jueves, 15 de enero de 2009

Criminales de guerra

El fascismo israelí está batiendo todas las marcas. El criminal de guerra Ehud Olmert ya podría compararse con cualquier gentuza nazi aterrorizando a judíos en algún gueto del 43, matando judíos indefensos en cualquier paisaje de esa Europa tiznada por la pezuña hitleriana.
Veamos cifras. Hasta ayer, a dieciocho días de comenzada la agresión en contra de la población civil de Gaza, iban 1,017 muertos palestinos.
Eso hace un promedio de 56,5 cadáveres por día.
A un ritmo de 56,5 cadáveres por día, al fascismo israelí todavía le faltarían 73 años de ocupación y asesinatos en Gaza para aniquilar a la población palestina (estimada en un millón y medio de desposeídos de todos los derechos). Y esto, además, exigiría que las mujeres palestinas dejaran de parir a partir de mañana.
Como una ocupación homicida de estas características es, aun para los estándares de Israel, algo tan inaceptable como inverosímil hay quienes proponen “soluciones finales” salidas de la imaginación de la Bayer Corporation en sus tiempos de esvástica y choque de talones.
El sionista nazi Avigdor Lieberman, ex viceprimer ministro, ha sugerido en estos días, sin medias tintas, que Israel haga uso de su arsenal atómico en contra de la Franja de Gaza.
Ahora se entenderá por qué los nazis se apuraron tanto en el proyecto de domar el uranio y fabricar el plutonio suficiente como para construir artilugios que abreviaran las guerras exterminando a una de las partes. ¡Pensaban como Lieberman!
Y ahora se entenderá por qué resultó decisivo que el llamado Proyecto Manhattan se llevara a cabo en Nuevo México y no en alguna instalación cercana a la selva negra de Stuttgart.
Algo de eso quizá haya recordado Condoleeza Rice cuando ordenó, la semana pasada, que Estados Unidos no votara en contra, como siempre lo ha hecho, respecto de una resolución de la ONU que exige el cese del fuego y que Israel y Hamas se niegan a acatar.
Ahora se sabe que la señorita Rice tuvo una discusión telefónica con la ministra de asuntos exteriores de Israel, Tzipi Livni. Cuando Livni no pudo convencer a Rice, el notorio asesino en serie Ehud Olmert entró en juego –según relato que hacía ayer el diario madrileño “El País”- y obtuvo una conversación personal con George Bush, el capo lelo de las guerras detonadas y autorizadas en Washington.
La señorita Rice quería votar con los otros miembros del Consejo de Seguridad. Olmert le habría arrancado a Bush la menos urticante figura de la abstención.
Mientras tanto, en la llamada “única democracia del Medio Oriente” seguían en la cárcel más de 700 manifestantes que expresaron su rechazo a la matanza en Gaza. Y en esa “única democracia del Medio Oriente”, el tribunal electoral rechazó la participación en las inminentes elecciones del 10 de febrero de dos partidos árabes que se niegan a reconocer el carácter confesionalmente judío del Estado israelí.
Conviene hacer algunas precisiones cadavéricas. De los 1,017 muertos palestinos contados hasta ayer, la mitad son civiles desarmados y de ellos hay unos 300 niños.
Y de los 5,000 heridos, hay 500 en condiciones tan graves, en medio de la desatención causada por el bombardeo de hospitales y la falta de insumos médicos, que todo indica que la cifra de bajas aumentará considerablemente en las próximas horas.
El corresponsal del diario “El País” en Jerusalén –que en nada se parece al pasmado “corresponsal” de “El Comercio” en Tel Aviv- escribía ayer lo siguiente:
“Israel ha empleado bombas prohibidas de fósforo blanco; provocado la expulsión de sus hogares de más de 90,000 palestinos; abatido a mujeres cuando abandonaban casas portando bandera blanca; médicos y enfermeros fueron baleados cuando trataban heridos; han impedido que ambulancias atendieran a niños hambrientos que esperaban auxilio sobre los cadáveres de sus madres; han bombardeado escuelas...”
Hitler no lo hubiera hecho mejor. Esta larga, interminable noche de los cristales rotos y los niños acribillados y los “corajudos” asaltantes que llegan del cielo a destripar civiles, supera las expectativas de un Sanjurjo, de un Pinochet, de un Idi Amín Dadá. La perversidad del fascismo israelí parece ecuménica y nutrida de todos los climas.
Al momento de escribir estas líneas, el gobierno de Ehud Olmert se negaba a aceptar que una embarcación humanitaria pudiera llegar a las aguas de Gaza con cinco toneladas de medicamentos y material sanitario de urgencia.
La frágil embarcación se llama “Espíritu de la humanidad” y es el segundo intento de la ONG “Gaza Libre” de desembarcar material quirúrgico y asistencial. La primera de sus naves, la “Dignity”, fue embestida e inutilizada por una artillada barcaza de desembarco israelí.
Ahora el nazisionismo ha llamado al embajador griego en Tel Aviv y le ha advertido que “Israel está dispuesto a tomar todas las medidas necesarias” con tal de impedir que el frágil ferry, improvisado como ambulancia marítima, llegue al puerto de Gaza.
¿De qué tiene que estar hecha el alma de un gobierno para impedir que a los niños heridos les lleguen antibióticos, sueros, bisturíes, hilos quirúrgicos, bajalenguas? ¿De qué fracaso de Dios puede proceder esta ignominia?
Benita Ferrero-Waldner, comisaria de asuntos foráneos de la Unión Europea, le ha dicho al políticamente acabado Simon Peres:

“Yo le digo, señor presidente de Israel, que la imagen de Israel ante el mundo está destrozada”.
La cita no es de una publicación próxima a Hamas. Proviene del diario israelí “Haaretz”.

miércoles, 14 de enero de 2009

Genaro y sus imitadores

Todos hablan ahora de lo que sufren los reporteros de Canal 5 pero nadie dice nada de los reporteros que, en otras empresas periodísticas y televisivas, sufren el escarnio de los salarios de hambre, la burla de los pagos diferidos y el abuso de las represalias si se quejan.
Hay mucho de cinismo en esto de señalar como sede de todos los desmanes empresariales tan sólo al antro de Panamericana TV, esa pampa bonita donde Genaro ha hecho, con la complicidad de Alejandro Toledo y la banda del Choclito y la ayudita judicial (hoy en retirada) del doctor García y sus vegasvegas, lo que le ha dado la gana y lo que sus mezquinos intereses le han sugerido hacer.
Sé muy bien quién es Genaro porque lo vi y oí vendiendo mi cabeza en la madriguera de Montesinos (video dixit) y porque sé de lo que es capaz.
Fue capaz, por ejemplo, de cortarme la luz para que el programa que ya había prometido eliminar en el SIN no saliera al aire una noche. Fue capaz de interrumpir la electricidad en el transmisor del morro y luego salir a decir que averías imprevistas eran cosa corriente en la televisión. Fue capaz de hacerme la vida imposible para que me fuera de su Canal, cosa que hice aquella noche en que me peleé con él por teléfono mientras su hijo Gustavo, que no sabía nada de los arreglos de su apá, me llamaba en vivo y en directo a una conciliación y quedaba, penosamente, desairado.
A mí no me van a contar, entonces, quién es Genaro.
Pero que sólo se hable de Genaro en un ambiente donde los periodistas están indefensos ante las arbitrariedades y donde hay colegas que reciben sus magros sueldos por goteo gracias a la irresponsabilidad de gente turbia que finge indignarse por lo que sucede en Canal 5, eso es algo que debe de terminar.
¿Cuántos casos como el del respetable pero tantos años callado señor Mariño hay en la prensa de este país?
¿Cuántas razones sociales sucesivas usan algunos para evadir responsabilidades, impuestos y deudas?
¿Cuántos practican aquello de que las deudas viejas no se pagan y las nuevas algún día envejecerán si siguen no pagándose?
Dicho de una vez por todas: ¿Cuánto cinismo hay en esto de acusar a Delgado Parker mientras, por lo bajo, se le emplea casi de ejemplo y se le imita?
Hay radioemisoras que transmiten con un ejército de practicantes sin paga. Hay periódicos que consideran una gracia cancelarle a sus periodistas y administrativos la quincena antepasada. Hay proyectos que se desmontan de la noche a la mañana, clandestinamente, dejando en la calle a quienes se había convocado con la ilusión de nuevos horizontes y mejores sueldos. Hay matutinos serios repletos de “meritorios” que tienen la ventaja de cobrar nada, protestar nada y callarse todo. Hay jefes administrativos que no cobran hace tres meses y que no dicen nada para no terminar de perder el dinero que se les adeuda.
¿Hubiera podido Genaro Delgado Parker hacer lo que ha hecho sin la impunidad que impera en el Perú para los violadores de las leyes laborales?
¿Y los cojones de los periodistas?
¿En qué guerra imaginaria se perdieron?
¿Qué miedo los emasculó?
¿En qué Gaza virtual se asustaron para siempre?
¿Y la Federación? ¿Y el Colegio de Periodistas? ¡Basura!
¿Y la CGTP? ¡Se cuida! ¡No vaya a ser que los periódicos recuerden lo del tiro en la noche!
Genaro es un canalla crepuscular, sí, por supuesto. ¿Pero y los chistosos que son sus imitadores?
¿Y no será mucho más sano que el Canal 5 sea licitado en juego libre y limpio en vez de regresado a las manos de quienes fueron socios o secuaces del viejo ese angurriento –sí, me refiero al Schultz Landázuri ése- que se vendía en maletines y cuya alma cabía en un monedero?
¿Y el mafioso mexicano que detenta, personalmente, las acciones mayoritarias de Canal 9 (donde trabaja su cajera automática, alias “gallina de los huevos de oro”) y, a través de testaferros, el paquete mayor de Canal 13 y el treinta por ciento de Uranio 15?
¿O es que hay una ley para mafiosos foráneos que ponen a Lúcar a distraer a la cazuela y otra ley para los peruanos tontos que la cumplen?
Y los comentaristas escritos de la TV, ¿por qué se callan tan vigorosamente?
Y los peruanos, en general, ¿por qué se equivocan de hache y tienen más horchata que hematíes?
¿Y no es que los periodistas tienen como primer deber el de no mentir? Y cuando son maltratados hasta la náusea, ¿no deberían contárselo a sus lectores?
En el Perú hay, desde 1532, una huelga general de testosterona.

martes, 13 de enero de 2009

Obama y los tiempos oscuros

Barack Obama ha nombrado a Rahm Israel Emmanuel como jefe de gabinete de la Casa Blanca.
Emmanuel es uno de los líderes más prominentes del lobby israelí en los Estados Unidos. Su padre perteneció a la organización terrorista judía Irgun, autora de varios asesinatos masivos en contra de británicos y palestinos antes de la creación del estado de Israel.
Cuando estalló la llamada Guerra del Golfo, en 1991, Emmanuel se alistó en las fuerzas de Defensa del ejército israelí.
El proceso de conversión de Barack Obama en un sionista adoptivo comenzó, según el periodista norteamericano James Petras, en la Escuela de Derecho de Harvard. Allí fue captado por Martha Minow, catedrática y “cazatalentos” del lobby israelí en los Estados Unidos.
Durante un tiempo, sin embargo, Obama se resistió a esa influencia y acudió a las prédicas del pastor negro, cristiano e inconformista Jeremiah Wright, calumniado por las organizaciones del sionismo internacional como fomentador del terrorismo.
Wright, en realidad, propone la creación de un Estado palestino y defiende los derechos humanos de ese pueblo martirizado.
Hoy Obama se ha visto en la necesidad de renegar de Wright y de sumarse a las difamaciones en contra de quien fuera alguna vez, aunque episódicamente, uno de sus mentores.
Dos figuras claves para la campaña presidencial de Obama fueron David Axelrod, destacadísimo propagandista de la causa “Israel antes que nada”, y Bettilu Salzman, hija de Phillip Klutznick, multimillonario militante de la causa sionista.
Bettilu Salzman ha dicho ante un reportero del “Chicago Jewish News” (el artículo se titula “Obama y los judíos” y fue publicado el 24 de octubre del 2008) que Barack Obama no fue apoyado por el lobby israelí por su brillantez o por el futuro de predestinado que podía advertírsele.
“Obama acierta en todas las cuestiones relacionadas con Israel. Es, en ese sentido, todavía más firme que Clinton y tiene ideas más claras sobre lo que debe de ser una política hacia el Medio Oriente”, dice la señorita Bettilu.
Cuando Obama fue a Israel en el 2006, invitado por las principales organizaciones judías de los Estados Unidos, terminó de conectarse con las más altas esferas de Israel. Según palabras de Petras, “Obama regresó comprometido y convertido a fondo en un político afro-americano sionista”.
Por ejemplo, el financiamiento de la campaña del presidente electo en Illinois fue supervisada por Lester Crown, un sionista de suma importancia en el Medio Oeste. “Siempre Obama ha sido un ardiente patrocinador de la posición de Israel en relación a su seguridad”, le ha dicho Crown al “Chicago Jewish News”.
Siempre según el habitualmente bien informado Petras, el lobby israelí obligó a Obama a desechar el nombre de Zbigniew Brzezinski, asesor de Jimmy Carter, como uno de los posibles consultores en materia de política internacional. El pecado imperdonable de Brzezinski fue hablar de “una política imparcial hacia el Oriente Medio”.
Por parecidas razones fueron expulsados del entorno académico de Obama la catedrática de Harvard Samantha Power y Robert Malley, un crítico esporádico de los excesos del Estado israelí.
Malley, dice Petras, había cometido el “descalificador error” de elogiar un libro que sabe a veneno entre los halcones proisraelíes y que dibuja los alcances ya escalofriantes del lobby israelí en los Estados Unidos, un libro escrito por los profesores Walt y Mearsheimer.
Demostrando estar secuestrado firmemente por los intereses israelíes, Obama encargó el diseño de una política meso-oriental a Dennis Ross, un miembro de la comunidad israelí en Washington y un defensor público de la guerra de destrucción que Israel dirigió en contra del sur libanés en el año 2006.
Y de inmediato añadió a su lista de consejeros privilegiados a Lawrence Summers, asociado en varias oportunidades al abiertamente fascista Alan Dershowitz, defensor de la tortura y de todos los desmanes imaginables ocurridos en los territorios ocupados.
James Petras llega a decir: “Si en el pasado hemos sufrido que la matonería sionista ataque nuestra libertad de expresión en la sociedad civil, piensen en lo que nos espera cuando esos matones hayan completado el control de la Casa Blanca. Podríamos estar hablando del primer presidente judío de los Estados Unidos”.
Todo esto fortalece la teoría de que el ataque genocida sobre Gaza fue consultado por el gobierno de Israel al presidente electo de los Estados Unidos. Obama habría aconsejado al gobierno de Israel en el mismo sentido de las infames palabras que Henry Kissinger le dirigió a Pinochet pocos días después del golpe de 1973: “Si tienen que hacerlo, háganlo lo más rápidamente posible”.

Trámites inútiles. Trámites horribles

Por Guillermo Giacosa

En este mundo no solo se asesina, se agrede irracionalmente al planeta, se permite que la gente muera de enfermedades que son fácilmente curables o de hambre –que también, con un mínimo sentido de la justicia, no tendría por qué existir–, se descuida a la infancia, se especula, en suma, con el único don irreemplazable que es la vida. Más que eso, ya de por sí una invitación a detener el “creced y multiplicaos” bíblico, sino que también se practica la estupidez con una consecuencia que solo los seres humanos parecen tener la voluntad de sostener. Lea y paladee, esta información que he tomado de Página 12 de Buenos Aires:
“El Gobierno Mexicano organizó un concurso de trámites inútiles con un premio de 22 mil dólares. Este año lo ganó una mujer que cada quince días tiene que reunir siete firmas para que el seguro social le facilite el medicamento que necesita su hijo. “El trámite me lleva mínimo cuatro días desde que me entregan la receta hasta que el medicamento es suministrado. Y pasa por ocho manos entre sellos y firmas de autorización”, contó Cecilia Velázquez, la ganadora. Según los medios, tras la premiación se advirtió que para poder entrevistar a la señora Velázquez era necesario hacer un trámite”.
Esta noticia debería servirnos de inspiración para organizar en el Perú un concurso semejante. No sé si superaremos la aptitud para la creatividad burocrática de los mexicanos, pero estoy seguro de que vamos a hacer un buen papel. Yo mismo podría contar alucinantes historias de las complicadas peripecias burocráticas que son necesarias para residir legalmente en esta tierra del sol y del buen comer.
La invitación ya está formulada y si el gobierno no se anima a convocar un concurso de esta naturaleza, tengo la absoluta certeza de que habrá más de una ONG capaz de hacerlo.
Podría llamarse “Trámites horribles” o “Un mal día en la vida de un buen ciudadano” o “Mil trámites” para así aprovechar frases que tienen historia en los medios de comunicación. ¿Suena bien, verdad? Se podría hasta lanzar programas televisivos o radiales bajo el formato de miniseries donde se dramatizaría las historias de los participantes (que seguramente deben ser imperdibles y con todos los ingredientes capaces de convocar el ráting) y luego hacer paneles donde intervengan los protagonistas reales y especialistas en temas sociales. Estaríamos matando así dos pájaros de un tiro. Por un lado crearíamos conciencia sobre el espantoso fardo que significa para el Estado y para la población la presencia de una burocracia anacrónica e irracional y, por el otro, le estaríamos ofreciendo a la televisión la posibilidad de hacer algo que, conmoviendo, educando y abriendo los ojos, les dé una audiencia que les permita obtener a su vez los réditos económicos que procuran.
Podríamos adelantarnos publicando una vez a la semana historias de trámites que cada uno podrá enviarnos por e-mail o por carta a Perú.21 autorizándonos a publicarla con nombres y apellidos en esta columna.

lunes, 12 de enero de 2009

La más violenta estación del vía crucis palestino

Por Manuel Rodríguez Cuadros

Richard Falk, judío y estadounidense, relator especial de la ONU, lo ha dicho con enorme fuerza moral y dignidad intelectual: los ataques masivos, aéreos y terrestres, de Israel sobre la Franja de Gaza constituyen graves y masivas violaciones a las reglas de la guerra, la Carta de las Naciones Unidas y las leyes internacionales humanitarias de las Convenciones de Ginebra. También de las normas específicas que prohíben el castigo colectivo contra el millón y medio de palestinos que viven en Gaza, que no militan en Hamas ni tienen cómo defenderse. Y han producido, sostiene Falk, crímenes contra la humanidad. Ha pedido un Tribunal Internacional que juzgue a los responsables, similar al de Rwanda.
No existe justificación alguna para la guerra unilateral e ilegal que ha desatado Israel. Hamas es un movimiento extremista. Como lo es también el extremismo de derecha israelí que ha decidido esta guerra despiadada. Ambos fueron elegidos democráticamente por sus pueblos. Ninguno tiene legitimidad para exterminar al otro. No lo justifican tampoco los ilícitos disparos de cohetes artesanales por parte de Hamas a territorio israelí.
La reacción internacional ha rayado casi con la complicidad. La Resolución 1080 aprobada finalmente por el Consejo de Seguridad, con la abstención de Estados Unidos, es positiva, pero tardía y sólo se limita a “llamar” al cese del fuego, no lo exige ni lo determina, pudiendo haberlo hecho conforme a sus facultades. Israel ha desairado al Consejo y actúa en rebeldía.
Como ha señalado Mario Vargas Llosa en ‘El País’, “los cadáveres y ríos de sangre de estos días sólo servirán para sembrar más resentimiento”. Esta frase barrunta la insensatez extrema del ataque: lo más probable es que Hamas se fortalezca y la Autoridad Nacional Palestina se debilite aún más; Hamas no desaparecerá ni su capacidad de fabricar y lanzar cohetes artesanales se detendrá; se ha roto el rompecabezas del precario equilibrio en la zona y se fortalecerán los sectores más radicales; se han dinamitado los esfuerzos turcos para acercar a Israel y Siria, que eran promisorios. El jefe del gobierno turco, lacónicamente lo ha sentenciado: “Olmert me ha traicionado y ha dañado el honor de Turquía”. Las consecuencias en el Líbano ya se sienten y los gobiernos árabes más moderados, abiertos a Israel, se ven cada día más enfrentados a sus pueblos que abrazan compungidos e impotentes la causa de Palestina.
El poeta israelí Jonathan Geffen ha publicado en la prensa conservadora de Tel Aviv un artículo en el que expresa el sentimiento israelí contrario a la acción del gobierno de Olmert: “Una vez más, nosotros hacemos la única cosa que parece sabemos hacer: una masacre en masa que termina siempre percibida como una suerte de genocidio (perdónenme la expresión)…”.