez y estimula la pillería. Es una gran convocatoria al dolo. Es la fiesta del criollismo entendido como pendejada. Es “Bailando por un sueño” pero con el doctor García haciendo de Gisela.
El sueño de las dictaduras subtropicales es que el pueblo mute a chusma y estire la mano para pedir condonaciones o para meterla en el bolsillo de otros.
Ese parece ser el sueño del doctor García.
Qué no daría porque el pueblo peruano fuera, en masa y al trote, perromuertero y ligero de normas, anómico y anémico, cuatrero e invasor, pedigüeño y agradecido.
Eso ya no sería un pueblo sino una coreografía de masas, una mancha de teloneros.
Y ese parece ser el horizonte ideal del doctor García.
En resumen, que los pobres no se merecen un abogado como el doctor García.
Los pobres quieren salarios justos, cultura del deber, un contrato social que los incluya como co-protagonistas y no como comparsa. Los pobres quieren recompensas sociales a la altura del esfuerzo.
Los pobres no quieren a García disfrazado de papá Noel.
Quieren más mercado interno para crecer, más impuestos a los mineros tóxicos para hacer más hospitales, menos corrupción en la venta de activos del Estado, más entereza para enfrentar la voracidad del vecino del sur. Quieren más economía soberana. Porque saben, además, que las dádivas los atan y comprometen.
¿Por qué el sueldo mínimo está congelado?
Porque García no puede meterse con la Confiep.
¿Por qué se incumplió con esa promesa electoral de ponerle impuestos a las sobreganancias mineras?
Porque García decidió burlarse de la gente común para servir a quienes les debía el triunfo, las finanzas y el extenso y por ahora innombrable patrimonio personal.
¿Por qué se permite la tercerización ilegal y los contratos basura en el plano laboral?
Porque García tiene un pacto de hierro con “el sistema”, entendiendo por “el sistema” lo que Fujimori impuso a la fuerza mientras se producía el saqueo del país.
¿Por qué el apuro en gastar ahora que no hay Contralor, cargo para el que se propuso, primero, a una mitómana y, después, a un funcionario virtualmente chileno y subalterno del ministro de Economía, a quien tendría que fiscalizar?
Porque, sencillamente, los tiempos de la demagogia y los arranchones en bóveda han regresado.
Y por todo eso es necesario que García aliente el parasitismo popular.
Para que los vítores de los incautos acallen las voces de la oposición.
Lo que no saben esos condonados y esos regalados es que son los extras de una vieja película.
Y en esa película, hoy repuesta por enésima vez, los regalados se quedan en los cerros robados, en las lejanías sustraídas, mientras que los condonados siguen esperando la reconstrucción de sus ciudades.
Más que película, es una maxiserie.
El doctor García dice que defiende al pueblo cuando, chavistamente, promulga la ley que legitima la apropiación ilícita de millones de hectáreas de terrenos privados y del Estado.
Y añade que oponerse a todo eso “es maldad”. Y grita con voz de trueno y quizá hasta con exceso de algunos químicos:
“El 90 por ciento de los peruanos sí me entiende”.
Este respetable señor, que es el Presidente del Perú, está pasando por una fase aguda de sus malestares.
Se cree, otra vez, el dueño del país, el Danton con marsellesa bamba, la reencarnación del califa Piérola.
Y está dispuesto a todo con tal de que las encuestas de alquiler y las portátiles que le organizan sus sirvientes le sigan haciendo creer que está en la cima de la popularidad y en el centro de la gloria.
“El país está con nosotros”, repite a gritos mientras obsequia lo ajeno, del mismo modo que antes dispuso de lo que no le correspondía y llegó a ser el inexplicable hombre de fortuna que es.
El doctor García llama pueblo a los traficantes de tierra que tienen carné de su partido y llama pueblo a los que no pagan sus deudas.
La verdad es que el pueblo de veras se merecería otro mentor.
Conozco a pobres que vienen de la escuela de la honestidad y del trabajo y que en ella se mantienen. Serán pobres pero tienen más dignidad que cualquier coquero de Eisha.
Y conozco a ex pobres que dejaron la pobreza trabajando de sol a sombra, pagando sus deudas, cumpliendo con el Estado, siendo serios y confiables.
El mensaje del doctor García desalienta la honradez y estimula la pillería. Es una gran convocatoria al dolo. Es la fiesta del criollismo entendido como pendejada. Es “Bailando por un sueño” pero con el doctor García haciendo de Gisela.
El sueño de las dictaduras subtropicales es que el pueblo mute a chusma y estire la mano para pedir condonaciones o para meterla en el bolsillo de otros.
Ese parece ser el sueño del doctor García.
Qué no daría porque el pueblo peruano fuera, en masa y al trote, perromuertero y ligero de normas, anómico y anémico, cuatrero e invasor, pedigüeño y agradecido.
Eso ya no sería un pueblo sino una coreografía de masas, una mancha de teloneros.
Y ese parece ser el horizonte ideal del doctor García.
En resumen, que los pobres no se merecen un abogado como el doctor García.
Los pobres quieren salarios justos, cultura del deber, un contrato social que los incluya como co-protagonistas y no como comparsa. Los pobres quieren recompensas sociales a la altura del esfuerzo.
Los pobres no quieren a García disfrazado de papá Noel.
Quieren más mercado interno para crecer, más impuestos a los mineros tóxicos para hacer más hospitales, menos corrupción en la venta de activos del Estado, más entereza para enfrentar la voracidad del vecino del sur. Quieren más economía soberana. Porque saben, además, que las dádivas los atan y comprometen.
¿Por qué el sueldo mínimo está congelado?
Porque García no puede meterse con la Confiep.
¿Por qué se incumplió con esa promesa electoral de ponerle impuestos a las sobreganancias mineras?
Porque García decidió burlarse de la gente común para servir a quienes les debía el triunfo, las finanzas y el extenso y por ahora innombrable patrimonio personal.
¿Por qué se permite la tercerización ilegal y los contratos basura en el plano laboral?
Porque García tiene un pacto de hierro con “el sistema”, entendiendo por “el sistema” lo que Fujimori impuso a la fuerza mientras se producía el saqueo del país.
¿Por qué el apuro en gastar ahora que no hay Contralor, cargo para el que se propuso, primero, a una mitómana y, después, a un funcionario virtualmente chileno y subalterno del ministro de Economía, a quien tendría que fiscalizar?
Porque, sencillamente, los tiempos de la demagogia y los arranchones en bóveda han regresado.
Y por todo eso es necesario que García aliente el parasitismo popular.
Para que los vítores de los incautos acallen las voces de la oposición.
Lo que no saben esos condonados y esos regalados es que son los extras de una vieja película.
Y en esa película, hoy repuesta por enésima vez, los regalados se quedan en los cerros robados, en las lejanías sustraídas, mientras que los condonados siguen esperando la reconstrucción de sus ciudades.
Más que película, es una maxiserie.
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