Eres pobre hasta la médula, pobre de dinero y de glóbulos rojos, pobre congénito y bienaventurado del cielo protector que mañana te hará lozano y feliz (Vaticano dixit), pero entonces irrumpen en tu pobreza unánime a las 4 de la mañana y te dan una bolsa.
Sí, son los milicos que antes venían por ti en la madrugada para sacarte a patadas y conducirte al SIE. Son los milicos que ayer se cuadraban ante Fujimori con sus pasamontañas, los que obedecían a “General Victorioso” –alias Hermoza Ríos– y los que se prestaban a lo que fuera la ocurrencia del psicópata Rivas y su grupo de aniquiladores.
Pero ahora vienen en plan de filántropos y en vez de Uzis traen bolsas con menestras y latas de conservas, arroces partidos y hasta leche evaporada. Así que, pasado el susto del despertar brutal, recibes la bolsita salvadora y dices gracias y sales en el noticiero de la tele diciéndole al gobierno que es un gesto muy bueno y que ojalá se repita.
Esta caridad entre las sombras, esta antalgina para el cáncer del hambre, este alivio embolsado, a mí me da vergüenza. Y pienso: ¿A esto se ha reducido el “pan con libertad” de Haya de la Torre? Mulder, ¿a esto?
El Apra nació como una propuesta placentariamente marxista, como la alternativa de las clases medias ilustradas frente al dominio insomne de la oligarquía peruana. Y el Apra ha muerto como gestora de esa misma oligarquía. Lo paradójico es que quien la ha matado suavemente es el mismo hombre que la llevó, gracias a su carisma, a la cúspide. Es como subir al Everest y caer desde la cumbre convertido en bola.
Nadie sensato le pidió al Apra de esta década el retorno de los brujos y la vigencia de los programas de los años 30 (el harakiri del socialismo real tenía que ser un referente). Un corrimiento hacia el centro era esperable en aquello que vagamente pudo llamarse socialdemocracia latinoamericana. Pero es que el doctor García no se ha desplazado al centro. Hoy, sin mezquindad de por medio, García es el líder de la derecha, el Pardo del siglo XXI, el Haya que Ravines y Beltrán secuestraron para mirar juntos el sunset desde “El suizo” de La Herradura.
¿Era necesaria tal dosis de resignación? No, no lo era. García habría podido, con el talento político que nadie le discute, sumarse al esfuerzo de Lula, Vásquez o Kirchner y ayudar a la construción de un frente que velara por los intereses comunes de esta parte tan subestimada del mundo. Porque entre las alharacas de Hugo Chávez y el virreinato estadounidense de Álvaro Uribe hay una ancha franja en la que es posible atraer inversión extranjera de pie y no de rodillas, respetar la economía de mercado sin convertirse en criada de la Confiep, crear puestos de trabajo sin aliarse con Repsol para sustraerle al Perú parte de su salario por el gas de Camisea –como acaba de denunciar Manuel López Obrador en México–.
En suma, García está haciendo de Bedoya Reyes sin necesidad. Está haciendo de Oscar R. Benavides porque le da la gana. Y –si es necesario– hará de Sánchez Cerro y Odría porque así entiende el realismo y la actualización de su partido. Nadie se ha sentido más moderno que el doctor García luciendo la levita civilista.
Ser de centro requiere de una sintonía fina que a García, cerca de los 60, parece molestarle. Más fácil es instalarse en el sistema binario que Uribe ha impuesto en Colombia (por ahora): aquí los patriotas y el desarrollo, allá los ofuscados y el estancamiento. La versión de García es igual de primaria: aquí los globalizados del internet y del grado de inversión, allá los perros del hortelano.
García quiere hacer con nuestros bosques o el gas lo que los tatarabuelos de la derecha que hoy lo mima hicieron con el guano y el salitre: hipotecarlos al extranjero y/o malbaratearlos y luego, inexorablemente, convertirlos en más desigualdad. Y lo peor es que cree que está haciendo algo nuevo. No, hombre: lo nuevo es que por primera vez en muchísimos años la derecha peruana ha adquirido un líder auténticamente popular. García ha terminado prestándole cerebro y elocuencia al grupo social que mañana se deshará de él mientras busca otro caudillo que colonizar.
¿Es el fin del Apra? Sí, es el último capítulo del proyecto reformista que pudo hacer viable al Perú.
Un país que reparte bolsas de víveres de madrugada es que está herido de desigualdad y enfermo de injusticia. Un país que en los años más recientes ha crecido por encima del siete por ciento y, sin embargo, tiene que calmar el hambre haciendo de la caridad una política de Estado es un país enfermo. Y una derecha que todo lo ha copado, que gobierna sin haber ganado las elecciones y que alienta a perseguir a los descontentos empapelándolos judicialmente, es una derecha que está buscando el otro sendero (y no precisamente el de Hernando de Soto).
A pesar de las diferencias y de los años, quizás no existe libro de Haya de la Torre más vigente –por lo menos en su aspecto central– que “El antiimperialismo y el Apra”. Giremos la mirada a Irak, a Afganistán, al Irán amenazado, a la Bolivia repleta de complós atizados desde la embajada norteamericana, al Medio Oriente que es la expresión neta de la política exterior de los Estados Unidos, y preguntémonos qué es todo esto. Si algo de honestidad intelectual nos queda tendremos que concluir que todas estas invasiones y todas estas felonías de dimensión universal se parecen como una gota de agua a otra gota de agua a lo que pasó con Cuba en 1898 y con Filipinas casi de inmediato. Y hasta los historiadores norteamericanos llamaron a lo de Cuba y Filipinas “imperialismo”. Padecemos el imperialismo más audaz y sanguinario y el doctor García ha decidido que el Apra sea dama de compañía de sus aventuras. Entre Zapata y Díaz, ha optado por el porfiriato. Y mientras tanto, las bolsas.
viernes, 11 de abril de 2008
jueves, 10 de abril de 2008
Leguizamón y los poderosos
A ese señor Leguizamón la San Martín lo ha echado no por insultar a una árbitra especialista en meter la pata sino por decirnos la verdad: que tenemos una liga mediocre, un fútbol ceniciento, una historia riquísima en fracasos. Es que a Leguizamón lo contrataron como pelotero y no como biógrafo de esa farsa que algunos llaman “fúbol peruano”.
Por supuesto que las feministas profesionales –o sea las que se afeitan con su prestobarba de doble acción– ya se apropiaron del acontecimiento y exhiben la cabeza de Leguizamón en una bandeja que chorrea sangre. La señora ministra de la mujer fue la primera en llegar a la escena del crimen para decir lo suyo y para sacar la cara “por todas las mujeres del Perú”. Esta señora no era huachafa pero el Apra la ha corregido y hoy podría hacer dúo con la del dedo meñique, cómo no.
La señorita árbitra vejada, que es muy guapa y que no creo que padezca de ninguna punzante omisión como insinuó procazmente el muy tatuado señor Leguizamón, ultraja ella misma el reglamento con su incompetencia. Pero sobre eso pocos hablan. Hasta un señor famoso por su sinceridad, que antes se apartaba de los rebaños, hoy se amista con los corifeos y suelta su lugar común como si hiciera honor a su chapa de hermano menor de Carlota.
Leguizamón hizo muy mal, eso está claro. Pero un desmán de palabra se castiga con dos fechas y una quincena de sueldo. Su expulsión se debe, como decía, al hecho de recordarnos que ya hemos cumplido nuestras bodas de plata (con yapa) de no ir a un Mundial. Y todo indica que en esa autoproscripción persistiremos, lo diga o no lo diga Leguizamón. Porque nuestro fútbol se pudrió cuando el empresariado lumpen lo empezó a dirigir en armonía con los dirigentes de prontuario que nunca se van. Y cuando, además, los jugadores empezaron a salir, casi exclusivamente, de las covachas que pueblan la miseria del Perú. Dirigentes de juzgado de guardia más futbolistas muy próximos al eslabón perdido dan como resultado que siempre pierdes en los momentos decisivos. Peor aún si consideramos que lo poco bueno que brota de estas tierras es de inmediato vendido al extranjero. ¡Hasta el fútbol lo hemos reprimarizado!
Como decía, las feministas están felices. Y lo que no saben es que hace rato que aburren con sus banderolas orales, su picapica doctrinero y su demagogia en calzón de hojalata. Cuando la conquistada igualdad las hiere, como en este caso –los insultos y las provocaciones abundan en el mar de adrenalina que es el fútbol–, entonces le sacan tarjeta roja a la igualdad y exigen el regreso de la antigua desigualdad tipo José Antonio de Chabuca Granda. Y la ministra, la misma que no dijo nada cuando la señora Pilar Nores masticó en público el Godzilla del doctor García y su flamante vástago, sale a decir “ni con el pétalo de una rosa”, “qué tal lisura”, “¿qué se habrán creído” y todo lo que puede decir una maruja que va a escuchar misa en la iglesia falsamente gótica de San José.
A las feministas les está ocurriendo lo que a los homosexuales: han empezado a aburrir. Y esto que feministas y homosexuales integran los grupos de presión no económicos más poderosos del país. Abundan en la política, se multiplicaron en un partido que dice proceder de Atenas pero que más parece una Roma decadente, son los parafraseados ejércitos de la noche en busca de un dulce castigo. Es decir, están hasta en la sopa y han logrado en las últimas décadas las mayores y más legítimas conquistas de su pliego de reclamos. Pero nada parece saciarlos. Y en cuanto a los falófilos, estoy seguro de que no pararán hasta lograr el sueño que Jaime Bayly acaba de revelar como idea fija de su colectivo: poder casarse de blanco con algún caballero en la mismísima Catedral.
Aburren las señoras que habrían fusilado a Freud por aquello de la envidia in extenso de ese apéndice siempre disputado. Aburren las señoras que aman a las señoras y que representan dizque al género que parecen detestar. Aburren las lesbianas quejándose muchas veces de algún agravio imaginado. Aburren las locas de la diplomacia, las aerolocas de las líneas de aviación, las locas rencorosas con poder mediático, las locas fruncidas que tuvieron poder. Y no hay que ser homófobo con pistola al cinto para decir que la dictadura gay que hoy se impone en buena parte de la prensa mundial es tan repulsiva como lo era la dictadura machista a lo John Wayne. Entre locas cada vez más poderosas y feministas con cara de camionero haciendo fila para el almuerzo, vamos a empezar a creer que ser modestamente heterosexual, que desear al otro sexo, que aspirar a la mujer de tu prójimo, es un pecado contranatura y una carencia de sofisticación. Ser hétero ya casi da vergüenza.
Porque ahora nos han convencido de que prácticamente lo mejor que puede sucederle a un niñito (a) es tener dos papis con pichula bajo la misma ducha o dos mamis al hilo meciéndole la cuna a cuatro manos. Ya está bueno.
Por supuesto que las feministas profesionales –o sea las que se afeitan con su prestobarba de doble acción– ya se apropiaron del acontecimiento y exhiben la cabeza de Leguizamón en una bandeja que chorrea sangre. La señora ministra de la mujer fue la primera en llegar a la escena del crimen para decir lo suyo y para sacar la cara “por todas las mujeres del Perú”. Esta señora no era huachafa pero el Apra la ha corregido y hoy podría hacer dúo con la del dedo meñique, cómo no.
La señorita árbitra vejada, que es muy guapa y que no creo que padezca de ninguna punzante omisión como insinuó procazmente el muy tatuado señor Leguizamón, ultraja ella misma el reglamento con su incompetencia. Pero sobre eso pocos hablan. Hasta un señor famoso por su sinceridad, que antes se apartaba de los rebaños, hoy se amista con los corifeos y suelta su lugar común como si hiciera honor a su chapa de hermano menor de Carlota.
Leguizamón hizo muy mal, eso está claro. Pero un desmán de palabra se castiga con dos fechas y una quincena de sueldo. Su expulsión se debe, como decía, al hecho de recordarnos que ya hemos cumplido nuestras bodas de plata (con yapa) de no ir a un Mundial. Y todo indica que en esa autoproscripción persistiremos, lo diga o no lo diga Leguizamón. Porque nuestro fútbol se pudrió cuando el empresariado lumpen lo empezó a dirigir en armonía con los dirigentes de prontuario que nunca se van. Y cuando, además, los jugadores empezaron a salir, casi exclusivamente, de las covachas que pueblan la miseria del Perú. Dirigentes de juzgado de guardia más futbolistas muy próximos al eslabón perdido dan como resultado que siempre pierdes en los momentos decisivos. Peor aún si consideramos que lo poco bueno que brota de estas tierras es de inmediato vendido al extranjero. ¡Hasta el fútbol lo hemos reprimarizado!
Como decía, las feministas están felices. Y lo que no saben es que hace rato que aburren con sus banderolas orales, su picapica doctrinero y su demagogia en calzón de hojalata. Cuando la conquistada igualdad las hiere, como en este caso –los insultos y las provocaciones abundan en el mar de adrenalina que es el fútbol–, entonces le sacan tarjeta roja a la igualdad y exigen el regreso de la antigua desigualdad tipo José Antonio de Chabuca Granda. Y la ministra, la misma que no dijo nada cuando la señora Pilar Nores masticó en público el Godzilla del doctor García y su flamante vástago, sale a decir “ni con el pétalo de una rosa”, “qué tal lisura”, “¿qué se habrán creído” y todo lo que puede decir una maruja que va a escuchar misa en la iglesia falsamente gótica de San José.
A las feministas les está ocurriendo lo que a los homosexuales: han empezado a aburrir. Y esto que feministas y homosexuales integran los grupos de presión no económicos más poderosos del país. Abundan en la política, se multiplicaron en un partido que dice proceder de Atenas pero que más parece una Roma decadente, son los parafraseados ejércitos de la noche en busca de un dulce castigo. Es decir, están hasta en la sopa y han logrado en las últimas décadas las mayores y más legítimas conquistas de su pliego de reclamos. Pero nada parece saciarlos. Y en cuanto a los falófilos, estoy seguro de que no pararán hasta lograr el sueño que Jaime Bayly acaba de revelar como idea fija de su colectivo: poder casarse de blanco con algún caballero en la mismísima Catedral.
Aburren las señoras que habrían fusilado a Freud por aquello de la envidia in extenso de ese apéndice siempre disputado. Aburren las señoras que aman a las señoras y que representan dizque al género que parecen detestar. Aburren las lesbianas quejándose muchas veces de algún agravio imaginado. Aburren las locas de la diplomacia, las aerolocas de las líneas de aviación, las locas rencorosas con poder mediático, las locas fruncidas que tuvieron poder. Y no hay que ser homófobo con pistola al cinto para decir que la dictadura gay que hoy se impone en buena parte de la prensa mundial es tan repulsiva como lo era la dictadura machista a lo John Wayne. Entre locas cada vez más poderosas y feministas con cara de camionero haciendo fila para el almuerzo, vamos a empezar a creer que ser modestamente heterosexual, que desear al otro sexo, que aspirar a la mujer de tu prójimo, es un pecado contranatura y una carencia de sofisticación. Ser hétero ya casi da vergüenza.
Porque ahora nos han convencido de que prácticamente lo mejor que puede sucederle a un niñito (a) es tener dos papis con pichula bajo la misma ducha o dos mamis al hilo meciéndole la cuna a cuatro manos. Ya está bueno.
miércoles, 9 de abril de 2008
Putiencuestas
No le creo una palabra a la llamada “encuesta” que, cada mes más o menos, expele la Universidad de Lima.
Ayer, esa muy exitosa fábrica de egresados de difícil chamba volvió a castigarnos con sus cifras hinchadas por la silicona, depauperadas por el arreglo y/o disimuladas por el interés.
Lourdes Flores, caserita de dichos “científicos sociales”, sale anabolizada toda ella con un 48,6 por ciento que aprueba su gestión. ¿Qué gestión? ¿La de lideresa de la oposición? No me hagan reír. ¿La de combatiente por los fueros democráticos ahora que la intolerancia los amenaza y Alva Castro pretende aprehenderlos? No me hagan estornudar. Aparte de méritos personales que nadie discute, la única gestión que se le conoce a la doctora Flores es la de derrotada de antemano y la de desaparecida intermitente. Los benaventes señalan que sólo un 39,7 por ciento de limeños la mira con ojo crítico. Es que a Lourdes hay que conservarla como carta para el 2011 y las encuestas de la U de Lima parecen ser la traducción numérica del libreto de la derecha más enemiga de las humanidades.
El archijefe de las hordas saqueadoras del SAT, por ejemplo, es otro que está hecho de titanio y diamantes, según el feudo de doña Ilse. Sólo un miserable 14,9 por ciento (U. de Lima dixit) censura su gestión mientras un aluviónico 82,4 por ciento le rinde culto. ¿Y lo de las revisiones técnicas? ¿Y lo de la suspensión de las licitaciones para la vía expresa? ¿Y lo de la vía expresa paralizada? ¿Y lo de la millonaria indemnización que tendrá que pagarle a su ex socio Lidercón? ¿Y lo de sus groserías hidrófobas salpicadas en RPP? ¿Y el BMW de su vice Marco Parra? ¡Nada de eso importa! La Universidad de Lima ha decretado orden de inmovilidad para las cifras que atañen al hombre que Fujimori puso en el Seguro Social. Y con esos resultados Castañeda ya tiene otra patente de corso para tratar de “parásitos” a sus críticos. ¿Y no será el señor Benavente su parásito ad hoc?
La referida fábrica de cartones y papel prensado también nos dice que Castañeda Lossio es, con el 36 por ciento de adhesiones, el político más simpático (y por ende el de la pole position para el 2011). ¿Y saben quién le sigue, si bien es cierto con un lejano 13,2 por ciento? ¡Adivinaron! ¡El favorito de los benaventes y las ilses! El japonés de las maletas sacadas clandestinamente, el ideólogo de la guerra sucia, el tutor de Saravá, el líder de Martin Rivas, el jefe de Susy Díaz, el valiente del fax, está segundo, con los motores rugiendo, esperando que Benavente se anime y lo arrime unos metros más adelante en la próxima entrega. ¡Es que mientras más se acerca la sentencia más adorable (para la de Lima) es el sujeto en cuestión!
Tercera en esa lista de simpatías con implicancias electorales inmediatas está, por supuesto, la señora topo, es decir doña Lourdes Flores. No necesito decir que en este tipo de encuestas siempre se infiere que la protesta está desacreditada, el humalismo pide la extremaunción, el populismo es veneno, la empresa privada es mejor que hacer el amor y a la inversión extranjera no que hay que pedirle ni siquiera el pasaporte.
Y por supuesto que, inyectada de esteroides benaventinos, en la encuesta de ayer aparece primerísima en una lista –no podía faltar el detalle– la señora que estudió en Estados Unidos con la plata negra de su papi, es decir doña Keiko Fujimori, o sea nuestra Pucca, la que rima con yuca (la que exhibía su daddy como agrónomo). ¿Y cómo habrá sido el arreglo con Humberto Lay para que este finadito hondamente llorado figure en esa misma lista con un 6,3 por ciento de simpatizantes? ¡Benavides es como Guadalupe Posadas, el mayor calaverista del arte popular mexicano!
A este paso alguien se va a animar a poner una encuestadora que sólo dé cifras por encargo (eso sí, siempre con fracciones porque sólo con números redondos la cosa no parecería “científica”). Por ejemplo va Saravá con su chequera, paga su marmaja, espera silbando salsa 24 horas, y recibe su “sondeo demoscópico”. Entonces llama a Vargas y va a la radio –ya saben cuál– y se lanza:
Cuadro 1
–¿Cuál es el eslogan que usted más recuerda?
–“Honradez, tecnología y trabajo” (71,32 por ciento)
–“Chino, contigo hasta la muerte” (20,08 por ciento)
–“No recuerdo ninguno” (7,91 por ciento)
–“Otros” (0,69 por ciento).
Y así por el estilo.
Es que las encuestas nacieron honradas como costureritas de Gardel, pero en el camino los malos hombres las fueron desnudando con la mirada, embraguetando con mano propia y perdiendo en el bosque de las chinas perdidas. Y aunque algunas resistieron y ejercen el señoritismo, otras –demasiadas– terminaron sin falda en el arroyo, gritando números que parecen tiques y voceando nombres de la clientela.
Ayer, esa muy exitosa fábrica de egresados de difícil chamba volvió a castigarnos con sus cifras hinchadas por la silicona, depauperadas por el arreglo y/o disimuladas por el interés.
Lourdes Flores, caserita de dichos “científicos sociales”, sale anabolizada toda ella con un 48,6 por ciento que aprueba su gestión. ¿Qué gestión? ¿La de lideresa de la oposición? No me hagan reír. ¿La de combatiente por los fueros democráticos ahora que la intolerancia los amenaza y Alva Castro pretende aprehenderlos? No me hagan estornudar. Aparte de méritos personales que nadie discute, la única gestión que se le conoce a la doctora Flores es la de derrotada de antemano y la de desaparecida intermitente. Los benaventes señalan que sólo un 39,7 por ciento de limeños la mira con ojo crítico. Es que a Lourdes hay que conservarla como carta para el 2011 y las encuestas de la U de Lima parecen ser la traducción numérica del libreto de la derecha más enemiga de las humanidades.
El archijefe de las hordas saqueadoras del SAT, por ejemplo, es otro que está hecho de titanio y diamantes, según el feudo de doña Ilse. Sólo un miserable 14,9 por ciento (U. de Lima dixit) censura su gestión mientras un aluviónico 82,4 por ciento le rinde culto. ¿Y lo de las revisiones técnicas? ¿Y lo de la suspensión de las licitaciones para la vía expresa? ¿Y lo de la vía expresa paralizada? ¿Y lo de la millonaria indemnización que tendrá que pagarle a su ex socio Lidercón? ¿Y lo de sus groserías hidrófobas salpicadas en RPP? ¿Y el BMW de su vice Marco Parra? ¡Nada de eso importa! La Universidad de Lima ha decretado orden de inmovilidad para las cifras que atañen al hombre que Fujimori puso en el Seguro Social. Y con esos resultados Castañeda ya tiene otra patente de corso para tratar de “parásitos” a sus críticos. ¿Y no será el señor Benavente su parásito ad hoc?
La referida fábrica de cartones y papel prensado también nos dice que Castañeda Lossio es, con el 36 por ciento de adhesiones, el político más simpático (y por ende el de la pole position para el 2011). ¿Y saben quién le sigue, si bien es cierto con un lejano 13,2 por ciento? ¡Adivinaron! ¡El favorito de los benaventes y las ilses! El japonés de las maletas sacadas clandestinamente, el ideólogo de la guerra sucia, el tutor de Saravá, el líder de Martin Rivas, el jefe de Susy Díaz, el valiente del fax, está segundo, con los motores rugiendo, esperando que Benavente se anime y lo arrime unos metros más adelante en la próxima entrega. ¡Es que mientras más se acerca la sentencia más adorable (para la de Lima) es el sujeto en cuestión!
Tercera en esa lista de simpatías con implicancias electorales inmediatas está, por supuesto, la señora topo, es decir doña Lourdes Flores. No necesito decir que en este tipo de encuestas siempre se infiere que la protesta está desacreditada, el humalismo pide la extremaunción, el populismo es veneno, la empresa privada es mejor que hacer el amor y a la inversión extranjera no que hay que pedirle ni siquiera el pasaporte.
Y por supuesto que, inyectada de esteroides benaventinos, en la encuesta de ayer aparece primerísima en una lista –no podía faltar el detalle– la señora que estudió en Estados Unidos con la plata negra de su papi, es decir doña Keiko Fujimori, o sea nuestra Pucca, la que rima con yuca (la que exhibía su daddy como agrónomo). ¿Y cómo habrá sido el arreglo con Humberto Lay para que este finadito hondamente llorado figure en esa misma lista con un 6,3 por ciento de simpatizantes? ¡Benavides es como Guadalupe Posadas, el mayor calaverista del arte popular mexicano!
A este paso alguien se va a animar a poner una encuestadora que sólo dé cifras por encargo (eso sí, siempre con fracciones porque sólo con números redondos la cosa no parecería “científica”). Por ejemplo va Saravá con su chequera, paga su marmaja, espera silbando salsa 24 horas, y recibe su “sondeo demoscópico”. Entonces llama a Vargas y va a la radio –ya saben cuál– y se lanza:
Cuadro 1
–¿Cuál es el eslogan que usted más recuerda?
–“Honradez, tecnología y trabajo” (71,32 por ciento)
–“Chino, contigo hasta la muerte” (20,08 por ciento)
–“No recuerdo ninguno” (7,91 por ciento)
–“Otros” (0,69 por ciento).
Y así por el estilo.
Es que las encuestas nacieron honradas como costureritas de Gardel, pero en el camino los malos hombres las fueron desnudando con la mirada, embraguetando con mano propia y perdiendo en el bosque de las chinas perdidas. Y aunque algunas resistieron y ejercen el señoritismo, otras –demasiadas– terminaron sin falda en el arroyo, gritando números que parecen tiques y voceando nombres de la clientela.
martes, 8 de abril de 2008
Líneas interceptadas
A mí se me hace que el ectoplásmico colega don Juan Paredes Castro ha dejado de no existir con esto de la interceptación telefónica.
Como quien dice: “Me interceptan, luego existo”. Y este certificado de sobrevivencia se lo ha dado un extraño chupón. Veamos.
Fue muy rara la presentación del artilugio que fotografió “El Comercio”: demasiado grande para estar en un poste, demasiado obvio para un operativo clandestino y demasiado lejos (cuatro cuadras) para ser ciento por ciento eficaz.
Quien sepa algo de estos menesteres entenderá lo que estoy tratando de decir. Colocar un armatoste como el exhibido en un poste de la Telefónica es como dar un alarido en medio de la misa. Yo recuerdo perfectamente la sutileza miniaturizada con que, en la época de Fujimori, nos chuponeaban las líneas y nos grababan en los famosos cidís que denunció Rossana Cueva en Canal 2.
Más extraño es que “El Comercio” diga que el descubrimiento de tamaño aparato ocurrió “un mes después” del barrido electrónico periódico que la empresa en cuestión manda a hacer en las líneas de su personal. ¿Un mes después y recién lo denuncian? ¿O lo que han querido decir es que se han demorado un mes entre la detección de la interceptación y el descubrimiento de esa antigualla adherida a un vulgar poste? Suena muy raro.
Pero hay otro enigma. En la presentación de la denuncia, “El Comercio” señala lo siguiente: “Si bien se ha podido confirmar la interceptación telefónica, no se ha podido determinar cómo operaba el aparato transmisor-receptor…”
¿Qué cosa? ¿Y si no saben cómo es que funciona, cómo pueden saber cómo intercepta? ¿Y si no saben cómo intercepta, cómo pueden decir que la interceptación telefónica “está confirmada”? O sigue habiendo en esa redacción redactores jalados en el Bausate y Meza, o las cosas no están del todo claras.
Tampoco sabe “El Comercio” si detrás de ese sistema de escucha “había una persona en permanente posición de control de las comunicaciones o si estas eran seguidas a través del hilo telefónico e inclusive grabadas y revisadas periódicamente por todo un equipo de espionaje”. Linda forma de hacer periodismo de investigación: como no sé nada en concreto, puedo imaginar lo que sea. ¿Y la Unidad de Investigación, esa maravilla?
Quizás más curioso sea el hecho de que “El Comercio” no nos haya mostrado hasta ahora la secuencia de fotos que nos hubiese ilustrado, espectacularmente, en relación al desmontaje del interceptor. En efecto, el diario del elusivo señor Paredes apunta en su edición del domingo (página a-10): “Detectada la interceptación, se procedió a descolgar el aparato que se observa en la foto. Se desconoce cuándo fue instalado”.
Dos cosas al respecto. ¿No hubiera sido de lo más periodístico mostrarnos una foto del momento en que los técnicos, subidos en una escalera telescópica, se tropiezan con el grosero artefacto y lo señalan con un dedo o lo exhiben con una sonrisa de satisfacción? ¿Y el tele de 500, es que no se usa? Y en segundo lugar: ¿Cómo es posible que “El Comercio” diga “se desconoce cuándo fue instalado” si, al mismo tiempo, afirma que hace barridos periódicos en su red de comunicación telefónica? ¿No debió decirnos que la tal cosa de plástico negro con facha de celular viejísimo fue instalada después de la última inspección de fecha tal? Porque –repito– es el mismo diario el que subraya que la limpieza de sus teléfonos “constituye una práctica empresarial periódica de prevención”.
Fujimori interceptaba a quienes le hacían daño. La Stasi cableaba a los enemigos de la RDA. El gaucho Cisneros mandó chuponear a Carlos Malpica o a Javier Diez Canseco. Y si Bush quisiera interceptar algún teléfono ese sería el de Michael Moore, no el de Rupert Murdoch.
Es decir, se quiere escuchar lo que dice el adversario –o sea el enemigo todavía tímido–, o lo que planea o conspira el enemigo –o sea el adversario que se juega entero–. Pero nadie intercepta a quien le es afín, a quien patea hacia el mismo arco, a quien rema en la misma dirección. Y nadie puede decir que “El Comercio” no es amigo de este régimen. Y nadie puede extrañarse de que un diario conservador apoye, por razones teóricas y prácticas, al gobierno que le da en la yema del gusto y al Presidente de ese gobierno que, además, escribe en sus páginas.
Por lo tanto, casi descartado el gobierno, por más que sus voceros le hayan hecho el favor a “El Comercio” anunciando una investigación a fondo hecha por un “equipo polivalente” (Alva Castro habla así). Y digo favor porque no hay mayor favor que decirle a un diario pro gubernamental que no lo es; y que no lo es al punto de que sus teléfonos podrían estar intervenidos por alguna instancia oficial.
Si descartáramos al gobierno contiguo y amical, ¿podrían ser algunos narcotraficantes afectados por algunas investigaciones? Es posible, pero en ese caso los interceptados tendrían que ser los que llevan a cabo esas pesquisas y no el editor de Política, entregado a menesteres más previsibles y a diálogos con ministros, congresistas y empresarios.
Entonces, ¿podría ser espionaje industrial? Pero resulta que Pedro Beltrán murió hace muchos años y hoy por hoy no hay empresa que le haga sombra al poderoso holding de “El Comercio”. Y, además, ¿qué secretos puede manejar don Juan Paredes, translúcido como una sábana de seda? A no ser que sea espionaje industrial de carambola, o sea para espiar los planes de Graña y Montero o Lan, dos empresas con harta influencia en el decano de la prensa peruana. Pero esto es muy poco probable.
Don Juan Paredes se ha descrito en RPP como “perseguible por mi línea”.
La línea personal de Juan Paredes, como se sabe, es de una delgadez que linda con la invisibilidad. Lo único que queda claro después de masticar la sancochada pechuga de pavo de sus columnas es que el hombre practica la continencia del pensamiento, el fakirismo de la prosa, y una suerte de mesura extrema que llega a confundirse con la abstención permanente. Para decirlo con todas sus letras: uno termina de leer una columna de Juan Paredes sólo enyesado en una clínica. Y su estilo tiene un inmenso parecido al peinado de Bardem en la película del Oscar. De modo que no me imagino quién puede estar detrás de tan chusca “operación encubierta”. A no ser que las conversaciones de don Juan no se parezcan en nada a lo que escribe y sean la mar de sorprendentes. Pero eso tampoco parece verosímil.
En todo caso, espero que las investigaciones sean serias y que sus resultados –sean cuales fueren– se publiquen. Si la interceptación se comprobara espero también que sus responsables terminen en la cárcel. Algo me dice, sin embargo, que dentro de un tiempo saldrá Alva Castro a decir que se ha comprobado el chuponeo pero que éste no ha venido de ninguna esfera oficial. “Deben ser organizaciones criminales ligadas al narcotráfico” –me atrevo a decir que dirá–. Pero no podrá explicar, entonces, por qué los teléfonos de Ramírez o de O’Brien no fueron los infectados.
Como quien dice: “Me interceptan, luego existo”. Y este certificado de sobrevivencia se lo ha dado un extraño chupón. Veamos.
Fue muy rara la presentación del artilugio que fotografió “El Comercio”: demasiado grande para estar en un poste, demasiado obvio para un operativo clandestino y demasiado lejos (cuatro cuadras) para ser ciento por ciento eficaz.
Quien sepa algo de estos menesteres entenderá lo que estoy tratando de decir. Colocar un armatoste como el exhibido en un poste de la Telefónica es como dar un alarido en medio de la misa. Yo recuerdo perfectamente la sutileza miniaturizada con que, en la época de Fujimori, nos chuponeaban las líneas y nos grababan en los famosos cidís que denunció Rossana Cueva en Canal 2.
Más extraño es que “El Comercio” diga que el descubrimiento de tamaño aparato ocurrió “un mes después” del barrido electrónico periódico que la empresa en cuestión manda a hacer en las líneas de su personal. ¿Un mes después y recién lo denuncian? ¿O lo que han querido decir es que se han demorado un mes entre la detección de la interceptación y el descubrimiento de esa antigualla adherida a un vulgar poste? Suena muy raro.
Pero hay otro enigma. En la presentación de la denuncia, “El Comercio” señala lo siguiente: “Si bien se ha podido confirmar la interceptación telefónica, no se ha podido determinar cómo operaba el aparato transmisor-receptor…”
¿Qué cosa? ¿Y si no saben cómo es que funciona, cómo pueden saber cómo intercepta? ¿Y si no saben cómo intercepta, cómo pueden decir que la interceptación telefónica “está confirmada”? O sigue habiendo en esa redacción redactores jalados en el Bausate y Meza, o las cosas no están del todo claras.
Tampoco sabe “El Comercio” si detrás de ese sistema de escucha “había una persona en permanente posición de control de las comunicaciones o si estas eran seguidas a través del hilo telefónico e inclusive grabadas y revisadas periódicamente por todo un equipo de espionaje”. Linda forma de hacer periodismo de investigación: como no sé nada en concreto, puedo imaginar lo que sea. ¿Y la Unidad de Investigación, esa maravilla?
Quizás más curioso sea el hecho de que “El Comercio” no nos haya mostrado hasta ahora la secuencia de fotos que nos hubiese ilustrado, espectacularmente, en relación al desmontaje del interceptor. En efecto, el diario del elusivo señor Paredes apunta en su edición del domingo (página a-10): “Detectada la interceptación, se procedió a descolgar el aparato que se observa en la foto. Se desconoce cuándo fue instalado”.
Dos cosas al respecto. ¿No hubiera sido de lo más periodístico mostrarnos una foto del momento en que los técnicos, subidos en una escalera telescópica, se tropiezan con el grosero artefacto y lo señalan con un dedo o lo exhiben con una sonrisa de satisfacción? ¿Y el tele de 500, es que no se usa? Y en segundo lugar: ¿Cómo es posible que “El Comercio” diga “se desconoce cuándo fue instalado” si, al mismo tiempo, afirma que hace barridos periódicos en su red de comunicación telefónica? ¿No debió decirnos que la tal cosa de plástico negro con facha de celular viejísimo fue instalada después de la última inspección de fecha tal? Porque –repito– es el mismo diario el que subraya que la limpieza de sus teléfonos “constituye una práctica empresarial periódica de prevención”.
Fujimori interceptaba a quienes le hacían daño. La Stasi cableaba a los enemigos de la RDA. El gaucho Cisneros mandó chuponear a Carlos Malpica o a Javier Diez Canseco. Y si Bush quisiera interceptar algún teléfono ese sería el de Michael Moore, no el de Rupert Murdoch.
Es decir, se quiere escuchar lo que dice el adversario –o sea el enemigo todavía tímido–, o lo que planea o conspira el enemigo –o sea el adversario que se juega entero–. Pero nadie intercepta a quien le es afín, a quien patea hacia el mismo arco, a quien rema en la misma dirección. Y nadie puede decir que “El Comercio” no es amigo de este régimen. Y nadie puede extrañarse de que un diario conservador apoye, por razones teóricas y prácticas, al gobierno que le da en la yema del gusto y al Presidente de ese gobierno que, además, escribe en sus páginas.
Por lo tanto, casi descartado el gobierno, por más que sus voceros le hayan hecho el favor a “El Comercio” anunciando una investigación a fondo hecha por un “equipo polivalente” (Alva Castro habla así). Y digo favor porque no hay mayor favor que decirle a un diario pro gubernamental que no lo es; y que no lo es al punto de que sus teléfonos podrían estar intervenidos por alguna instancia oficial.
Si descartáramos al gobierno contiguo y amical, ¿podrían ser algunos narcotraficantes afectados por algunas investigaciones? Es posible, pero en ese caso los interceptados tendrían que ser los que llevan a cabo esas pesquisas y no el editor de Política, entregado a menesteres más previsibles y a diálogos con ministros, congresistas y empresarios.
Entonces, ¿podría ser espionaje industrial? Pero resulta que Pedro Beltrán murió hace muchos años y hoy por hoy no hay empresa que le haga sombra al poderoso holding de “El Comercio”. Y, además, ¿qué secretos puede manejar don Juan Paredes, translúcido como una sábana de seda? A no ser que sea espionaje industrial de carambola, o sea para espiar los planes de Graña y Montero o Lan, dos empresas con harta influencia en el decano de la prensa peruana. Pero esto es muy poco probable.
Don Juan Paredes se ha descrito en RPP como “perseguible por mi línea”.
La línea personal de Juan Paredes, como se sabe, es de una delgadez que linda con la invisibilidad. Lo único que queda claro después de masticar la sancochada pechuga de pavo de sus columnas es que el hombre practica la continencia del pensamiento, el fakirismo de la prosa, y una suerte de mesura extrema que llega a confundirse con la abstención permanente. Para decirlo con todas sus letras: uno termina de leer una columna de Juan Paredes sólo enyesado en una clínica. Y su estilo tiene un inmenso parecido al peinado de Bardem en la película del Oscar. De modo que no me imagino quién puede estar detrás de tan chusca “operación encubierta”. A no ser que las conversaciones de don Juan no se parezcan en nada a lo que escribe y sean la mar de sorprendentes. Pero eso tampoco parece verosímil.
En todo caso, espero que las investigaciones sean serias y que sus resultados –sean cuales fueren– se publiquen. Si la interceptación se comprobara espero también que sus responsables terminen en la cárcel. Algo me dice, sin embargo, que dentro de un tiempo saldrá Alva Castro a decir que se ha comprobado el chuponeo pero que éste no ha venido de ninguna esfera oficial. “Deben ser organizaciones criminales ligadas al narcotráfico” –me atrevo a decir que dirá–. Pero no podrá explicar, entonces, por qué los teléfonos de Ramírez o de O’Brien no fueron los infectados.
lunes, 7 de abril de 2008
La familia Trappe
“La crema y nata de la sociedad”, dicen, “asistió a la boda del año”, confirman. “Para que el público arremolinado escuchara se pusieron parlantes en el atrio principal de la Basílica Catedral”, informaron.
“La novia lucía un vestido de 20,000 dólares modelo strapless, con una cola de tres metros, diseñado por el famoso vestuarista italiano Massimo Gasperon”, precisan.
“El novio lució un traje clásico de Ermenegildo Zegna”, investigaron.
“La tiara de Swarovski que lucía la novia tenía diamantes y brillantes”, se ha dicho rigurosamente.
Donde podría haber discrepancias que sólo el futuro resolverá es en el tema de a qué institución pertenecían los cadetes que, en número de ochenta, formaron uno de los cinco anillos de seguridad: “eran cadetes de la Escuela de Oficiales del Ejército”, dijo “Ojo”; “Perú 21” les atribuye, en cambio, pertenencia a la Policía Nacional del Perú. En lo que ambas crónicas coinciden es en el hecho de que la seguridad privada de la ceremonia estuvo a cargo de “Control Security”, una empresa peruana que sólo contrata a menores de 30 años que sean cinturón negro y hablen un par de idiomas.
Otro aspecto que la historia deberá dilucidar es la nacionalidad de la novia. “Alemana”, dice “La República”; “australiana” dice el resto de la prensa. De lo que todos también están seguros es de que la novia, doña Julia Trappe, preguntada sobre cómo había visto el protocolo político-eclesiástico, señaló con simpática espontaneidad: “Increíble, increíble, increíble”.
Tampoco hay dudas en relación al porqué el tenor Juan Diego Flórez escogió la Misa en Do Mayor de Beethoven para abrir la actuación del Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Lima: porque cantando esa misa él debutó como solista en Ayacucho, en 1993, alentado por el entonces obispo Juan Luis Cipriani, tan recordado en esa época en Huamanga por su tesis “La Coordinadora Nacional de los Derechos Humanos y los valores eternos del Vaticano”.
El diario “La República” añade una pincelada sentimental a la ya histórica jornada: hablando de la congresista Luciana León, famosa por sus ensayos precoces y sus puntos de vista siempre audaces, señala: “Se emocionó hasta resquebrajar su voz cuando comentó la ceremonia”. Su muy recordado padre, don Rómulo León, patriarca a su manera del partido que hoy nos gobierna, estaba a su lado. Si nos atenemos a la crónica del periódico en cuestión, concluiremos que “Pilar Nores fue la mejor vestida”. No esperábamos otra cosa, desde luego.
Es probable que de igual forma hayan opinado “los 162 periodistas internacionales que cubrieron la boda”, según apuntaron algunas crónicas. Y es posible que esa legión de hombres de prensa se haya igualmente admirado por la magnificencia de la Catedral, el dorado del Salón de los Espejos municipal, el peinado de dos mil dólares de la bellísima novia, construido por Enzo Vitale, o el menú de varias decenas de miles de dólares de la llamada “dama del cáterin”, es decir la incomparable Marisa Giulfo: Huevos de codorniz mimosa; Tataki de atún con salsa de vitello tonnato; Caviar de Salmón; Dedales de pepinillo –para citar sólo algunas de las delicias presentadas durante la recepción y fiesta en el Museo de Osma–.
Nadie se pudo explicar, sin embargo, por qué no vino doña Nicoletta Mantovani, viuda, a los 37 años, de Luciano Pavarotti, y nadie era tan viejo, entre los 800 invitados, como para recordar que la última vez que la Catedral de Lima acogió una boda fue el 12 de febrero de 1949, día en que se casaron doña Hilda de Baviera, hija del príncipe Ruperto, y el muy limeño Juan Locke de Loayza. Todos entendieron, sin embargo, que los novios no tuvieran luna de miel. Al final de cuentas, primero están las obligaciones y la agenda extenuante del tenor. Y, por otra parte, no es que ellos desconozcan de modo absoluto las variadas implicancias del matrimonio: convivieron cinco años antes de casarse civilmente el año pasado.
Alemana o australiana, no importa, doña Julia Trappe pareció peruana cuando dijo que le encantaban “el cebiche y el caucau”. O cuando, según algunos indiscretos, maldijo en la lengua de Cervantes al enterarse de que el Cadillac de los años 50 que debía llevarla a la Catedral había sufrido un pasajero desperfecto.
Lo que no parece muy justo es que tantos se hayan ocupado de la noche del sábado y tan pocos hayan escrito sobre la del viernes. En efecto, esa noche de vísperas reales el presidente de la región Callao, don Alex Kouri, mandó decorar la fortaleza del Real Felipe de un modo que sólo un europeo viajado podía entender. Y es que esa fiesta estuvo dirigida, precisamente, a los 200 invitados extranjeros de la señorita Julia. ¿Que quién la organizó? Nada menos que Marisol Crousillat, otra famosa dama de nuestra sociedad. Como dijo el doctor García: “Que todo sea felicidad”.
“La novia lucía un vestido de 20,000 dólares modelo strapless, con una cola de tres metros, diseñado por el famoso vestuarista italiano Massimo Gasperon”, precisan.
“El novio lució un traje clásico de Ermenegildo Zegna”, investigaron.
“La tiara de Swarovski que lucía la novia tenía diamantes y brillantes”, se ha dicho rigurosamente.
Donde podría haber discrepancias que sólo el futuro resolverá es en el tema de a qué institución pertenecían los cadetes que, en número de ochenta, formaron uno de los cinco anillos de seguridad: “eran cadetes de la Escuela de Oficiales del Ejército”, dijo “Ojo”; “Perú 21” les atribuye, en cambio, pertenencia a la Policía Nacional del Perú. En lo que ambas crónicas coinciden es en el hecho de que la seguridad privada de la ceremonia estuvo a cargo de “Control Security”, una empresa peruana que sólo contrata a menores de 30 años que sean cinturón negro y hablen un par de idiomas.
Otro aspecto que la historia deberá dilucidar es la nacionalidad de la novia. “Alemana”, dice “La República”; “australiana” dice el resto de la prensa. De lo que todos también están seguros es de que la novia, doña Julia Trappe, preguntada sobre cómo había visto el protocolo político-eclesiástico, señaló con simpática espontaneidad: “Increíble, increíble, increíble”.
Tampoco hay dudas en relación al porqué el tenor Juan Diego Flórez escogió la Misa en Do Mayor de Beethoven para abrir la actuación del Coro Nacional y la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Lima: porque cantando esa misa él debutó como solista en Ayacucho, en 1993, alentado por el entonces obispo Juan Luis Cipriani, tan recordado en esa época en Huamanga por su tesis “La Coordinadora Nacional de los Derechos Humanos y los valores eternos del Vaticano”.
El diario “La República” añade una pincelada sentimental a la ya histórica jornada: hablando de la congresista Luciana León, famosa por sus ensayos precoces y sus puntos de vista siempre audaces, señala: “Se emocionó hasta resquebrajar su voz cuando comentó la ceremonia”. Su muy recordado padre, don Rómulo León, patriarca a su manera del partido que hoy nos gobierna, estaba a su lado. Si nos atenemos a la crónica del periódico en cuestión, concluiremos que “Pilar Nores fue la mejor vestida”. No esperábamos otra cosa, desde luego.
Es probable que de igual forma hayan opinado “los 162 periodistas internacionales que cubrieron la boda”, según apuntaron algunas crónicas. Y es posible que esa legión de hombres de prensa se haya igualmente admirado por la magnificencia de la Catedral, el dorado del Salón de los Espejos municipal, el peinado de dos mil dólares de la bellísima novia, construido por Enzo Vitale, o el menú de varias decenas de miles de dólares de la llamada “dama del cáterin”, es decir la incomparable Marisa Giulfo: Huevos de codorniz mimosa; Tataki de atún con salsa de vitello tonnato; Caviar de Salmón; Dedales de pepinillo –para citar sólo algunas de las delicias presentadas durante la recepción y fiesta en el Museo de Osma–.
Nadie se pudo explicar, sin embargo, por qué no vino doña Nicoletta Mantovani, viuda, a los 37 años, de Luciano Pavarotti, y nadie era tan viejo, entre los 800 invitados, como para recordar que la última vez que la Catedral de Lima acogió una boda fue el 12 de febrero de 1949, día en que se casaron doña Hilda de Baviera, hija del príncipe Ruperto, y el muy limeño Juan Locke de Loayza. Todos entendieron, sin embargo, que los novios no tuvieran luna de miel. Al final de cuentas, primero están las obligaciones y la agenda extenuante del tenor. Y, por otra parte, no es que ellos desconozcan de modo absoluto las variadas implicancias del matrimonio: convivieron cinco años antes de casarse civilmente el año pasado.
Alemana o australiana, no importa, doña Julia Trappe pareció peruana cuando dijo que le encantaban “el cebiche y el caucau”. O cuando, según algunos indiscretos, maldijo en la lengua de Cervantes al enterarse de que el Cadillac de los años 50 que debía llevarla a la Catedral había sufrido un pasajero desperfecto.
Lo que no parece muy justo es que tantos se hayan ocupado de la noche del sábado y tan pocos hayan escrito sobre la del viernes. En efecto, esa noche de vísperas reales el presidente de la región Callao, don Alex Kouri, mandó decorar la fortaleza del Real Felipe de un modo que sólo un europeo viajado podía entender. Y es que esa fiesta estuvo dirigida, precisamente, a los 200 invitados extranjeros de la señorita Julia. ¿Que quién la organizó? Nada menos que Marisol Crousillat, otra famosa dama de nuestra sociedad. Como dijo el doctor García: “Que todo sea felicidad”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

